Opinión Nacional

Reflexiones entorno al ALBA-TCP

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Coincidiendo con la Conmemoración del Bicentenario del inicio de las luchas por la Independencia, Caracas también se constituyó en la sede de la IX Cumbre Presidencial de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA – TCP), la cual se desarrolló en un ambiente inédito para este tipo de certámenes, al permitirse la presencia de representantes de diversos movimientos sociales venezolanos.

Ello le concedió a la reunión un carácter democrático-participativo que según se desprende de la Declaración suscrita por los Jefes de Estado, deberá ser el punto de partida para concederle a esos movimientos de todos los países miembros, un protagonismo mayor en los procesos de diseño y ejecución de los proyectos acordados por las instancias políticas de este sistema de integración, contrario a lo que sucede en otros, en los cuales la participación social se limita a los sectores empresarial y laboral a través de instancias asesoras especializadas, sin que influyan en forma significativa sobre la evolución de los mismos.

Esa movilización social combinada con la voluntad política de los gobiernos será determinante para otorgar continuidad al esquema integracionista, sobre todo en momentos en que el Consejo Económico es instruido a iniciar las tareas encaminadas a la creación de un “Espacio de Interdependencia, Soberanía y Solidaridad Económica” con miras a la conformación de una “Zona Económica Común”.

Nunca podría ser más oportuna esa decisión presidencial para salir al encuentro de un equilibrio entre los programas sociales puestos en marcha en el sistema y los de índole económica que tiendan a fortalecer la red de interdependencia que progresivamente se ha venido estableciendo entre los países miembros, en especial, cuando comienza a aflorar un esquema que de consolidarse, podría resultar contraproducente para la evolución futura del sistema de integración.

Tal y como lo comentáramos en anteriores oportunidades, en el marco del ALBA-TCP se comenzaba a observar el surgimiento de una incipiente e indeseable relación centro-periferia estructurada con base en dos países que sin proponérselo, han asumido el rol de núcleos en torno a los cuales rotan la mayoría -por no decir todos- los proyectos que involucran a la totalidad de los miembros, lo cual se generó como consecuencia del débil relacionamiento existente entre los otros seis países no fundadores del sistema de integración.

Sin embargo, corregir esa distorsión no podrá depender exclusivamente de la maduración de proyectos productivos, nacionales o binacionales, sino que deberá ser combatida simultáneamente en varios frentes, en particular, teniendo en cuenta que la brecha generada por las asimetrías de desarrollo entre los miembros, tiende a profundizarse de manera gradual y permanente, entre los cuales podría desempeñar un rol importante la puesta en marcha de una agresiva política de negociaciones internacionales, comenzando por las de carácter regional.

Cuatro de los países del ALBA-TCP son miembros plenos de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y uno de ellos, Nicaragua, se encuentra negociando su adhesión a ese foro, cuyo instrumento jurídico rector, el Tratado de Montevideo 1980, los habilita a negociar entre ellos, con otros países latinoamericanos y caribeños, así como con el resto de países en desarrollo, acuerdos de diversa naturaleza que les podría permitir ampliar su gama de interrelaciones en beneficio de todos los miembros.

Por supuesto que alcanzar esos resultados dependerá, fundamentalmente, de las modalidades de negociación que sean puestas en práctica en procura de esos acuerdos que al contrario de lo sucedido en el pasado, no podrían limitarse a la liberación del intercambio de excedentes y faltantes comerciales, sino que deberían contemplar la incorporación de la transferencia de tecnologías y la ejecución de proyectos productivos que involucren inversiones conjuntas, materia sobre la cual ha venido acumulando experiencia Venezuela, la cual no limita sus negociaciones internacionales a la obtención de condiciones preferenciales de acceso a los mercados.

La sola adopción de esta decisión en el plano económico justificó, y con creces, la realización de la Cumbre el pasado 19 de abril, por cuanto la misma complementa el cuadro de acciones del esquema de integración que ahora se verá reforzado con la decisión de articular los movimientos sociales de los países, lo cual redundará tanto en la sostenibilidad del proceso emprendido como en la revaloración de la entidad política que ya ha exhibido el ALBA-TCP en diversos foros multilaterales y que, con seguridad, volverá a poner de manifiesto en ocasión de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en julio del próximo año.

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