Opinión Nacional

“Reversibilidad” de la revolución cubana, la transición, la sucesion y otras cosas.

Las soluciones. La unidad de la Revolución y su capacidad de adaptación. El control obrero.

Después que Fidel dijera que solo los revolucionario podríamos destruir la Revolución, se ha destapado la “Caja de Pandora”. Teorizar sobre el asunto se ha vuelto necesidad para muchos compañeros de acá y de allá, todos con derecho de opinar, aunque otros piensen lo contrario, independientemente de diferencias, nacionalidad, experiencia revolucionaria.

Es que nuestra Revolución no es solo nuestra, es también la Revolución de todos los que han creído en los destinos de la clase obrera, en el Marxismo Leninismo, en un futuro mejor, tanto en Cuba, como en América Latina y en todo el mundo. Pero además, guste o no, “somos objeto” de análisis de nuestros enemigos que ya no saben a que teoría sociológica acudir para explicarse Cuba.

Un debate se ha formado pues “hasta Fidel ha reconocido la posible reversión”; unos amigos analizan las similitudes y diferencias con lo que pasó en el socialismo europeo y hacen recomendaciones, los del otro lado retoman sus valoraciones sobre “la transición”, académicos de derecha “pragmáticos” se refieren a la “sucesión en marcha como una nueva etapa”.

Sin embargo las citas del discurso no siempre se extienden a la parte que expresa “solo los revolucionarios podemos destruirla” y pocos analistas parecen interiorizar algo que, como decimos aquí: “se cae de la mata” y es que los revolucionarios cubanos no hemos luchado ya por casi siglo y medio para dejarnos ahora arrebatar nuestra tierra, nuestras industrias, nuestros puertos, hospitales, universidades escuelas, etc., en fin nuestra vida nueva -con todos sus defectos-, para retrotraernos a la Cuba explotada del pasado seudo republicano, por demás anexionista.

Artículo o declaración de barricada, dirían algunos amigos. No niego que pueda tener ese carácter también, al fin y al cabo barricadas y trincheras de piedra y de ideas son las que siempre han defendido la Revolución en sus momentos más difíciles; pero más allá de nuestra voluntad, que no es precisamente voluntarismo, de mantener esta Revolución, están las realidades que constituyen sus bases de sustentación y sobre todo su capacidad de autentica renovación demostrada en la práctica, verdadero sentido, esencia de la frase de marras.

Que el Socialismo Soviético se derrumbó por su inherente burocratismo y porque la clase obrera se vio allí sin nada que defender, es una verdad aplastante. Que aquellas experiencias deben servirnos, para no cometer aquí los mismos errores, también lo es. Que si la Revolución no es capaz de integrar todas aquellas experiencias y “refrescarse” con las ideas no tan nuevas del Nuevo Socialismo o Socialismo del Siglo XXI, (el nombre no importa, sino su contenido), puede terminar en un fracaso, también puede ser cierto.

El problema es que la disyuntiva cubana no es entre Capitalismo y Socialismo (a secas), sino entre Anexionismo y Nuevo Socialismo y lo primero. aquí dentro, no lo quiere nadie, o casi nadie que no es lo mismo pero es igual.

El Socialismo de Estado ya demostró su fracaso en Europa. En Cuba en 45 años no ha sido capaz de resolver las tareas de la Etapa de Transito Socialista y podrá seguir, cual patín de ruedas en el hielo, sin poder avanzar mientras la propiedad se mantenga en el estado y las masas no participen de las decisiones. Y como la Historia demuestra que todo lo que no avanza, dialécticamente retrocede, en algún momento tendremos que cambiar ese patín en que estamos montados, por el de la autogestión empresarial y social socialista basada fundamentalmente en la propiedad de los colectivos de trabajadores, formas de producción y propiedad verdaderamente genéricas del Socialismo y capaces de hacerlo avanzar.

Hay una clara diferencia, y los cubanos debemos identificarla para no meter a todo el mundo en el mismo saco, entre quienes tratan el tema como alerta, como ayuda y nos estimulan a profundizar la búsqueda de soluciones a nuestra realidad y los que pretenden que estamos viviendo procesos idénticos a los del socialismo soviético que nos conducirán irremediablemente al mismo precipicio, con la post-lectura de que no seremos capaces de enderezar el timón.

Con quienes, desde la diversa izquierda, nos observan y hasta nos critican, sin perder la confianza en nuestra Revolución, no solo debemos ser tolerantes, sino también receptivos. Con los que, desde cualquier posición solo nos auguran su “transición” debemos ser intelectualmente severos e inflexibles, pero también debemos saber escucharlos, sino ¿cómo sabemos que piensa el enemigo?

No tenemos que sentirnos ofendidos cuando algún amigo sugiere que nuestras Ciencias Sociales precisan de avances. Demostremos que no estamos retrasados y ofrezcamos nuestros análisis no “vanguardistas”, sino verdaderamente científicos y audaces.

En el centro de todo está la economía, la propiedad, la clase que detenta el poder, el tipo de estado. La Revolución Cubana ha transitado un largo camino de luchas fraternales internas sobre diversos enfoques económicos. Hemos tenido fracasos, avances, tropiezos, y más tropiezos, centralizaciones y descentralizaciones, burócratas y de todo aquello. ¿Pero es que acaso podría haber sido de otra forma? Y no es que trate de justificar políticas erradas, menos acertadas; es simplemente que, como muchos han dicho, el Socialismo, esta etapa de tránsito ha sido algo nuevo, algo inédito de la Historia reciente y solo la practica de ensayo y error, error y ensayo, práctica y teoría, nos puede llevar a ir forjando el camino.

Desde luego, de 1917 para acá bastante ha llovido y ya nosotros mismos hemos estado experimentando casi medio siglo. Es hora de que los revolucionarios cubanos recompongamos nuestras armas y pasemos lista de nuestras propias experiencias, y de las socialistas fracasadas y en desarrollo en otros países. No ha sido precisamente el dogmatismo, el esquematismo y el apego a petrificados conceptos, el fuerte en nuestro proceso revolucionario. Más bien siempre hemos sido vistos como “salidos del tiesto”.

Lo que en verdad algunos no entienden, es que sigamos todos juntos y unidos aquí, “tolerándonos, revolucionándonos” todos los días y buscando nuevas alternativas y soluciones para seguir haciendo el Socialismo en Cuba a pesar del desastre soviético y el recrudecido bloqueo yanki.

Los que han pensado vernos desgastados en nuestras contradicciones internas e importarnos “las purgas”, la “oposición obrera” y otras de aquellas cosas pierden su tiempo, porque aquí ya estamos curados de ese espanto de persecuciones internas, no porque no hubieran existido o sigan existiendo diferencias sino porque hemos sido capaces de superarlas sin traumas sangrientos y sin que nadie haya perdido de vista que nuestro enemigo principal y único es el Imperialismo.

Esa unidad dialéctica que nos enseñaron temprano Fidel, Faure y Blas, mucho antes de la integración del 26 de Julio, el 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular en el nuevo Partido Comunista, esa tolerancia a las divergencias dentro de la Revolución que se transmuta en intransigencia frente al enemigo claramente identificado por todos, es uno de nuestros pilares y una muy clara diferencia entre nuestra transición socialista y la de otras partes del mundo.

Bueno es, en este momento, recordar que la unidad de las fuerzas políticas que confluyeron y se desarrollaron en el torrente revolucionario, ha estado en el centro de todos nuestros triunfos, y que cualquier intento por revivir pasadas diferencias bien dejadas atrás por la Historia de luchas mancomunadas y el surgimiento de nuevas generaciones comprometidas sólo con la nueva obra común de construir el Socialismo, está condenado al fracaso.

En el actual debate cada quien está en libertad de expresar lo que quiera y cuestionarse lo que desee constructivamente y siempre que no trate de minar las bases estratégicas de la Revolución, entre las que destaca esa unidad de las fuerzas revolucionarias.

Amén de las constantes agresiones externas, los complejos e inevitables procesos internos de la lucha de clases, a veces imperceptibles, obligan a retrocesos parciales, rejuegos de posiciones y posicionamientos, aperturas, concesiones internas; en fin a movimientos complicados de reacomodos que van posibilitando encontrar el camino hacia la nueva sociedad, sin graves fracturas internas.

Además las Revoluciones las hacemos los seres humanos, todos los que estamos envueltos, con nuestras imperfecciones, prejuicios, insuficiencias, equívocos, etc. ¿Podría ser de otra manera? Es que no venimos de Marte.

Sépanlo o no, amigos, enemigos e indiferentes, no es fácil nuestra tarea y nuestro tiempo; y no es cuestión de datos económicos, más menos crecimiento, desempleo, escuelas u hospitales, ollas de presión, todo lo cual solo muestra una parte de la verdad que siempre será relativa y está compuesta de innumerables variables sociales.

Sabemos que no se aplica bien la máxima socialista de pago según trabajo y que allí descansa una de las causas principales de nuestros problemas actuales como la corrupción, el despilfarro, la falta de estimulación, la inestabilidad laboral, los deseos de algunos de abandonar el país, el hecho real de que muchos no sienten como suya la propiedad estatal que consideramos social, etc.

La clase trabajadora cubana ha hecho grandes esfuerzos para lograr la acumulación socialista que ha posibilitado mejorar y optimizar nuestras capacidades de producción y poder alcanzar mejores niveles de vida además de garantizar la salud, y la educación. También quiere ya empezar a tener otros frutos directos de ese esfuerzo que lleva casi medio siglo y como siente insatisfacción al respecto, con su actuación práctica de apropiarse indebidamente de medios y recursos del “estado de todos”, está demandando una mayor y efectiva participación directa en el control, organización y resultados de la producción. De la clase obrera hay que aprender, más que pretender enseñarle.

Sabemos que hay diferencias sociales y que algunas de las medidas del Periodo Especial ayudaron a que se profundizaran, pero también sabemos que el Socialismo no es igualitarismo y que bastante criticaron Marx y Engels a Lassalle por su vulgarización del Socialismo como reinado de la igualdad y sus intentos de imponerlo desde el estado, cosas que también censuró nuestro Apóstol y súper previsor José Martí en su artículo “La Futura Esclavitud”.

Que todos vivamos mejor, eso queremos. Pero esa mejoría debe responder al esfuerzo productivo individual de cada cual, y no a la existencia de prebendas, “botellas”, sustracciones, privilegios o fuentes ilícitas de ingresos. ¿Cómo lograrlo? Seguramente, de estar entre nosotros, Marx, Engels y Lenin responderían al unísono: con control obrero.

Como estamos conscientes de todo esto, nuestros amigos, y los contrarios también pueden estar convencidos de que los revolucionarios cubanos no estamos pasivos, tampoco andamos a tientas, hemos estudiado a los clásicos del Marxismo Leninismo y también a sus seguidores dispares, sin dejar a un lado a los actuales teóricos de afuera y del patio. Estamos sí, luchando y encontraremos la forma de hacer que nuestro Socialismo, entroncado con el renacer revolucionario latinoamericano del Siglo XXI, sea una realidad cada vez más tangible, perdurable, e irreversible.

La garantía la dio el propio Comandante en Jefe, cuando reconoció, no tanto la reversibilidad de la Revolución, como la existencia de serios problemas y desviaciones que precisan urgente solución y reiteró nuestra decisión de resolverlos para garantizar el futuro de nuestro proceso revolucionario.

Pedro Campos, 1949. Lic. En Historia. Ex funcionario del Servicio Exterior. La Habana. Telef. 2713017. CE

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