Opinión Nacional

Referéndum: el ocaso de la oposición

A poco más de seis meses del zarpazo del Golpe de Estado, el
sistema político venezolano parece amenazado por la conducta irracional de
una minoría, que escudándose en el discurso de la crisis de gobernabilidad,
pretende arrastrar las instituciones en un juego peligroso que más temprano
que tarde podría traer graves consecuencias para el futuro de la
democracia. No obstante, ante el cambio de algunas posturas, el peligro
manifiesto se diluye en el discurso utópico de los rebaños opositores,
quienes se han inventado una senda para fluctuar entre el pasado y el
futuro, dejando de lado el tiempo presente. Para ellos ese trazado
resulta borroso y les confunde el camino de regreso a las llanuras áridas
del «puntofijismo».

Con el tormento clavado en la espina dorsal del cuerpo inerme,
los clanes de la Coordinadora Democrática evocan el pasado para aliviar su
desesperanza. El presente les golpe duro y como su cuerpo y su espíritu son
débiles, entonces buscan desesperadamente guarecerse en el manto del
referéndum. Ante el intento fallido de poder cambiar ese contexto los
opositores apelan al juego etéreo y apuestan a un milagro que les permita
prolongar su precariedad.

Aunque el referéndum es una figura de carácter electoral y de
naturaleza política y jurídica, los moribundos lo quieren tomar como un
elixir mágico que les devolverá la vitalidad y con ello la vida.

Sin embargo, también les podría significar la muerte
definitiva. Esa es una posibilidad que esta allí pero que es desestimada. A
pesar que los síntomas de mejoría no afloran por ningún lado sueñan con
tomar el poder, pero las posibilidades lucen cuesta arriba, pues la
estructura opositora está contaminada y sus componentes todavía son
portadores del virus de la corrupción, que carcome la base estructural de
las instituciones democráticas. Así encontramos a los viejos partidos
políticos, que disfrazan el discurso y el rostro de sus cuadros dirigentes.

Es decir, las añejas organizaciones partidistas ocultan y niegan la
posibilidad de rescatar su herencia ideológica. Detrás del llamado
¡Elecciones ya! está oculta la trampa. Todo es una farsa. El bloque opositor
utiliza este recurso para justificar sus acciones futuras. Violencia es la
consigna oculta. En voz baja se preparan para el zarpazo final.

Precisamente, ese empeño de querer lograr el poder a como dé
lugar los hunde cada vez más. De allí que no sería nada extraño que estos
grupos violentos, disfrazados de demócratas reculen al momento de sentarse
en las Mesas de Diálogo; inclusive, se nieguen a participar en el
referéndum, tal como parece ser.

De todas maneras, sea como sea, la oposición tendrá que
someterse a las reglas del juego democrático. Ya nadie soporta las
«verraqueras» de Carlos ortega, ni los gestos confundidos de Napoleón.

Aquí hay una democracia que tiene sus reglas, por lo tanto los
actores políticos, económicos, sociales y religiosos están obligados a
cumplirlas. No respetarlas es anarquía, y eso precisamente debe ser sometida
por el poder legítimo del Estado.

(*): Politólogo. Magíster en Ciencia Política

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