Opinión Nacional

Ridículo

No hay mucha diferencia si la presidencia queda en manos de Chávez, Diosdado o Maduro

Distintas organizaciones internacionales se han dedicado al análisis y clasificación de los países. Los criterios son muy diversos: competitividad, dominio tecnológico, facilidad para efectuar inversiones, riesgo, derechos de propiedad, índice de desarrollo humano y unas cuantas modalidades adicionales. Estas clasificaciones están destinadas a orientar a los inversionistas, turistas, proveedores, electores, artistas e incluso a los gobernantes, para que tomen o dejen de tomar decisiones.

Así, tenemos países felices, fallidos, inseguros, tormentosos, atractivos, peligrosos y así sucesivamen- te, pero en ninguna de estas clasificaciones he encontrado el término «ridículo», aunque el mismo no ha faltado en la literatura o en el cine. Pues bien, después de escuchar, ver y leer lo acontecido en Venezuela en los primeros días de enero, siento que vivo en un país que está haciendo el ridículo del año y no me sorprendería que nos postularan al Raspberry Award, en lugar de a un Oscar, Emmy o Grammy como sería deseable. Casi estoy seguro que en pocos años, cineastas e historiadores nos utilizarán como modelo para hacer reír a muchos, llorar a otros y acusarnos de imbecilidad colectiva.

¿Por qué tan dura conclusión? Pues bien, el 90% del país lleva casi dos semanas alerta, siguiendo las noticias embelesados, revisando la Constitución, haciendo conjeturas, apostando y hasta esperando un milagro. Las características de ese evento fantástico -el milagro- difiere de acuerdo a la persona. El sentido común me indica que no importa mucho si ocurre una cosa o la otra, ya que los mismos personajes que se desgañitan en la Asamblea, insultan y dan pena, seguirán gobernando. Para mí no hay mucha diferencia si la presidencia queda en manos de Chávez, pasa a Diosdado Cabello o si Maduro se perpetúa por algún tiempo. No cambiará el país, ni la política de Estado, ni la naturaleza de cada uno de ellos. Seguirán siendo los mismos, con su anacrónica visión de país, su insaciable apetito de poder y total sumisión a una atrasada islita del Caribe. Sin duda, entre las alternativas hay algunas más civiles que otras y esto sí que importa porque es una lección nacional, y esa puede ser buena o ridícula, al margen de que la mala vida que llevamos no cambie un ápice.

El gran perdedor

Lo que resiento es que desde el exterior nos vean ahora no sólo como un país fallido, sino también ridículo y con el único mérito de la enorme habilidad para torcer la Constitución y abollar a las instituciones. Es un sainete donde todos perdemos, unos el respeto y otros las ganancias. El pueblo, como siempre, el gran perdedor: anaqueles vacíos, inflación, inseguridad personal, poco empleo y pésima educación. Mientras en la feria tecnológica de Las Vegas se presentan 20.000 nuevas innovaciones tecnológicas, se abren nuevas universidades en China, la medicina da saltos cuánticos en el hemisferio Norte ¿y aquí? Pues lo mismo de los últimos 13 años: Reino de cangrejos disputado por zamuros.

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