Opinión Nacional

República de Quinta

1. Árbol que nace torcido . . .

La fecha del 28 de mayo para realizar las megaelecciones fue impuesta por Hugo Chávez, violando el artículo 298 de la Constitución Bolivariana y contraviniendo las recomendaciones expresas de los técnicos del Consejo Nacional Electoral, que sostenían que los lapsos fijados en el Estatuto Electoral que regiría esos comicios eran demasiado breves. ¿Por qué el comandante le ordenó al Congresillo fijar el 28 de mayo como día para realizar las elecciones más complejas en la historia del país? Eso nunca se sabrá. Probablemente ésa sea una fecha cabalística: el nacimiento de Maisanta, la recomendación de algún astrólogo debido a la alineación de los astros a favor del actual presidente; en fin, podría buscarse cualquier razón esotérica o de otro orden paranormal para explicar los motivos de una decisión tan caprichosa. Lo importante es que aquí reside una de las razones de la frustrada convocatoria que le está costando a la nación miles de millones de bolívares y de dólares. El calendario resultó demasiado ajustado. El tiempo fue un tirano para un Consejo que estaba recibiendo órdenes continuas y contradictorias del Movimiento Quinta República.

Las otras causas del fracaso hay que buscarlas en el tipo de junta directiva que se nombró para el CNE y en el desmantelamiento de la plantilla técnica de ese organismo. La directiva del CNE está integrada por militantes y simpatizantes del MVR, sin ningún tipo de experiencia en la organización de procesos electorales y sin autonomía frente al Presidente de la República, ni ante la dirección del partido de gobierno. Esto es lo que explica que hasta apenas unas horas antes del cierre de la campaña, el CNE haya estado modificando la base de datos sobre la que la empresa ES&S tenía que elaborar las flash cards. Como la directiva del organismo estaba obligada a cumplir con los designios de la cúpula del partido político que la colocó allí; como no podía atentar contra los acuerdos burocráticos de última hora del MVR y sus aliados, se alteraba la base de datos, no importaba que de esta manera se atentara contra la labor de la empresa norteamericana. Si la junta directiva del CNE hubiese estado integrada también por representantes de grupos distintos al partido del Primer Mandatario, estas intromisiones se habrían evitado o reducido significativamente.

La desarticulación de la estructura técnica del CNE también conspiró contra la marcha del proceso electoral. Los cuadros gerenciales del organismo fueron removidos para colocar a militantes o simpatizantes del MVR. La profesionalización, principio básico que tendría que regir en ese cuerpo, fue desplazado por la partidización. Como nunca antes, los cargos importantes fueron ocupados por personas provenientes de las filas del partido de gobierno. El MVR no sólo tomó por asalto a la directiva del CNE. También lo hizo con su estructura técnica de apoyo.

En medio de este panorama,¿cómo podían ser exitosas las megaelecciones?

2. El instinto de conservación

La gestión de Liliana Ortega y Elías Santana ante el Tribunal Supremo de Justicia es digna de reconocimiento. Ambos libraron una lucha épica contra el autoritarismo que se entronizó en el país desde diciembre del año pasado. Ellos representan el triunfo de David contra Goliat. Sin embargo, lo que no se puede aceptar tan fácilmente es la tesis de los chavistas: que en este episodio funcionaron las instituciones democráticas, y que toda las denuncias contra el autocratismo de Chávez no pasan de ser diatribas de una oposición que vive viendo el fantasma totalitario por todos lados.

Como ya lo han advertido, entre otros, Carlos Blanco, Teodoro Petkoff y Jorge Olavarría, el TSJ se rinde ante las evidencias presentadas por Ortega y Santana, refrendadas por el consultor jurídico del CNE, una vez que Hugo Chávez se convence de la imposibilidad de realizar la consulta electoral el domingo 28 de mayo. A esta dolorosa conclusión llega el Jefe del Estado entre la noche del miércoles 24 de mayo y la madrugada del jueves 25, cuando constata, por los informes elaborados por el CNE, que los comicios era imposible celebrarlos. Por ese motivo es que en el programa con Carlos Croes a las 7 a.m. del 25 de mayo, Chávez admite la posibilidad de que las elecciones sean diferidas o separadas. La tesis del comandante y de Luis Miquilena, sugerida por aquél tímidamente ante la prensa internacional, y sostenida abiertamente por este último en varias declaraciones públicas, era realizar las elecciones presidenciales el 28, y dejar las demás para después. Sin embargo, la letra del Estatuto Electoral aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente no dejó margen para la interpretación del TSJ: las elecciones tenían que realizarse en conjunto.

El TSJ, al posponer los comicios integralmente, lo que hace es dejarse guiar por el instinto de conservación. Todos los indicios apuntaban hacia una confrontación fratricida de dimensiones colosales, en el caso de que la consulta se efectuara el domingo 28. La improvisación y la incuria harían que el país ardiera por los cuatro costados. Lo que funciona el jueves 25 de mayo cuando el TSJ toma su sabia decisión no es el principio de la independencia de poderes, sino el instinto de supervivencia. Hugo Chávez necesitaba una excusa razonable para aplazar los comicios, y la valiente iniciativa de Liliana Ortega y Elías Santana se la proporcionaron. Si en verdad el TSJ nombrado por Chávez y Miquilena fuera tan autónomo como ahora aparece, se habría pronunciado en su oportunidad contra la realización de las elecciones para la fecha que Chávez caprichosamente había fijado. Ésa fue una brillante oportunidad de ahorrarle al país el desaguisado. En aquella ocasión se introdujeron cinco recursos de amparo para impedir que la Constitución se violara, y que la improvisación desatara los errores en los que luego se incurrió. Sin embargo, el TSJ se sometió a la voluntad del Primer Mandatario.

3. Una República de quinta

La suspensión de las elecciones no hace a Chávez menos autoritario, ni a su régimen más democrático. Lo que lo hace es más pragmático. Lo que se evidencia con la postergación es que la realidad es más terca de lo que suponen los jerarcas del Gobierno.

Sería lamentable que de todo este desastre, los únicos que paguen los platos rotos sean Etanislao González y el patético Eduardo Semtei. Es cierto que la junta directiva del CNE es la responsable de los errores de instrumentación que se cometieron y que terminaron por impedir que los comicios se celebraran. Esa directiva en pleno debe ser sustituida por otra con capacidad para rescatar la confianza y legitimidad del proceso electoral.

Pero, Hugo Chávez es el verdadero responsable de que la Nación haya incurrido en una gasto desmedido, y que persista el clima de inestabilidad política, producto de la incertidumbre que crea el aplazamiento de las elecciones. Fue el Presidente de la República el que fijo de manera unilateral e inconsulta el 28 de mayo como fecha de las elecciones. Fue él quien presionó al TSJ para que ratificara ése como el día de las megaelecciones, cuando resultaba obvio que el lapso, además de violar el artículo 298 de la Constitución Bolivariana, era extremadamente ajustado. Fue él quien ordenó que se nombrara esa junta directiva del CNE, cuando de sobra se sabía que era gente sin experticia en el campo, ni prestigio para conducir un proceso tan complicado. Fue él quien junto a Luis Miquilena permitió que la estructura técnica del CNE se desmontara, y terminara siendo un apéndice del MVR. Fuer este dúo el que hasta última hora estuvo decidiendo cambios que alteraban la base de datos que el CNE le proporcionaba a ES&S.

Las megaelecciones fracasaron más por razones políticas que técnicas. La evidencias técnica no hicieron sino revelar los inmensos errores políticos que se habían cometido. Lo que fracasó fue un estilo de ejercer el poder y conducir los cambios. Lo que naufraga es el sectarismo, la arrogancia y el autoritarismo de un Presidente y de un régimen que quieren estar inventando la rueda todo el tiempo. Que no admiten algo que la humanidad descubrió hace ya rato: la negociación, la concertación y los acuerdos como procedimientos para que la sociedad y el sistema político funcionen. Lo que se fracturó es un liderazgo y una clase gobernante que cree que la mentira, la amenaza y la prepotencia pueden sustituir al diálogo y la tolerancia. Es más, que consideran la negociación como una práctica burguesa deleznables, puntofijista, y contraproducente para el avance del “proceso revolucionario”.

Quienes han fallado son el presidente y su camarilla, que están transformando a Venezuela en una república de quinta categoría, y que ahora quieren convertir a González y a Semtei en víctimas propiciatorias para encubrir sus garrafales y costosísimos errores.

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