Opinión Nacional

¿Reverdece la ilusión bolivariana?

Siempre nos imaginamos, que al desaparecer el gran parlanchín, quien a su vez fungía de domador, maromero, y hasta payaso de circo <con el respeto de los dignos payasos>, se iniciaría el desvanecimiento de la «ilusión bolivariana», esa que ideó el ubicuo e insepulto majadero, creador de la indefinida «revolución», tan resonante como insípida. La que el teniente Cabello llamó a ser defendida por las bases del oficialismo, < entiéndase «polo patriótico»>, y a estar alertas ante cualquier ataque contra el presidente, ya que para él, «la oposición está conspirando, pero si intentan algo, estamos obligados por lealtad al comandante Chávez y a la revolución a actuar en consecuencia». Advirtiendo, que «si se atenta en contra del jefe de Estado venezolano será una declaración de guerra, porque vamos a salir a la calle a defender a la revolución bolivariana». Pareciera, una «coordinación perfecta», entre el pensamiento de Cabello, y la folclórica estrategia de José Vicente con sus avioncitos; y como el muerto ni oye ni habla, no se puede contrastar la verdadera intención del finado en el supuesto «muro de contención», a decir de la estrategia militar del teniente, quien sin vergüenza ni dignidad, trata de acabar con lo que queda de democracia, inculpando a la oposición de las revueltas inestabilizadoras en que se ha transformado nuestro pobre país, que reclama por alimentos, papel tuale y salarios dignos. La ilusión se desvanece y hace crecer la incertidumbre en el venezolano, especialmente en el engañado «revolucionario» que al abrir los ojos, se percata de que los líderes políticos y militares «rojiverdes», no encuentran la palanca de Arquímedes para levantar al país en bancarrota. Todo un embrollo en la mente de mentecatos militares, emponzoñados por los cadáveres del castrismo de los 60′, que los hacen creer que aún viven los sueños infecundos de su iluso lidercejo; ese que un día se autoproclamó engendrado en la «casa de los sueños azules» y bautizó con el rimbombante nombre de «cuna de la revolución bolivariana». Esa venerada prenda del Ejército venezolano, donde un fanático y confundido general director le acuñó el enunciado que transformó la mente franca de los cadetes: «Aquí se forman los líderes de la patria» y muchos se lo creyeron, cambiando el campo militar por el político. Una nueva apertura al liderazgo «gorila» militar, que había cesado en Latinoamérica desde que Venezuela se lo propuso en 1958; y con la desvergonzada ideologización loca y tormentosa del insepulto, la insumieron oficiales como el teniente que preside la AN, y el general Barrientos, jefe del CEOFAN, entre otros, quienes han confundido comando con liderazgo y estrategia con política, apartando el rol del militar en el gobierno civil y civilista, hasta militarizar las funciones de gobierno con la estúpida confusión del «comandante en jefe». Pero todo no sería sino una aparente ilusión, si no fuera por la falsa apreciación y alcahuetería, que han hecho los gobernantes de América Latina del equivocado Chávez, conformando una comparsa a favor de la golilla, el regalo y el populismo, que en Brasil le está enseñando el error a Dilma, y en Paraguay afloran desengaños con el Mercosur, pero que se engarfian con Peña Nieto en México y con los asesores de Piñera en Chile.

La diputada María Corina Machado, con decepción lo ha dicho: «Latinoamérica nos ha traicionado». Es obvio, más han podido «la espada y la petrochequera bolivariana», que el ruego de los venezolanos.

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