Opinión Nacional

¿Ricos y desconocidos?

(%=Image(1073575,»L»)%) Un fenómeno sutilmente sospechado hace un par de años ha devenido en irónica realidad: una nueva clase social adinerada se consolida en el país. Así, (%=Link(«http://www.vuitton.com/»,»Louis Vuitton»)%) vende carteras millonarias como lo hacía en 1975; General Electric celebra el récord de ventas de su línea (%=Link(«http://www.monogram.com/»,»monogram»)%), exquisiteces domésticas que sólo se traen por encargo, ya que una nevera puede costar unos 6 millones de bolívares; y, más aplastante aún, es el contraste entre la caída de los números reportada por Toyota, superior al 65%, contra (%=Link(«http://www.mbusa.com/brand/index.jsp»,»Mercedes-Benz»)%), que celebra la demanda de autos premium sobre los US$ 100.000.

Las flores del mal

Floridos y aciagos son estos días, ya que la clase trabajadora es barrida por inflación, inseguridad, corrupción y las amenazas, casi tangibles, de mayores impuestos, dólar sobre los 1200 bolívares, desempleo y menores garantías constitucionales. Paralelamente, en Venezuela se incrementaron en un 200% las operaciones de lavado de dinero en el 2001, según un reciente reporte publicado por la revista (%=Link(«http://www.dinero.com.ve/»,»Dinero»)%), cifra que paradójicamente acompaña a las de pobreza, pues se calcula que el poder adquisitivo de los hogares venezolanos pudo haberse reducido un 11,7%. ¿Culpables? No, aquí soñar con justicia es querer vivir en el (%=Link(«http://personales.mundivia.es/llera/cuentos/peter.htm»,»país de nunca jamás»)%), pues olvidamos mencionar que Venezuela es el paraíso de la impunidad, con secuestros, masacres y corrupción exhibidos en los mass media, pero sin acuse de recibo por los poderes públicos, entes que intercambiaron sus altos fines de justicia por una labor más práctica, acomodaticia y rentable: encubrir a los revolucionarios millonarios.

¿Quieres ser un nuevo rico?

Entrando al terreno de la ficción, podría presumirse que los emeverristas, cuando se enferman, no compran medicinas genéricas ni padecen el llenado de formularios exigido por las compañías de seguros, pues el efectivo no es problema para una especie que, entre otros botines, se repartió los billones del FIEM y de los planes Bolívar y Bolívar 2000. Sin embargo, los venezolanos como raza no rencorosa podrían perdonar y hasta olvidar, como lo hicieron en el pasado con algunos adecos y copeyanos, estas travesuras financieras, pero los crímenes, la impunidad y la relamida complicidad de la Fiscalía, Contraloría y Tribunal Supremo de Justicia serán testimonio eterno de una vida sin reglas, de sus efectos, de sus mecanismos epidémicos y, esperemos, de su propio fin.

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