Opinión Nacional

Retablo de navidad. Un regalo de Reyes

¡Belén, retablo de Belén, entren señores y vean si se encuentran representados por alguna de las figuras de este singular retablo!
Church Forum

Prólogo. La pascua es hermosa son bellos sus días, todo está impregnado de gran alegría

Desde mediados de noviembre, a veces desde mucho antes, comienza a sentirse en el país un espíritu de festejo y de fraternidad que ni las tensiones políticas, ni las dificultades económicas, incluso, ni las tragedias naturales o las producidas por el hombre, pueden aniquilar. Es casi imbatible. ¡Llegó la navidad!

En esta época, todos, sin distingo de credo, hacemos pausas en las rutinas, nos encontrarnos con los amigos, abrazamos a la familia, nos miramos bonito y regalamos sonrisas y buenos deseos.

Pero además del bonche y el encuentro con los afectos, estas fechas son especiales porque nos da por reflexionar. Hacemos un inventario de lo que hicimos y dejamos de hacer, evaluamos nuestros éxitos y fracasos, repasamos lo que vivimos, extraemos de ello aprendizajes y planeamos lo que queremos hacer en el futuro. La reflexión y la disposición a aprender, nos hacen sentirnos diferentes, renovados.

Claro está, la reflexión y el aprendizaje son procesos individuales que, por momentos, compartimos con los familiares y los amigos y, aunque en ocasiones se dan procesos similares en los grupos y en las organizaciones, con mucha frecuencia, los extrañamos en nuestro entorno laboral, social y político, a pesar del material valiosísimo que, para ello, todos podemos identificar.

Por ejemplo y sin ir más lejos, el final del año estuvo lleno de vivencias en el ámbito político que nos daban mucho sobre lo que reflexionar y aprender. Sin embargo, no más comenzar el 2006, al leer la prensa, los mensajes que circulan por internet o escuchar las declaraciones de la mayoría de los líderes políticos en radio y televisión, sentimos que de muy poco nos ha servido lo vivido, que tenemos una especie de incapacidad genética para aprender de nuestros errores, para reconocer la realidad en la que vivimos, para crecer como políticos, como ciudadanos y cómo demócratas y para construir una salida viable a la crisis que, desde hace rato, atraviesa Venezuela.

Las razones para ello pueden ser miles. Quizá sintamos que tenemos ritmos diferentes, que los gobernantes, los políticos y los partidos necesitan otros tiempos para aprender o tan solo para comprender que el país está cansado de más de lo mismo, con otra o con la misma cachucha, que queremos paz, creatividad, pero sobre todo, honestidad y buenas prácticas, que incluyen, un buen gobierno, una buena gestión pública y una ética y un ejercicio político diferente que esté centrado en la identificación, construcción y el logro del bien común.

Y como solamente podemos construir aprendizajes entre todos cuando logramos compartir nuestras reflexiones, comparto con Ustedes las mías; bueno, solo algunas de ellas con las que construyo mi retablo navideño, como regalo de reyes.

Canto I. Si acaso algún vecino me quiere molestar, aquí traigo un chaparro para hacerlo callar.

El abrazo de año nuevo, al igual que las miradas y sonrisas de la navidad, llegó matizado con siembra de desconfianza y descalificación. Y es que una de las cosas que aún no aprendemos es a debatir democráticamente, a reconocer que todos tenemos derecho a expresar nuestra posición, a que ésta sea considerada, y que es el debate de argumentos, proposiciones y puntos de vista, lo que nos permite construir acuerdos entre nosotros. Parece que es más fácil adoptar la máxima presidencial de considerar enemigo a todo aquel que piense diferente o de descalificar a quién se atreva a contradecirlo, que rebatir argumentos con argumentos y proposiciones con mejores proposiciones. Síntoma de que la intolerancia penetra en los cimientos de nuestras relaciones políticas, sociales y hasta familiares.

Así proliferan las acusaciones de “llegar a acuerdos con el gobierno” o los calificativos de colaboracionistas y de “oposición oficialista” que tan en boga estuvieron el año pasado. Te acuso de tener un acuerdo con el gobierno y ya no me tengo que ocupar de analizar tu posición, tu argumentación, pero sobre todo, de construir una posición diferente, quizá más sólida o de buscar una propuesta más creativa o que garantice mayor efectividad política que la tuya. La calificación, o mejor dicho, la descalificación sustituye al debate, y “fortalece” unos “liderazgos”, debilitando la imagen de otros con la siembra de desconfianza.

¿El resultado? Interminables diálogos de sordos que disfrazan una nefasta pugna por imponer, al resto y a como de lugar, la táctica, la propuesta o la acción de turno.

¿Cómo construimos una salida viable a la crisis que atraviesa Venezuela? Y dentro de ella ¿era políticamente más efectivo el retiro de las candidaturas que la participación en las elecciones? ¿Qué se consiguió con el retiro de las candidaturas? ¿A qué escenarios nos condujo? ¿Cuál es la estrategia que se va a manejar de ahora en adelante? ¿Se va a crear el parlamento de sombra? ¿Cuál sería su propósito y cómo sería su funcionamiento? ¿Es más efectivo políticamente que quiénes tengan aspiraciones presidenciales inicien su trabajo de pre-campaña desde ahora o que se decrete de una vez que la oposición no va a participar en las elecciones presidenciales?

Es mucho lo que hay que discutir sobre lo pasado y mucho lo que falta por construir, pero, en lugar de un debate profundo y serio, retomamos la vía de la descalificación y la siembra de desconfianza. Si quieres paz y abogas por el entendimiento nacional, eres colaboracionista. Si tu espíritu demócrata te indica que los “chavistas” u oficialistas, los ni-ni y los radicales o extremistas de todos los bandos, también tienen derecho a formar parte en la construcción de la Venezuela que queremos, seguramente eres de la “oposición oficialista”. Si piensas en que la salida debe ser electoral y que, como en muchos países, este gobierno se puede derrotar en elecciones, así sea con este CNE, ¿no será que llegaste a un acuerdo con el gobierno? Y ni se te ocurra reconocer que el gobierno ha tenido algún acierto en algo de lo que ha hecho o mucho menos llegar a un acuerdo con alguna instancia gubernamental, porque en ese caso, todo está perdido, seguro que saltaste la talanquera y eres un traidor más que fuiste comprado o convertido al oficialismo.

¿Para qué discutir, si sobran descalificaciones? Pero las descalificaciones no van solas, llevan siempre de la mano los llamados a la unidad, porque, al parecer, sólo basta con incluir en la declaración ese llamado para pertenecer al bando de los buenos de turno, no importa si las acciones que lo acompañan contribuyen o nos alejan de la tan ansiada unidad. Por cierto…

Canto II. La blanca navidad… llega, los pastorcitos de Belén van trayendo cantos de amor… y de nieve todo se cubrió.

Como si del abrazo de la muerte se tratara, resulta paradójico ver a alguien llamando a la unidad como colofón de un anuncio con el que, de facto, se está rompiendo una plataforma de acuerdo. Si, aunque haya pasado desapercibido, producto de la euforia que despertó el inicio del retiro de las candidaturas, con el anuncio hecho por AD se vinieron al trasto todos los esfuerzos hechos por la oposición para lograr un acuerdo de unidad que incluía la lista unitaria y la estrategia de lucha en el marco del proceso electoral del pasado 4 de diciembre.

Ante lo sucedido, y con la tranquilidad que brinda la distancia de los hechos, sólo nos surgen preguntas: ¿Era políticamente más efectiva la cascada de renuncias que una renuncia en bloque? ¿Qué le costaba a los adecos esperar a reunirse con el resto de los grupos, tomar la decisión conjunta y hacer el anuncio al mismo tiempo? Porque todo el mundo sabe que la fuerza de una acción política varía de acuerdo al momento y a la forma en la que se haga, o ¿es que los adecos no saben esto?

¿Será que esperar y reunirse a tomar la decisión entre todos tenía un altísimo riesgo y un gran costo que no vimos? Quizá el altísimo riesgo no estaba precisamente relacionado con la eficacia de la acción, sino con que, en un escenario plural y de unidad, había que discutir y argumentar para conseguir la mayoría en la decisión y eso implicaba analizar las consecuencias de la acción y su potencial impacto, para ver si valía la pena realizarla; lo que significaba, en última instancia, asumir que la decisión sería la tomada por la mayoría con base a los mejores argumentos.

Y hablando de argumentos, ¿alguien los conoce? Porque hasta ahora no han sido expuestos. No nos preguntamos por la argumentación que muchos ciudadanos esgrimían en la calles; no, nos preguntamos por la argumentación sólida de los partidos que decidieron retirarse, argumentación que por fuerza, tenía que estar asociada al propósito que se perseguía y al curso que la estrategia de la alianza opositora seguiría a partir del retiro de los candidatos. Esa, todavía la estamos esperando. En su lugar, como podemos muy bien recordar, se presentaron razones en lugar de argumentos y las razones incluían desde la que no era más que el reverbero de “lo que se escuchaba en la calle”, donde el tema central era “no prestarse para legitimar a un CNE tramposo”, pasando por los que dijeron que “se dejaron arrastrar por el clamor popular”, hasta las de los que dijeron no tener cómo defender nuestros votos en las mesas.

En cuanto al posible gran costo de esperar y reunirse a tomar la decisión, creo que es mejor no preguntar mucho, porque probablemente nos tropecemos como respuesta con la razón de siempre, la oportunidad de aparecer “de gratis” como la vanguardia de un movimiento de masas, ponerse a la cabeza o asumir un “liderazgo” por defecto, pero “picando delante” para no tener que compartir ese espacio con el resto de los partidos y candidatos, o para no tener que entrar en disputa con SUMATE, organización que desde el inicio del calendario para este proceso electoral mantuvo, solapada en sus declaraciones, la tesis de que no había que participar en esa contienda. Algo así no nos extrañaría, porque, como siempre, la agenda del partido pesa más que la agenda del país. Por cierto… se salvaron los que desde el principio no querían participar, porque no era el mejor momento para contarse…

¿Cuándo será que los partidos y los líderes políticos nos sorprendan actuando de forma diferente? ¿En qué momento los veremos construyendo una alianza en la que la palabra “unidad” no sea solamente el sinónimo de chantaje o la muletilla para intentar ser reconocido como el bueno de la partida? ¿Cuándo entenderán que la única unidad posible es aquella que se construye entre todos y no forzando la imposición de la idea que considera “estratégica” o “conveniente” cada grupo?

Y ya que tocamos el tema electoral…

Canto III. El niño se alumbra con velas de cera para que en su mesa no caigan goteras

La desconfianza en el Consejo Nacional Electoral es un hecho que nadie puede ocultar, desconfían de la transparencia de los procesos electorales tanto los grupos de la oposición como los del oficialismo. Para los grupos opositores, lo sucedido en Revocatorio Presidencial originó o incrementó esa desconfianza. Claro está, el descubrimiento de la violación del secreto del voto asociado al uso de las máquinas captahuellas, fue para casi todos, la gota que derramó el vaso, pues constituía una muestra evidente de que el CNE estaba mintiendo.

Sin embargo, otra cosa que se ratificó en ese momento que, al parecer, pasó un poco desapercibida, fue la poca o ninguna utilidad que han tenido los representantes de los partidos y grupos opositores que tradicionalmente han sido acreditados ante el CNE, para observar y auditar el proceso electoral. Este hecho, que para nadie es un descubrimiento, es relevante pues explica claramente la preferencia por SUMATE que mostraba buena parte de la base opositora en procesos electorales pasados y el que la desconfianza en el ente electoral, por parte de los opositores, no pudiera ser matizada mediante el uso de los mecanismos de control que son naturales en este tipo de procesos, ya que, si estos técnicos hubiesen hecho efectivamente su trabajo, habrían puesto en evidencia todas las trampas o irregularidades existentes en los procesos anteriores, incluso, en este. Recordemos que no fueron estos grupos los que descubrieron que se violaba el secreto del voto y que, a lo largo de los últimos años, hemos recibido muy poca información e informes sobre el trabajo de los técnicos de los partidos y sobre sus resultados.

Por su parte, los grupos del oficialismo, como todos sabemos, también desconfían del CNE. En efecto, desde el momento en el que no hubo consenso entre estos grupos sobre cuáles serían los candidatos a presentar en los procesos electorales, o mejor dicho, desde que varios de estos grupos decidieron no “calarse” la imposición de candidatos que siempre hace Chavez, específicamente en los momentos en los que dicha imposición ésta implicaba su exclusión de las candidaturas, varios grupos han hecho reclamos directos y públicos al CNE, en los cuales han manifestado su desconfianza, incluso han hecho reclamos por fraude electoral. Ejemplos de ello son los Tupamaros y MOBARE.

Pero eso no queda allí, porque, aunque resulte paradójico en este marco, Chavez tampoco está satisfecho con el desempeño de este CNE, organismo en quién confiaba para que le diera la base electoral que esperaba y que, además, se “rindió” ante las demandas de la oposición. Este cuestionamiento al CNE es compartido por muchos de los “chavistas” duros de base, quiénes en los días previos a las elecciones del 4D cuestionaron duramente al presidente del CNE por sus “excesivas” concesiones ante las demandas de los grupos opositores.

Dado este panorama, de darse un cambio en el CNE, será el descontento de los grupos oficialistas y del mismo Chavez con su desempeño, el que lo provoque y no la alta abstención que se registró en los comicios pasados. Claro, muchos preferirían pensar que la abstención pasada fue producto exclusivo o mayoritario de la desconfianza en el CNE, pero todos sabemos que no es así, porque son muchas las razones explican esa abstención, incluyendo las que siempre sustentan la abstención en los procesos electorales no presidenciales. En este caso, tenemos que considerar también como parte de los abstencionistas, además de aquellos que consideran que los asuntos políticos no les conciernen, a los simpatizantes del “chavismo” que pensaron que su participación ya no hacía falta, a los de la oposición que querían votar y no tenían por quién y a los ni-ni o, en este caso los no-no, que no iba a darle el triunfo ni a unos ni a los otros, porque consideraron que sólo se trataba de más de lo mismo o, en el mejor de los casos, de una vuelta al pasado.

La diversidad de razones por las que la gente pudo decidirse a no votar, nos obligan a que, antes de sacar conclusiones sobre lo sucedido el 4D y sus consecuencias en la dinámica política venezolana, intentemos conocer las proporciones en las que esta diversidad se expresa en este momento. Esta información, que es imprescindible para salir de los fantasiosos supuestos que sustentan la acción política en todos los bandos, nos dará una mejor lectura de hacia donde va la Venezuela que tenemos y hacia adonde apuntar para construir la Venezuela que queremos.

Canto IV. ¿Qué le daremos al niño, que nació en cuna de paja?

Los Reyes trajeron oro, incienso y mirra, pero aclararon que lo trajeron sólo para el Niño dejando a José, María, la mula, el buey y a los pastorcitos con la boca abierta y la mano extendida. Los pastorcitos se quejaron, María y José ni hablaron pues no salían de su asombro, y la mula y el buey exigieron consulta y mejor trato a la hora de decidir que hacer con los regalos, a lo que el Niño argumentó que El era el Rey de los cielos, el Salvador de la humanidad y los llamó a mantener la unidad ante tan noble tarea.

Después de ver la instalación de la Asamblea Nacional, sólo podemos decir que sobran las palabras ante tan excelsa muestra de retórica que, a la vez que buscaba justificar las bondades, para el país, de la instauración de la hegemonía del “chavismo” sobre el resto de los grupos y posiciones políticas existentes, se quejaba por la burda e “inesperada” imposición de la hegemonía de la mayoría del MVR sobre el resto de los grupos afectos al oficialismo. La hegemonía dentro de la hegemonía. ¿Quién puede pedir más coherencia a los grupos oficialistas?

Es obvio que quiénes no consideran que la pluralidad y la democracia incluyen la presencia y la participación de todas las expresiones políticas, deben al menos sospechar que, más temprano que tarde, la dinámica política debe tender al establecimiento de un partido único o a la desaparición de las instancias de intermediación entre las personas y el Estado y por tanto, las consecuencias de la aplicación de esta lógica también los alcanzará a ellos.

¿Qué les podemos decir? Bueno, podemos recordarles un poco de historia… La matanza de los inocentes no fue la única que el Rey Herodes tuvo en su haber, de hecho, ésta formaba parte de su desesperada estrategia para evitar que le arrebataran el trono. Como parte de su estrategia Herodes logró que le cortaran la cabeza al hijo de Aristóbulo II, quién era el aspirante más directo a su título; más tarde hizo ejecutar al propio Aristóbulo II, mandó a ahogar a su cuñado, Aristóbulo III, a quién no respetó ni por su condición de Sumo Sacerdote; y posteriormente entraron en su record de asesinatos su propia esposa, su suegra y tres de sus hijos, entre los cuales, por cierto, también había uno llamado Aristóbulo.

Quién sabe, a lo mejor el Niño, quién se salvó de la matanza de los inocentes ordenada por Herodes, pudiera dedicarse a imitarlo, una vez más, si la mula, el buey y los pastorcitos se ponen brutos y siguen reclamando la parte que no les corresponde en sus regalos.

PD: Por cierto William, sólo un detallito, ¿no te parece que a esta Asamblea Nacional si le hacen falta, no unos opositores, sino unos Realistas? Digo, Realistas, pero no de los que lucharon a favor de la Corona Real, sino de los que saben que existe y están apegados a esa cosa llamada “realidad”, esos que en lugar de dedicarse a discursear tratando de justificar lo injustificable, emplearían su tiempo tratando de construir una salida viable a la crisis de Venezuela.

Canto V. Van cantando los pastores al Dios Niño sus amores

Cuando está ausente la razón, es el terror y la violencia lo que impone el orden. Por esto no es de extrañar las amenazas solapadas y directas que con tanta frecuencia salen de las fauces autoritarias para garantizar que se mantengan las lealtades que lo perpetúan en el poder. Pero las amenazas y la sumisión son imprescindibles para gobernar cuando no hay un robusto liderazgo o cuando no se tienen razones de peso que sustenten las estrategias y decisiones políticas que se toman.

Pero no es sólo al terror interno a lo que apelan los dirigentes autoritarios, también está la vieja jugada de lograr la cohesión interna apoyándose en la defensa ante una amenaza externa. Esta táctica se aplica cuando el liderazgo está cuestionado, hay efervescencia política y se necesita distraer la atención de los problemas que la originan, combatiendo algo que constituya una amenaza para todos. Con esta táctica, que siempre implica una batalla, virtual o real, se busca demostrar la vigencia del liderazgo para la conducción del grupo, organización o gobierno.

En América Latina, el máximo exponente de esa táctica fue Leopoldo Galtieri quién cuando ejercía la presidencia de Argentina en 1982, le declaró la guerra a Gran Bretaña en disputa por las Islas Malvinas.

Y aunque estas tácticas políticas siempre aparecen relacionadas a la conducción de los países, también podemos apreciar como ellas se aplican en las organizaciones, especialmente en los partidos políticos. De hecho, hemos visto como el Presidente de la República, quién es el máximo dirigente del MVR, hace uso de ellas en el país y en su partido con mucha frecuencia y casi sin distinción; lo que ha convertido al MVR en el partido con menor democracia interna del espectro político venezolano.

Pero no sólo en las filas del oficialismo se observa el uso del terror y del enemigo externo para garantizar la cohesión de los partidos y el mantenimiento de un liderazgo altamente cuestionado. En más de un partido de la oposición pudimos apreciar las amenazas, públicas o privadas, de expulsión a miembros que manifestaran su decisión de no retirar sus candidaturas en las elecciones de diciembre, aplicando así “medidas disciplinarias” a quiénes, por pensar con cabeza propia, contradijeran la posición pública de la organización.

Y ¿qué decir del uso de la táctica de declarar la guerra al enemigo externo? Pues que nunca tuvimos más fresco el recuerdo de Galtieri que cuando vimos por televisión la declaración de Henry Ramos retando al CNE a que se pronunciara sobre la legalidad de los partidos. Declaración en la que casi le pedía a gritos al ente electoral, que admitiera que eran ilegales y así tener la excusa perfecta para cohesionar a los militantes y simpatizantes del partido en una histórica recogida de firmas para revertir esa injustificada medida.

Como Chavez, Henry Ramos con ese acto pasó a engrosar las filas de los que saben aprovechar las oportunidades políticas, en esta ocasión, aprovechó la oportunidad que le brindaron las declaraciones de varios voceros del oficialismo y del CNE, para concretar su propia guerra de salvación. En lo que ni Chavez, ni Henry Ramos han logrado aprovechar la oportunidad, es en las innumerables solicitudes de sus bases para abrir espacios reales de participación en sus respectivos partidos. ¿Será que la podrán aprovechar ahora?

Éxodo. Candelaria hermosa brillante lucero, fuiste aparecida el 2 de febrero

Tiempos, ritmos y puntos de vista diferentes son propios de la diversidad y en ellos radica precisamente su riqueza. Pero no hay nada más regocijante que apreciar el crecimiento propio y el ajeno, por eso a nosotros, los ciudadanos, nos queda la esperanza de que la reflexión y el aprendizaje alcance a todos. Y ojo, no es necesario esperar nuevamente a final de año para que suceda, porque en Venezuela estamos de navidad hasta el 2 de febrero, que es el día de la Candelaria. Así que todos aquellos que no hayan podido reflexionar y sistematizar sus aprendizajes, sepan que están a tiempo de hacerlo.

Por cierto, quiénes pensaron que la salida a la crisis estaba en Maiquetía, no contaron con el colapso del viaducto.

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