Opinión Nacional

Rompiendo el hechizo (IV)

PORQUE SUCEDEN LAS COSAS BUENAS

CAPÍTULO PRIMERO

Sacando lo mejor

Las alegorías religiosas se han convertido en una parte de lo que está hecha la realidad. Y vivir en esa realidad ayuda a millones de gentes a funcionar y ser mejores personas

—Langdon, Héroe del libro El Código Da Vinci de Dan Brown

Cuando comencé a trabajar en este libro llevé a cabo entrevistas con unas cuantas personas para tratar de obtener una idea de los diferentes roles que la religión juega en sus vidas. Esta no fue una recolección de datos hecha científicamente (aunque también he hecho algo de eso), sino más bien un intento de colocar a un lado teorías y experimentos e ir directamente hacia las personas reales y permitirles que me dijeran en sus propias palabras porqué la religión era tan importante para ellas.

Estas fueron entrevistas estrictamente confidenciales; casi todas entre una persona y yo 1, y aunque fui persistentemente inquisitivo, no desafié ni discutí con mis informantes. Estas ocasiones fueron a menudo conmovedoras; para decir lo menos, y aprendí que yo no podría fácilmente imaginarme a mí mismo sobreviviendo; y algunos habían encontrado en su religión, la fuerza para tomar decisiones; que no eran menos que heroicas, y mantenerlas firmemente. Menos dramáticamente; pero aún más impresionante en retrospectiva, fueron las personas de modesto talento y logros que fueron, de una forma u otra, simplemente mucho mejores personas de lo que uno hubiese esperado que fuesen, no era simplemente que sus vidas tuviesen significado para ellas—aunque esto era verdaderamente cierto—sino que ellas estaban haciendo al mundo mejor con sus esfuerzos, inspirados por sus convicciones de que sus vidas no eran suyas para hacer con ellas lo que quisiesen.

La religión puede ciertamente sacar lo mejor de una persona; pero no es el único fenómeno con esa propiedad. Tener un hijo a menudo tiene un efecto maravillosamente madurador en una persona. Los tiempos de guerra; famosamente, le confieren a las personas abundancia de ocasiones para levantarse; como también lo hacen los desastres naturales como inundaciones y huracanes. Pero para mantenerse día a día, probablemente no existe nada tan efectivo como la religión: convierte a las personas poderosas y talentosas en más humildes y pacientes; hace que las personas promedio se alcen sobre sí mismas, y proporciona un soporte a muchas personas que desesperadamente necesitan ayuda para mantenerse alejadas del alcohol, de las drogas o del delito.

Personas que de otra manera serían egoístamente introvertidas; superficiales, crudas, o que simplemente han renunciado a hacer cualquier esfuerzo, son a menudo ennoblecidas por su religión, que les proporciona una perspectiva de la vida que las ayuda a tomar las decisiones difíciles, que todos nosotros estaríamos orgullosos de tomar.

Ningún juicio general puede basarse en un muestreo tan limitado e informal; por supuesto. La religión hace que todo este bien; y más, sin ninguna duda; pero algo más que nosotros podamos diseñar podría hacerlo tan bien o mejor. Después de todo, existen muchos agnósticos y ateos sabios, moralmente comprometidos. Quizás una encuesta nos mostraría que como un grupo, los ateos y agnósticos son más respetuosos de la ley; más sensibles a las necesidades de otros; o más éticos que las personas religiosas. Ciertamente, ninguna encuesta confiable que haya mostrado lo contrario, ha sido conducida todavía. Podría ser que lo mejor que puede decirse de la religión es que ayuda a algunas personas a lograr el nivel de ciudadanía y moralidad típicamente hallado en los brights [ateos]. Si usted haya ofensiva esta conjetura, usted necesita ajustar su perspectiva.

Entre las preguntas que necesitamos considerar; objetivamente, está si el Islam es más efectivo que el cristianismo o menos efectivo que el cristianismo en mantener a las personas alejadas de las drogas y el alcohol (y si los efectos secundarios en cualquiera de los casos son peores que el beneficio); si el abuso sexual es un mayor o menor problema entre los Sikhs que entre los Mormones; y así. Usted no puede hacerle propaganda a todo lo bueno que hace su religión, sin primero sustraerle escrupulosamente todo el daño que hace, y considerar seriamente el asunto de si alguna otra religión; o ninguna religión en lo absoluto, lo hace mejor.

La Segunda Guerra Mundial ciertamente sacó lo mejor de muchas personas; y aquellos que la vivieron dicen a menudo que fue la cosa más importante de toda su vida; sin la cual sus vidas no hubiesen tenido sentido; pero ciertamente de esto no se puede concluir que deberíamos tratar de tener otra guerra mundial. El precio que usted paga por cualquier afirmación sobre la virtud de su religión o de cualquier otra religión es la voluntad manifiesta de ver vuestra afirmación abiertamente puesta a prueba. Mi punto aquí al comienzo es simplemente reconocer que nosotros ya sabemos lo suficiente sobre religión para saber que; por más terribles que sean sus efectos negativos—la intolerancia hacia todo lo que es diferente a uno y a su cultura; el fanatismo asesino; la opresión; la crueldad; y la ignorancia forzada, para citar los obvios—las personas que ven a la religión como la cosa más importante en la vida, poseen muchas razones para pensar eso.

CAPÍTULO SEGUNDO

¿Cui bono? *

Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios. El Dios de nuestra salvación. Selah.

—Santa Biblia; Libro de los Salmos 68:19

Mientras más aprendemos sobre los detalles de los procesos naturales; se hace más evidente que estos procesos son en sí mismos, creativos. Nada transciende a la Naturaleza como ella misma.

—Loyal Rue

*[Acotación del Traductor: ¿Cui bono?: ¿Bueno para quién? Ó ¿A quién beneficia? Es un adagio en latín que significa que la persona o personas culpables de cometer un delito puede ser hallada entre aquellos que tienen algo que ganar; quizás financieramente. Aunque el principio es útil en las investigaciones criminales, la parte que más tiene que ganar puede que no siempre sea obvia; o la parte culpable puede distraer la atención hacia un chivo expiatorio. Se dice que la expresión fue acuñada por el Cónsul y Censor romano; Lucius Cassius Longinus Ravilla, y fue usada por Marcus Tullius Cicero. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Cui_bono ]

Las cosas buenas no suceden simplemente al azar. Existen “Golpes de suerte”; pero sostener algo bueno simplemente no es por suerte. Puede ser la Providencia; por supuesto. Puede ser que Dios se asegura de que las cosas buenas ocurran y que se sostengan a sí mismas cuando no debería ser así, sin la intervención de Dios.

Pero un relato como ese tendrá que esperar su turno; por la misma razón que los investigadores del cáncer son renuentes a tratar a las inesperadas curaciones como simplemente “milagros” que no necesitan ninguna investigación adicional. ¿Cuál conjunto natural de procesos no-milagrosos podría producir y sostener este fenómeno que es tan altamente valorado? La única forma de tomar seriamente a la hipótesis de un milagro es la de eliminar todas las alternativas no-milagrosas.

La pichirrez de la Naturaleza puede ser vista dondequiera que miremos; si sabemos que buscar. Por ejemplo, los coyotes están emergiendo como una bienvenida añadidura a la vida silvestre de Nueva Inglaterra [el área más al noreste de los Estados Unidos de América, integrada por los estados de Connecticut, Maine, Massachusetts, New Hampshire, Rhode Island y Vermont.] aullando escalofriantemente en las noches de invierno. Pero estos hermosos predadores silvestres son temerosos de los humanos y rara vez son vistos. ¿Cómo puede usted distinguir sus huellas en la nieve de la de sus primos, los perros domésticos? Aún a corta distancia puede ser difícil distinguir la huella de una pata de coyote de la huella de la pata de un perro de similar tamaño—las garras de los perros tienden a ser más largas, ya que ellos gastan poco tiempo excavando—pero hasta desde lejos, el rastro de un coyote puede ser fácilmente distinguible del de un perro—las huellas se ven inexplicablemente derechas y en una línea de una sola fila; con las patas traseras casi perfectamente alineadas con las patas delanteras; mientras que las de un perro son típicamente un desorden; porque el perro salta alegremente de aquí para allá; prestándole atención a cualquier cosa que capta su curiosidad. (David Brown, 2004)

El perro está bien alimentado y sabe que va a obtener su cena sin importar que ocurra; mientras que el coyote funciona con un presupuesto muy ajustado y necesita conservar cada caloría para el trabajo a mano: su auto-preservación. Sus métodos de locomoción han sido inmisericordemente optimizados para la eficiencia. Pero; entonces, ¿Que explica el característico aullido de la manada? ¿Qué bien percibe el coyote con tan conspicuo gasto de energía? Difícilmente es de bajo perfil. ¿No sirve esto para espantar a su cena y llamar la atención hacia su presencia de los otros predadores? Tales costos no serán fácilmente recuperados; podría pensar uno. Éstas son buenas preguntas. Los biólogos están trabajando en ellas; y aunque ellos aún no tienen una respuesta definitiva; con toda seguridad ellos la buscarán. 2 Cualquier patrón como ese de demostración conspicua demanda una razón.

Considere; por ejemplo, el enorme despliegue de esfuerzo humano dedicado en todo el mundo al azúcar: no sólo a la plantación y a la cosecha de la caña de azúcar; remolachas, y la refinación y transporte del producto básico; sino también el mucho mayor mundo alrededor de la manufactura de caramelos; la publicación de libros de cocina llenos de recetas para postres; las propagandas de bebidas gaseosas y chocolate; la comercialización del Halloween; así como las partes que contra-balancean al sistema: clínicas para el tratamiento de la obesidad; investigaciones financiadas por los gobiernos sobre la epidemia de aparición temprana de la diabetes, dentistas, y la inclusión de flúor en las pastas de dientes y en el agua potable. Más de cien millones de toneladas métricas de azúcar son producidas y consumidas cada año. Para explicar las miles de características de este enorme sistema; que proporciona trabajo de por vida a millones de personas y que puede ser discernido en cada nivel de la sociedad, necesitamos muchas diferentes investigaciones científicas e históricas; sólo una pequeña fracción de la cual es biológica. Necesitamos investigar la química del azúcar; la física de la caramelización y cristalización; la fisiología humana, y la historia de la agricultura; pero también, la historia de la ingeniería, manufactura, transporte, financiamiento, geopolítica, publicidad, y mucho más.

Ninguno de estos gastos de dinero y tiempo relacionados con el azúcar existiría si no fuese por el negocio llevado a cabo hace cerca de 50 millones de años entre las plantas ciegamente “buscando” una forma de dispersar sus semillas polinizadas y animales similarmente buscando fuentes eficientes de energía para alimentar sus propios proyectos de reproducción. Las plantas tienen otras formas para hacer que sus semillas sean dispersadas; como planeadores y hélices llevados por el viento. Cada método tiene sus costos y beneficios.

Las pesadas semillas; llenas de azúcar, de las frutas pulposas son una estrategia de alta inversión; pero ellas pueden obtener una bonanza en forma de ganancia: el animal no sólo se lleva las semillas; sino que las deposita en un trozo de tierra adecuado envuelta en un paquete de fertilizantes (sus excrementos).

La estrategia casi nunca funciona—ni siquiera una vez por cada mil intentos—pero sólo tiene que funcionar una o dos veces en la vida de un árbol para reemplazarse a sí mismo en el planeta y mantener su linaje. Este es un buen ejemplo de la pichirrez de la Madre Naturaleza al final contando la absurda y extravagante combinación de abundantes métodos diferentes.

Ni siquiera un espermatozoide de cada mil millones cumple con su misión en la vida—gracias a Dios—pero cada uno está diseñado y equipado como si todo dependiese de su éxito. (los espermatozoides son como el correo basura (e-mail spam), tan baratos para hacer y entregar, que un pequeña tasa de ganancia es suficiente para financiar el proyecto).

La Coevolución aprobó el negocio entre las plantas y los animales; agudizando las capacidades de nuestros antepasados para distinguir al azúcar por su “dulzura”. Eso quiere decir; que la evolución le proporcionó a los animales específicas moléculas receptoras que responden a la concentración de azúcares de alta energía en cualquier cosa que prueben; y; para ponerlo crudamente, cableó esas moléculas receptoras a la maquinaria que les permite ver. Las personas generalmente dicen que nos gustan las cosas porque son dulces; pero esto en realidad lo pone al revés: es más exacto decir que algunas cosas son dulces (para nosotros) ¡porque a nosotros nos gustan! (y a nosotros nos gustan porque nuestros antepasados que fueron cableados para que les gustasen: obtenían mayor energía para la reproducción que sus colegas con un cableado menos afortunado.

No existe nada “intrínsicamente dulce” en las moléculas de azúcar (cualquier cosa que sea que eso signifique); pero ellas son intrínsecamente valiosas para los organismos que necesitan energía; así que la evolución se las ha arreglado para que los organismos tengan incorporada una preferencia por cualquier cosa que estimule a sus detectores que tienen el propósito especial de detectar fuentes de energía. Por eso es que nacemos con un gusto instintivo por los dulces—y, en general, mientras más dulce, mejor. Ambas partes—plantas y animales—se benefician, y el sistema se ha probado a sí mismo durante eones.

[Acotación del Traductor: Eón: Es una unidad de tiempo indefinidamente larga. En Astronomía equivale a mil millones de años. En Geología los Eones—el período mayor de tiempo geológico—se dividen en dos Eras, éstas a su vez en Períodos—que son la unidad básica de tiempo geológico; pero que a su vez se dividen en épocas, y se refieren al tiempo geológico durante el cual se formó un sistema estándar de rocas, Fuente: http://dictionary.reference.com/browse/ ]

Lo que pagó por todo el diseño y manufactura (de los equipos de las plantas y de los animales) fue la reproducción diferencial de animales frugívoros—que sólo comen frutas—y omnívoros—que comen todas las partes comestibles de plantas y animales—y de plantas productoras de frutos comestibles. No todas las plantas “decidieron” a favor del negocio de producir frutos; pero aquellas que lo hicieron, tuvieron que hacer sus frutos atractivos frente a la competencia. Todo tenía sentido perfectamente; económicamente, fue una transacción racional; conducida a un paso más lento que el movimiento de los glaciares durante eones; y; por supuesto, ninguna planta o animal tenía que entender nada de esto para que el sistema floreciera.

Este es un ejemplo de lo que yo llamo una racionalidad que flota libremente (Dennett, 1983, 1955b). Procesos evolucionarios ciegos; sin dirección, “descubrieron” diseños que funcionan. Funcionan porque poseen varias características, y esas características pueden ser descritas y evaluadas en retrospectiva como si ellos fuesen los intencionales niños cerebrales de diseñadores que habían inventado la racionalidad para el diseño, por adelantado. Esto no es controversial en una corrida general de los casos.

Los lentes de un ojo; por ejemplo, están exquisitamente diseñados para hacer su trabajo, y la racionalidad de la ingeniería de los detalles es inequívoca; pero ningún diseñador nunca articuló esto, hasta que la ingeniería del ojo fue descrita en reverso por los científicos. La racionalidad económica del quid pro quo [Latín: una cosa a cambio de otra] de los negocios de la coevolución es inequívoca; pero hasta sólo muy reciente, con la aparición del comercio humano hace unos pocos milenios. Las racionalidades de tales buenos negocios nunca estuvieron representados en ninguna mente.

Una digresión: Este es un punto que sobresale para aquellos que todavía no aprecian exactamente cuan bien establecida está la teoría de la evolución mediante la selección natural. Conforme a una reciente encuesta sólo cerca de un cuarto de la población de los Estados Unidos de América entiende que la evolución está tan bien establecida como el hecho que el agua es H2O. [Fórmula que quiere decir que cada molécula de agua está compuesta de dos átomos de Hidrógeno y un átomo de Oxígeno] Esta vergonzosa estadística requiere de alguna explicación, debido a que otras naciones avanzadas científicamente no muestran el mismo patrón. ¿Podría tanta gente estar equivocada? Bien, hubo un tiempo no hace mucho, cuando sólo una pequeña minoría de los habitantes de la Tierra creía que era redonda y que orbitaba alrededor del Sol; así que sabemos que las mayorías pueden estar completamente equivocadas. ¿Pero cómo; frente ante tantas asombrosas confirmaciones y tan masivas evidencias científicas, podrían tantos estadounidenses no creer en la evolución? Es simple: a ellos se les ha dicho solemnemente que la teoría de la evolución es falsa (o por lo menos que no ha sido comprobada) por personas en las que ellos confían más de lo que confían en los científicos. Aquí está una pregunta interesante: ¿A quién debemos culpar por esta extendida desinformación de la población? Supongan que los sacerdotes de vuestra fe, que son personas sabias y buenas, le aseguran a usted que la evolución es una teoría falsa y peligrosa.

Si usted es una persona, que no es ni sacerdote ni un profesional de alguna ciencia; usted podría caer por inocente al tomar seriamente la palabra de su sacerdote y después transmitirla con autoridad a vuestros hijos. Todos nosotros confiamos en los expertos en muchas cosas; y éstos (los sacerdotes) son vuestros expertos. ¿Pero dónde obtuvieron esos sacerdotes esta desinformación? Si ellos afirman que la obtuvieron de científicos, ellos han sido engañados crédulamente; ya que no existe ningún científico reconocido que afirme eso. Ni siquiera uno. Sin embargo, existen abundantes fraudes y charlatanes. Como usted puede ver, yo no suavizaré mis palabras.

¿Qué hay sobre los Científicos Creacionistas y sobre los proponentes del Diseño Inteligente, que son tan vocales y visibles en bien publicitadas campañas? Ellos han sido cuidadosa y pacientemente desmentidos por científicos conscientes que se han tomado la problemática tarea de penetrar sus cortinas de humo y pantallas propagandísticas para exponer como totalmente falsos sus argumentos intencionalmente negligentes y de mala calidad, y su aparentemente deliberadas y falsas representaciones y evasiones. 3
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3 [Acotación del Traductor: Por considerar que este punto del Autor es de suma importancia, he decidido convertir la siguiente nota al final incluida en la página 393 de este libro en la siguiente nota dentro del texto]:

Una encuesta de apertura de la voluminosa literatura sobre el Creacionismo y el Diseño Inteligente incluye a Pennock, 2003, Tower of Babel: The Evidence Against the New Creacionism (Torre de Babel: La Evidencia en Contra del Nuevo Creacionismo); Perakh, 2003, Unintelligent Design (Diseño Desinteligente); Shanks, 2004, God, the Devil and Darwin: A Critique of Intelligent Design Theory (Dios, el Diablo y Darwin: Una Crítica a la Teoría del Diseño Inteligente; Young y Edis, 2004, Why Intelligente Design Fails: A Scientific Critique of the New Creacionism (Porqué Falla el Diseño Inteligente: Una Crítica Científica del Nuevo Creacionismo; y Academia Nacional de Ciencias (de los Estados Unidos de América), 1999, Science and Creacionism (Ciencia y Creacionismo). La revista de Mayo-Agosto de Reportes del Centro Nacional para la Educación de la Ciencia (de los Estados Unidos de América), revisó varias docenas de libros recientes sobre el tópico; incluyendo a más de una docena (de variada calidad) escritos desde una perspectiva Cristiana o Judía. Para ver excelentes revisiones de la biología evolucionaria contemporánea, recomiendo altamente la antología de obras actuales editada por Moya y Font, 2004, Evolution: From Molecules to Ecosystems (Evolución: De Moléculas A Ecosistemas); los dos volúmenes de la Encyclopedia of Evolution (Enciclopedia de la Evolución) editada por Pagel, 2002, y la décimo-séptima edición del libro de texto Life: The Science of Biology (Vida: La Ciencia de la Biología), de Puerves, et al., 2004. Existen docenas de buenos sitios de internet donde uno puede encontrar refutaciones autoritativas y justas de las obras de los más prominentes críticos de la evolución como William Dembski y Michael Behe. Uno de los mejores es el Center for Science Education (Centro para la Educación de la Ciencia) en: http://www.ncseweb.org
Existen también abundantes sitios de internet dedicados al Diseño Inteligente; por supuesto, pero ninguna revista científica seria revisada por colegas científicos, ¿Porqué será eso? Si el Diseño Inteligente fuese una idea cuyo tiempo ha llegado, uno pensaría que los científicos jóvenes estuviesen revoloteando alrededor de sus laboratorios; pegados a sus computadoras, luchando contra la competencia para ganarse algún Premio Nóbel que con toda seguridad espera por alguien que pueda desmentir cualquier proposición significativa de la biología contemporánea. Los fanáticos del Diseño Inteligente insisten en que el mundo científico está parcializado en contra de su trabajo lo que hace imposible para ellos entrar a las revistas científicas ampliamente reconocidas y respetadas; pero esto simplemente no es creíble.

El Instituto Discovery y otros bien financiados paraísos de la “investigación” del Diseño Inteligente podrían fácilmente costear la producción de una revista científica de alta calidad revisada por colegas científicos—si es que existiese algo que publicar allí—y si ellos pudiesen hallar a científicos reputados que hagan las revisiones. Literalmente, miles de artículos científicos revisados por colegas científicos son publicados cada año; detallando y extendiendo la teoría básica de la evolución, y la mayoría de los autores de estos artículos nunca se hacen famosos; a pesar de su probada experticia. Seguramente un puñado de ellos podría felizmente saltar la talanquera y arriesgarse a ser convertido en un hazmerreír, al intentar hacerse famoso como el científico que refutó a Charles Darwin. Pero quienes apoyan al Creacionismo ni siquiera se atreven a ofrecer una carnada como esa. Ellos saben mejor. Ellos saben que lo único que tienen a su favor es propaganda, por eso es que gastan su dinero sólo en propaganda.

William Dembski (2003), ha puesto a su disposición una lista de cuatro (¡cuéntenlos!) artículos revisados por colegas que; dice él, apoyan los temas del Diseño Inteligente. (Él también lista su propio libro de 1998 que de hecho está publicado en una serie revisada por colegas de la Cambridge University Press), Pero los propios comentarios de Dembski sobre estos ensayos dejan claro que sus argumentos son como máximo; como lo pone él, “no-Darwinianos” (ellos son conducidos sin ningún principio específicamente Darwiniano) y en consecuencia podrían ser usados para apoyar el argumento del Diseño Inteligente. Ninguno de ellos realmente propone un argumento a favor del Diseño Inteligente.

______________________Fin de la Nota.

William Dembski

[Acotación del Traductor: William Albert Dembski (nacido en 1960 en los Estados Unidos de América), es un matemático, filósofo y teólogo proponente del diseño inteligente en oposición a la teoría de la evolución mediante la selección natural. Entre 1999 y 2005 fue profesor en la Universidad Baylor donde fue un constante foco de controversia. Durante el año académico 2005-2006 fue brevemente profesor de teología y ciencia en el Seminario Teológico de los Bautistas Sureños, en Louisville, Kentucky, así como el primer director del nuevo Centro de Teología y Ciencia (desde ese entonces asumido por el bien conocido creacionista Kurt Wise). El 1 de junio de 2006 fue profesor de filosofía en el Seminario Teológico de los Bautistas del Suroeste en Fort Worth, Texas. De acuerdo a Dembski, el estudio científico de la naturaleza revela evidencia de diseño y él se opone a lo que considera es el compromiso de la ciencia mundialmente aceptada con “el materialismo ateo o naturalismo”. Su trabajo es controversial y organizaciones de la comunidad científica, como la Academia Nacional de Ciencias y La Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, consideran al diseño inteligente como pseudo-ciencia; y voces dentro de la comunidad científica descalifican sus credenciales como comentarista sobre ciencia, filosofía y matemáticas. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/William_Dembski ]

Michael Behe

[Acotación del Traductor: Michael J. Behe (nacido en 1952 en los Estados Unidos de América), es un bioquímico proponente del diseño inteligente; profesor de bioquímica de la Universidad Lehigh de Pennsylvania y Miembro Principal del Centro Para la Ciencia y la Cultura del Instituto Discovery—una organización creacionista—Sus afirmaciones sobre el diseño inteligente han sido catalogadas como pseudo-ciencia. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Behe ]

Si usted no está de acuerdo de todo corazón con esta contundente refutación, usted tiene dos buenas opciones a considerar en este punto:

1. Edúquese usted mismo sobre la teoría evolucionaria y sus críticos; y antes de proseguir, vea por sí mismo que lo que digo es cierto (Las notas finales de este capítulo—[Que el Traductor incluyó en la página anterior]—proporcionan todas las referencias que necesitará para continuar; y sólo le deben tomar unos pocos meses de duro trabajo).

2. Suspenda temporalmente su incredulidad para poder aprender lo que un evolucionista hace de la religión como fenómeno natural. (Quizás su tiempo y energía como escéptico sería mejor invertido tratando de llegar al meollo de esta perspectiva evolucionista en búsqueda de un error fatal).

Alternativamente, usted podría creer que no necesita considerar la evidencia científica en lo absoluto; porque “la Biblia dice” que la evolución es falsa; y esto es todo lo que existe. Esta es la posición más extrema que es reconocida algunas veces. Aún si usted cree que la Biblia es la última y perfecta palabra sobre todo tópico; usted está obligado a reconocer que existen personas en el mundo que no comporten vuestra interpretación de la Biblia. Por ejemplo, muchos toman a la Biblia como la Palabra de Dios; pero no leen en ella, que descarte a la evolución; así que es exactamente un simple hecho de la vida diaria que la Biblia no es un plausible candidato para ser el fundamento común a ser compartido sin ninguna discusión adicional en una conversación razonable. Si usted insiste en que sí lo es; usted está thumbing your nose a toda la investigación (Adiós, y espero que regrese algún día)

[Acotación del Traductor: Thumbing your nose: Colocarse el pulgar en la nariz y extender el resto de los dedos como un crudo desafío o gesto de arrogancia. 2. Expresar rechazo, o desdén arrogantemente. Fuente:
http://dictionary.reference.com/browse/thumb%20one%27s%20nose ]

¿Pero no existe aquí una injustificada asimetría; conmigo rehusándome a defender mi anti-creacionismo aquí y ahora, mientras desecho a los inerrantist bíblicos por no jugar conforme a las reglas de la discusión racional?

[Acotación del Traductor: Inerrantist: Aquél que cree en la inequívoca o verdad literal de un escrito o documento en particular. Fuente: http://dictionary.reference.com/browse/inerrantist ]

No. Porque yo he dirigido a todos hacia la literatura que defiende la negación del creacionismo en contra de todas las objeciones; mientras que los inerrantist se rehúsan hasta asumir esa obligación. Para ser simétricos, los inerrantist deberían estimularme a consultar la literatura; si es que existe, que aparente demostrar; en contra de toda objeción, que la Biblia es de hecho la Palabra de Dios y que ésta descarta a la evolución. A mí todavía nadie me ha dirigido hacia tal literatura; y no la he encontrado en ningún sitio de internet. Pero si existe, de hecho garantiza ser considerada como tópico para otro día y otro proyecto—al igual que el creacionismo y sus críticos.

Aquellos lectores que aún continúan leyendo este libro, no demandarán ninguna consideración adicional de mi parte sobre el creacionismo y sus variantes; debido a que les he dicho donde encontrar las respuestas que yo apoyo; para mejor o peor. Fin de la digresión.

Los abogados tienen una frase en latín en su arsenal: ¿Cui bono?, que significa “¿Quién se beneficia con esto?”, una pregunta que es aún más central en la biología evolucionaria que en la ley (Dennett, 1995b).

Cualquier fenómeno en el mundo viviente que aparentemente exceda a lo funcional, grita pidiendo una explicación. La sospecha es siempre que debemos estarnos perdiendo de algo; debido a que todo gasto gratuito es; en una palabra, ineconómico; y como nos recuerdan siempre los economistas, no existe tal cosa como un almuerzo gratis.

Nosotros no nos maravillamos ante un animal tenazmente escarbando la tierra con su nariz; porque nos imaginamos que busca algo de comer; pero si irregularmente deja de escarbar y realiza saltos acrobáticos, queremos saber porqué.

Los accidentes ocurren. Siempre es posible que alguna característica de una criatura viva que parezca como un exceso innecesario, sea simplemente tan innecesaria como parece (en vez de una trama profunda y desconcertante de algún juego que nosotros no entendemos). Pero la evolución es asombrosamente eficiente en sacar de la escena a los accidentes innecesarios; así que si hallamos un patrón persistente de un costoso equipo o actividad; podemos estar seguros de que algo se beneficia de ello en el único inventario que la evolución honra: la reproducción diferencial.

Nosotros debemos lanzar nuestra red ampliamente cuando estamos cazando a los beneficiarios; porque ellos son a menudo elusivos.

Supóngase que usted encuentra ratas que extravagantemente arriesgan sus vidas en la presencia de gatos; y se hace la pregunta ¿Cui bono?.

¿Qué beneficio perciben esas ratas con este estúpido comportamiento? ¿Se están ellas pavoneando para impresionar a compañeros potenciales; o su extravagante comportamiento mejora su acceso a buenas fuentes de alimento?. Concebiblemente. Pero usted probablemente está buscando al beneficiario en el lugar equivocado. Al igual que el gusano bisturí plano que se ha residenciado en la inagotable hormiga, con el que comencé este libro, existe un parásito; Toxoplasma gondii, que puede vivir en muchos mamíferos pero que necesita llegar hasta el estómago de un gato para reproducirse, y cuando infecta a las ratas tiene la útil propiedad de interferir con sus sistemas nerviosos haciéndolas hiperactivas y relativamente sin miedo—y en consecuencia ¡mucho más probable de ser comida por algún gato del vecindario!
¿Cui bono? El beneficio es para la mejor aptitud—el éxito reproductivo—del Toxoplasma gondii, no de las ratas que éste infecta (Zimmer, 2000)

Todo negocio en la naturaleza tiene su racionalidad—flotando libremente; a menos que suceda que es un negocio diseñado por negociantes humanos—los únicos representantes de la racionalidad que han evolucionado en el planeta; hasta ahora.

Pero una racionalidad puede llegar a convertirse en obsoleta. A medida que las oportunidades y los peligros ambientales cambian; un buen negocio puede colapsar. A la evolución le toma tiempo “reconocer” esto. Nuestra afición a los dulces es un buen ejemplo.

Al igual que los coyotes; nuestros antepasados cazadores-recolectores vivían con presupuestos para energía sumamente ajustados; y tenían que aprovecharse prácticamente de cada oportunidad para almacenar calorías para usarlas en caso de emergencia. Un apetito por los dulces; prácticamente insaciable, tenía sentido en ese entonces. Pero ahora que nosotros hemos desarrollado métodos para crear una superabundancia de azúcar, esa insaciabilidad se ha convertido en una seria falla de diseño. Reconociendo la fuente evolucionaria de este mal funcionamiento nos ayuda a averiguar como manejarlo.

Nuestro apetito por los dulces no es simplemente un accidente o un defecto sin sentido en un sistema que de otra manera es excelente; fue diseñado para hacer el trabajo que hace, y si nosotros subestimamos su capacidad para enfrentarse a las dificultades; su resistencia a la perturbación y a la supresión, nuestros esfuerzos para enfrentarnos a él probablemente sean contraproducentes.

Existe una razón por la cual adoramos al azúcar, y es—o era—por una muy buena razón. Nosotros hallamos otros amores que ya se han hechos obsoletos y que necesitan de nuestra atención.

Mencioné a la música en el capítulo anterior, y eventualmente pasaremos a un examen más detallado de sus posibles fuentes evolucionarias; pero quiero hacer un calentamiento previo sobre cosas más fáciles que amamos. ¿Qué hay del alcohol? ¿Qué hay sobre el dinero? ¿Qué hay del sexo?.

El sexo representa uno de los más interesantes y desafiantes problemas en la teoría evolucionaria; porque frente a él, la reproducción sexual es; de hecho, un mal negocio. Olviden—por el momento—nuestro tipo humano de sexo (sexo sexy), y consideren a las más básicas variedades de reproducción sexual en el mundo viviente: la reproducción sexual de casi todas las formas de vida multi-celular; desde insectos, hasta almejas y árboles de manzana; y hasta muchos organismos de una sola célula.

El gran biólogo evolucionario; François Jacob, una vez hizo la sarcástica afirmación de que el sueño de cada célula es convertirse en dos células. Cada vez que ocurre la fisión celular, una copia completa del genoma de la célula es copiado en su descendencia. La célula progenitor se clona a sí misma; en otras palabras, el organismo resultante comparte el 100 por ciento de los genes de su progenitor. Si usted puede hacer copias genéticas perfectas de sí mismo, ¿Para qué incurrir en el gasto de reproducirse sexualmente, lo que involucra no sólo hallar a un compañero sino; mucho más importante, pasarle sólo la mitad de vuestros genes a vuestra descendencia?.

Esta reducción del 50 por ciento (desde el punto de vista de los genes) es conocida como el costo de la meiosis (el tipo de fisión que ocurre en las células sexuales; para distinguirla de la fisión de la clonación, llamada mitosis).

Algo debe pagar el costo; y debe pagarlo al contado y en efectivo, no a plazos, ni con tarjetas de crédito, porque la evolución carece de visión a futuro y no puede aprobar negocios sobre la base especulativa de una ganancia eventual en un tiempo distante.

La reproducción sexual es; en consecuencia, una inversión costosa que tiene que financiarse a sí misma en el corto plazo. Los detalles de la teoría y de los experimentos sobre este tópico son fascinantes. (vea, e.g., Maynard Smith, 1978; Ridley 1993), pero para nuestros propósitos resaltar unos pocos datos sobre la actual principal teoría es más instructivo: el sexo (en los vertebrados; como nosotros, por lo menos) paga por sí mismo al producir descendencia relativamente inescrutable para los parásitos que les donamos al nacer.

Los parásitos tienen cortos períodos de vida en comparación con sus anfitriones, y típicamente, se reproducen muchas veces durante la vida del anfitrión. Los mamíferos; por ejemplo, son anfitriones de billones de parásitos (Sí; en este momento, sin importar cuan saludable y aseado sea usted, existen billones de parásitos de miles de especies diferentes habitando en vuestros intestinos, torrente sanguíneo, piel, cabello, boca, y toda otra parte de vuestro cuerpo. Ellos han estado evolucionando rápidamente para sobrevivir a las matanzas provocadas por vuestras defensas desde el día en que usted nació).

Antes de que una hembra madure hasta la edad reproductiva, sus parásitos evolucionan para adaptarse a ella mejor que un guante (Mientras tanto, su sistema inmunológico evoluciona para combatirlos, un empate—si ella es saludable—en una carrera armamentista siempre en progreso). Si ella diese a luz un clon; sus parásitos saltarían hacia él y se hallarían en casa desde el comienzo. Ellos ya estarían optimizados para su nuevo ambiente. Si en vez de eso ella usa la reproducción sexual para dotar a su descendencia con un conjunto de genes mezclados (la mitad provenientes de su compañero), muchos de estos genes—o, más directamente, sus productos—en las defensas internas del recién nacido—serían extrañas o un rompecabezas para el parásito que está cambiando de barco. En vez de hogar dulce hogar, los parásitos se hallarían a sí mismo en una terra incognita. Esto le proporciona al recién nacido una ventaja en la carrera armamentista.

¿Podría tal negocio pagar por sí mismo? Esa es la pregunta en el meollo de la investigación actual de la biología evolucionaria; y si una respuesta positiva soporta escrutinios adicionales, entonces habremos hallado la antigua fuente, todavía en progreso, del gigantesco sistema de actividades y productos sobre los cuales pensamos normalmente, cuando pensamos en el sexo: rituales matrimoniales; tabúes en contra del adulterio; estilos de vestir y de cabellos; refrescantes del aliento; pornografía; condones, HIV y todo el resto.

Para explicar porque existen todas y cada una de las facetas de este gigantesco complejo, tenemos que echar mano de diferentes tipos y niveles de teorías; no todas biológicas.

Pero nada de eso existiría si nosotros no fuésemos criaturas que se reproducen sexualmente; y nosotros necesitamos entender primero a los subyacentes soportes biológicos si queremos obtener una clara visión de lo que es opcional; o meramente un accidente histórico; qué es altamente resistente a las perturbaciones; y qué es explotable.

Existen razones por las cuales nosotros amamos el sexo; y ellas son más complicadas de lo que usted podría pensar.

Con el alcohol, emerge una perspectiva diferente en alguna forma. ¿Qué paga por las fábricas de cerveza, los viñedos y las destilerías; y los masivos sistemas de distribución que llevan a las bebidas alcohólicas al fácil acceso de casi cada ser humano del planeta?

Nosotros sabemos que el alcohol; al igual que la nicotina, la cafeína, y los ingredientes activos del chocolate, tienen moléculas receptoras muy específicas en nuestros cerebros. Supongamos al comienzo que estos efectos son pura coincidencia. Que el hecho, de que algunas grandes moléculas de algunas plantas resulten ser bioquímicamente similares a las grandes moléculas que desempeñan importantes roles de modulación en los cerebros animales es; supongamos; tan probable como no probable. La evolución está obligada siempre a comenzar con un elemento de azar bruto. Pero; entonces, no es sorprendente que, durante millones de años de ingestión exploratoria, nuestra especie y otras, descubran las plantas con ingredientes psicoactivos y desarrollen una disposición preferencial o adversa en cuanto a ellas.

Se sabe que los elefantes—y los babuinos, y otros animales africanos—se emborrachan comiendo las frutas fermentadas de los árboles de Marula.

Frutas Árbol Semillas

Árbol de Marula (Screrocarya birrea)

Y existe evidencia de que los elefantes viajan grandes distancias para llegar hasta los árboles de Marula precisamente cuando sus frutas maduran. Parece que las frutas se fermentan en sus estómagos cuando levaduras residentes en las frutas atraviesan una explosión poblacional, consumiendo el azúcar y excretando dióxido de carbono y alcohol. El alcohol crea el mismo tipo de efecto placentero que experimentan los humanos, en el cerebro de los elefantes.

Puede ser que el negocio básico acordado entre los árboles frutales y los frugívoros (los animales que comen frutas)—la diseminación de sus semillas a cambio de azúcar—es mejorado por una sociedad adicional entre las levaduras y los árboles frutales. Esto crearía una atracción adicional que paga en la forma de mejorar los prospectos reproductivos tanto de las levaduras como de los árboles; o podría ser simplemente un accidente silvestre.

En cualquier caso, otra especie, Homo sapiens, ha cerrado el círculo e iniciado precisamente un negocio co-evolucionario: nosotros domesticamos tanto a las levaduras como a las frutas; y durante miles de años hemos estado seleccionando artificialmente las variedades que mejor engendran los efectos que amamos.

Las células de las levaduras proporcionan un servicio por el cual reciben en pago protección y nutrientes. Eso significa que los cultivos de levaduras cuidadosamente cruzados por los fabricantes de cerveza, vino y panaderos, son simbiontes humanos exactamente iguales a las bacterias Escherichia coli que habitan en nuestros intestinos.

A diferencia de las bacterias endosimbióticas como el Toxoplasma gondii, que tienen que ingresar a los cuerpos de las ratas y gatos, las células de las levaduras son especies ectosimbióticas, como el pez “limpiador” que acicala a los peces más grandes; dependiendo de otra especie—nosotros—pero sin tener que ingresar a nuestros cuerpos. Ellas podrían—como un diligente pez limpiador—ser ingeridas por nosotros más o menos accidentalmente; pero son ¡sólo sus excreciones las que necesitan ingresar a nuestro cuerpo para que ellas prosperen!

Ahora consideren un asombrosamente diferente tipo de cosa: el dinero. A diferencia de los otros bienes que hemos considerado, está restringido (hasta ahora) a una sola especie—nosotros—y su diseño es transmitido a través de la cultura; no a través de los genes.

Tendré más que decir sobre la evolución cultural en posteriores capítulos. En este vistazo introductorio quiero señalar sólo unas pocas asombrosas similaridades entre el dinero y los tesoros “más biológicos” que acabamos de revisar.

Al igual que la vista y el vuelo; el dinero ha evolucionado más de una vez. 5, y en consecuencia es un candidato obligatorio para lo que yo llamo un Buen Truco—un movimiento en diseño espacial que será “descubierto” una y otra vez, por procesos evolucionarios ciegos, simplemente porque tantas rutas de adaptación conduce a él y de paso lo apoyan (Dennett, 1995b).

Los economistas han descrito la racionalidad para el dinero en algún detalle. El dinero es claramente una de las “invenciones” más efectivas de nuestra inteligente especie; pero la racionalidad flotaba libremente hasta muy recientemente.

Nosotros usamos; dependimos de; y valoramos al dinero, y ocasionalmente matamos y morimos por dinero; mucho antes de que la racionalidad de su valor fuese hecha explícita en alguna mente. El dinero no es la única invención cultural que carece de un inventor o autor específico.

Nadie inventó el lenguaje; ni la música tampoco. 6 Una entretenida coincidencia es que un viejo nombre para el dinero en la forma de monedas y papel, es especie (de la misma raíz latina species) y, como han notado muchos, la racionalidad flotante para especie podría colapsar en el futuro previsible; y podría extinguirse ante la aparición de las tarjetas de crédito y otras formas de transferencia electrónica de fondos.

La especie al igual que un virus; viaja sin equipaje y no porta su propia maquinaria reproductiva; sino en vez de eso, depende para la persistencia de su tipo de provocar a un anfitrión (nosotros) para que haga copias de ella usando nuestra costosa maquinaria reproductiva (imprentas, estampados y tintas). 7

Las monedas individuales y piezas de papel moneda se desgastan con el tiempo; y a menos que más de ellas sean hechas y adoptadas, todo el sistema podría extinguirse. (usted puede confirmar esto tratando de comprar una lancha con una pila de conchas de caracol). Pero debido a que el dinero es un Buen Truco, espere que algunas otras especies de dinero tomen el control del nicho dejado vacante por la especie fallecida.

Concha del Caracol marino Cypraea moneta

[Acotación del Traductor. Cowry [inglés]: también escrito Cowrie, son caracoles marinos del género Cypraea (familia Cypraeidae), hallados principalmente en las regiones tropicales. Sus conchas son casi siempre lisas (unas pocas especies tienen conchas granulares) y más o menos en la forma de un huevo, con una larga y estrecha apertura parecida a una ranura. Todas las variedades tienen un brillo parecido al de la porcelana (excepto el cowrie granulado de Hawaii, y muchos de ellos tienen coloridos patrones. Su tamaño varía desde los 5 milímetros hasta los 15 centímetros del cowrie tigre (Cypraea tigris). La especie Cypraea moneta fue usada en África y en China como moneda. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Cowrie ]

Tengo otro motivo ulterior para hablar del dinero. Los bienes que hemos estado examinando—azúcar, sexo; alcohol, música y dinero—son todos problemáticos porque en cada caso nosotros podemos desarrollar una obsesión, o desear demasiado de una buena cosa; pero el dinero tiene quizás la peor reputación de una buena cosa. El alcohol es condenado por muchos—por los musulmanes en particular—pero entre los que lo aprecian—como los católicos romanos—una persona que lo ama con moderación no es considerada innoble o tonta. Pero se supone que todos nosotros debemos despreciar al dinero como una cosa en sí misma; y valorarlo únicamente instrumentalmente.

El dinero es un “sucio lucro”; algo para ser disfrutado solo por lo que puede proveer en la forma de cosas más valiosas; cosas con valor “intrínseco”. 8 Como dice la vieja canción, en forma no totalmente convincente, todas las mejores cosas de la vida son gratis. ¿Es esto porque el dinero es “artificial” y todas las otras cosas son “naturales”? Probablemente no. ¿Es un cuarteto de cuerdas o un güisqui puro de malta o una trufa de chocolate algo menos artificial que una moneda de oro?.

Lo que nosotros deberíamos hacer de este tema en la cultura humana es una pregunta interesante; sobre la cual diré algo más adelante, pero mientras tanto debemos notar que el único asidero que hemos visto hasta ahora para el valor “intrínseco” es la capacidad de algo para provocar una respuesta preferencial en el cerebro en forma muy directa.

El dolor es “intrínsecamente malo” pero esta negativa valoración es tan dependiente de una racionalidad evolucionaria como la “bondad intrínseca” del hambre satisfecha. Aunque llamemos a una rosa por cualquier otro nombre su aroma siempre será igual de dulce; sin duda, pero también es cierto que si hurgar alrededor de cadáveres de elefantes en descomposición fuese tan bueno para nuestros prospectos reproductivos, como lo es para los buitres, percibiríamos el olor de elefantes muertos tan dulce como una rosa. 9

Los biólogos insisten en hurgar bajo la superficie de los valores “intrínsecos” y en preguntarse porqué existen; y cualquier respuesta que es soportada por los hechos tiene el efecto de demostrar que el valor en cuestión es—o fue alguna vez—realmente instrumental; no intrínseco, aún si no lo vemos así. Por supuesto, un valor realmente intrínseco, no podría tener una explicación como esa. Debería ser bueno, porque es bueno, no porque era bueno para algo.

Una hipótesis a ser considerada seriamente; entonces, es que todos nuestros valores “intrínsecos” comenzaron como valores instrumentales, y ahora que su propósito original ha dejado de existir; por lo menos ante nuestros ojos, permanecen como cosas que nos gustan simplemente porque nos gustan. (¡eso no significaría que estemos equivocados porque nos gustan!. Significaría—por definición—que nos gustan sin que exista una razón ulterior para que nos gusten).

CAPÍTULO TERCERO

Preguntando Qué Paga Por La Religión

¿Pero cuáles son los beneficios; porqué las personas quieren religión; después de todo? Ellos la quieren porque la religión es la única fuente plausible de ciertas recompensas para las cuales existe una demanda general e inagotable.

—Rodney Stark y Roger Finke: Actos de Fe.

Cualquier otra cosa que sea la religión; ella es un fenómeno humano; es una actividad enormemente costosa, y la biología evolucionaria demuestra que nada tan costoso simplemente ocurre—porque sí—Cualquier gasto regular de esa magnitud de tiempo y energía tiene que ser balanceado por la obtención de algo de “valor”; y la ultimada medida evolucionaria de “valor” es la aptitud: la capacidad para replicarse más exitosamente que la competencia. (¡esto no significa que debemos valorar a la replicación por encima de todas las cosas!. Sólo significa que nada puede evolucionar y persistir por largo tiempo en este demandante mundo, a menos que provoque de alguna manera su propia replicación mejor que la replicación de sus rivales).

Debido a que el dinero es una innovación tan reciente, desde el punto de vista de la historia evolucionaria, es absurdamente anacrónico preguntar qué paga por una u otra evolucionada característica biológica como si existiesen verdaderos libros de contabilidad y transacciones, en la oficina administrativa de Darwin.

Sin embargo, esta metáfora capta simpáticamente el subyacente balance de fuerzas observado por doquier en la naturaleza, y nosotros no conocemos de ninguna excepción a esta norma. Así que; arriesgando ser ofensivo, pero encogiéndome de hombros ante ese riesgo como simplemente un aspecto más del tabú que estamos obligados a romper, pregunto: ¿Qué paga por la religión?

Aborrezca este leguaje si tiene que hacerlo; pero eso no le proporciona a usted ninguna buena razón para ignorar la pregunta. Cualquier afirmación al efecto de que esa religión—vuestra religión entre todas las religiones—sobresale por encima de la biosfera y no tiene que responder a esta demanda, es simplemente una protesta sin base.

Podría ser que Dios le implante a cada ser humano un alma inmortal que está sedienta de oportunidades para adorar a Dios. Eso; de hecho, explicaría el negocio acordado; el intercambio de tiempo y energía humana a cambio de religión. La única forma honesta de defender esa proposición; o cualquier cosa parecida, es darle una justa consideración a las teorías alternativas sobre la persistencia y popularidad de la religión, y descartarlas demostrando que son incapaces de explicar el fenómeno observado. Además, usted podría querer defender la hipótesis de que Dios creó el universo para que nosotros evolucionásemos para sentir un amor por Dios. Si es así, nosotros querríamos entender cómo ocurrió esa evolución.

El mismo tipo de investigación que descifró los misterios de la dulzura y el alcohol; y del sexo y el dinero, puede ser llevado a cabo para descifrar las muchas facetas de la religión. Hubo una época; no hace mucho tiempo; conforme a los estándares evolucionarios, cuando no existía religión en este planeta; pero ahora hay montones de ella. ¿Porqué?

Podría existir una fuente evolucionaria primaria; o muchas, o podría desafiar en su totalidad al análisis evolucionario. Pero no lo sabremos hasta que lo averigüemos.

¿Necesitamos realmente averiguar esto? ¿No podemos aceptar simplemente el obvio hecho de que la religión es un fenómeno humano; y que los humanos son mamíferos, y en consecuencia productos de la evolución, y entonces dejar los subyacentes soportes biológicos de la religión hasta allí?

Las personas crean religiones, pero ellas también crean automóviles, literaturas, deportes, y con toda seguridad nosotros no necesitamos hurgar profundamente en la prehistoria biológica para entender las diferencias entre un sedán, un poema y un torneo de tenis.

Poema:

Al brillar un relámpago nacemos
Y aún dura su fulgor cuando morimos
La gloria y el amor tras que corremos
Sombras de un sueño son que perseguimos
Despertar es morir.

—Gustavo Adolfo Bécquer
(Gustavo Adolfo Domínguez Bastida—1836-1870)

Sedán: Torneo de Tenis:

¿No son la mayoría de los fenómenos religiosos que necesitan ser investigados, culturales y sociales; ideológicos, filosóficos, políticos, económicos, históricos—y en consecuencia, de alguna manera están “por encima” del nivel biológico?.

Esta es una presunción familiar entre los investigadores de las ciencias sociales y humanidades; quienes a menudo consideran como “reduccionista” (y de malos modales) hasta hacer preguntas sobre las bases biológicas de este encantador e importante fenómeno.

Puedo ver a algunos antropólogos culturales y sociólogos torciendo sus ojos en desdén—“!Oh no!, aquí viene Darwin otra vez; ¡Entrometiéndose donde no es necesario!—mientras algunos historiadores y filósofos de la religión y teólogos, se ríen burlonamente de cualquier filisteo que pueda preguntar seriamente por los subyacentes soportes evolucionarios de la religión: “¿Qué vendrá después? ¿Una búsqueda del gen del catolicismo?”.

Esta negativa respuesta es ofrecida típicamente sin pensar; pero no es una tontería. Está apoyada en parte por desagradables recuerdos de pasadas campañas que fracasaron: ingenuas y mal informadas intromisiones de biólogos hacia la espesura de la complejidad cultural.

Existe un buen caso para ser argumentado de que las ciencias sociales y las humanidades—las geisteswissenchaften, o ciencias de la mente—tienen sus propias “autónomas” metodologías y tópicos, que son independientes de las ciencias naturales.

Pero a pesar de todo lo que pueda decirse a favor de esa idea, (y yo invertiré algún tiempo buscando el mejor caso a su favor a su debido tiempo), el aislamiento disciplinario que esto motiva se ha convertido en un gran obstáculo para la buena práctica científica; en una pobre excusa para la ignorancia; en una muleta ideológica que debe ser lanzada a la basura. 10

Nosotros poseemos razones particularmente obligantes para investigar las bases biológicas de la religión ¡ya!.

Algunas veces—raramente—las religiones resultan mal, desviándose hacia algo parecido a la locura o histeria, y causando un gran daño. Ahora que nosotros hemos creado las tecnologías para causar catástrofes globales; nuestro peligro está multiplicado al máximo: una tóxica manía religiosa podría acabar con la civilización humana de la noche a la mañana.

Nosotros necesitamos entender que hace funcionar a la religión; para poder protegernos de una manera informada de las circunstancias en las cuales las religiones hacen cortocircuito.

¿De qué está compuesta la religión? ¿Cómo se ensamblan sus partes? ¿Cómo se entrelazan? ¿Cuáles efectos dependen de cuáles causas? ¿Cuáles características; si acaso hay alguna, invariablemente ocurren juntas? ¿Cuáles se excluyen las unas a las otras? ¿Qué constituye la salud y la enfermedad del fenómeno religioso?.

Estas preguntas pueden ser atendidas por la antropología, la sociología, la historia y cualquier otra variedad de estudio cultural que a usted le guste; pero es simplemente inexcusable que los investigadores de esos campos permitan que el celo disciplinario y el miedo al “imperialismo científico” cree una cortina de hierro ideológica que pueda ocultar importantes restricciones y oportunidades subyacentes.

Considere nuestras actuales controversias en cuanto a nutrición y dietética. Entender la racionalidad de diseño de la maquinaria de nuestros cuerpos que nos conduce a excedernos con los dulces y las grasas es la clave para hallar las medidas correctivas que realmente funcionen. Durante muchos años los nutricionistas pensaron que la clave para evitar la obesidad era simplemente eliminando la grasa de la dieta.

Ahora está emergiendo que este camino simplista es contraproducente: cuando usted se esfuerza vigorosamente para mantener su sistema hambriento de grasa insatisfecho, esto intensifica los esfuerzos compensatorios de su cuerpo, conduciéndolo a excederse con los carbohidratos.

El ingenuo pensamiento evolucionario del pasado reciente ayudó a construir y a poner en movimiento la carreta baja en grasas que después se hizo auto-sustentable bajo el amoroso cuidado de los fabricantes y anunciantes de alimentos bajos en grasa. Taubes (2001) es un recuento que abre los ojos al proceso político que creó y mantuvo este “evangelio bajo en grasas” y proporciona una oportuna advertencia para la empresa que estoy proponiendo aquí: “Es una historia que puede ocurrir cuando las demandas por una política de salud pública—y las demandas del público de consejos simples—[énfasis añadido]—van en contra de la confusa ambigüedad de la verdadera ciencia” (p. 2537).

Aún si nosotros hacemos la ciencia de la religión correctamente (por primera vez), estamos obligados a esforzarnos vigorosamente en proteger la integridad del próximo proceso; el hervido de los complejos resultados de la investigación para cocinar decisiones políticas. Esto no será fácil. Basil Rifkind, uno de los nutricionistas que fueron presionados hacia un veredicto prematuro sobre una dieta baja en grasas, lo pone sucintamente: “Llega un momento cuando; si usted no toma una decisión, las consecuencias pueden también ser grandes. Si usted simplemente permite que los estadounidenses se mantengan consumiendo el 40 por ciento de sus calorías obteniéndolas de las grasas; también existe una consecuencia de eso” (Taubes, 2001, p. 2541).

Las buenas intenciones no son suficientes. Este es el tipo de campaña mal conducida que queremos evitar cuando tratemos de corregir lo que tomamos como excesos tóxicos de la religión. Uno retrocede horrorizado ante los posibles efectos de tratar de imponerle una u otra mal guiada “dieta forzada” a aquellos que están hambrientos de religión.

Podría ser tentador argumentar que todos nosotros estaríamos mejor si; en primer lugar, no hubiesen existido nutricionistas “sabelotodos”entrometiéndose en nuestras dietas. Nosotros habíamos estado comiendo lo que era bueno para nosotros simplemente confiando en nuestros instintos conformados por la evolución; al igual que hacen los otros animales. Pero esto está simplemente equivocado; en ambos casos—dieta y religión.

La civilización—la agricultura en particular; y la tecnología en general—han alterado enormemente y rápidamente nuestras circunstancias ecológicas en comparación con las circunstancias de nuestros muy recientes antepasados.

Y eso ha dejado a muchos de nuestros instintos fuera de moda. Algunos de ellos podrían todavía ser valiosos a pesar de su obsolescencia, pero es probable que algunos sean positivamente dañinos.

Nosotros no podemos regresar a la piadosa ignorancia de nuestro pasado animal con ninguna confianza. Estamos atrapados siendo una especie que sabe, y eso significa que tenemos que usar nuestro conocimiento tan bien como podamos para adaptar nuestras políticas y prácticas para atender a nuestros imperativos biológicos.

CAPÍTULO CUARTO

Lista de Teorías de un Marciano

Si usted fuese Dios ¿Hubiese inventado la risa?

—Christopher Fry: La Dama no es para quemarla

Nosotros podríamos estar demasiado cerca de la religión como para ser capaces de ver claramente al principio. Este ha sido un tema familiar entre los artistas y filósofos durante años. Una de sus auto-impuestas tareas, es “convertir a lo familiar en extraño”, 11 y algunos de los grandes golpes de genio creativo nos llevan a nosotros a atravesar la costra de la familiaridad excesiva y mirar a las cosas ordinarias y obvias con ojos frescos.

Los científicos no podrían estar más de acuerdo. En el momento mítico de Sir Isaac Newton, éste se estaba haciendo a sí mismo la extraña pregunta de porqué cayó la manzana del árbol. (“Bien, ¿porqué no lo haría? Pregunta el no-genio de todos los días “!Es pesada!”—como si ésa fuese una explicación satisfactoria).

Albert Einstein se hizo una similarmente extraña pregunta: todo el mundo sabe lo que significa “ahora”, pero Einstein se preguntó si usted y yo queremos decir la misma cosa con “ahora” cuando estamos alejándonos el uno del otro a una velocidad cercana a la velocidad de la luz. [108 millones de kilómetros por hora].

La biología tiene también algunas preguntas extrañas. “¿Porqué los animales machos no producen leche?” pregunta el finado gran biólogo evolucionario; John Maynard Smith (1977), despertándonos vívidamente de nuestro sopor para que confrontemos un curioso prospecto. “¿Porqué pestañeamos simultáneamente con ambos ojos’”, pregunta otro gran biólogo evolucionario; George Williams, (1992). Buenas preguntas que aún no han sido respondidas por la biología. Aquí están algunas más. ¿Porqué reímos cuando algo chistoso ocurre?. Nosotros podríamos pensar que es simplemente obvio que la risa (en oposición; digamos, a rascarnos una oreja, o eructar) es la respuesta apropiada al humor. Pero… ¿Porqué es así? ¿Porqué algunas formas femeninas son sexy y otras no? ¿No es obvio? ¡Sólo míralas! Pero ese no es el final de esto. Las regularidades y las tendencias de nuestras respuestas ante el mundo; de hecho, garantizan la trivialidad; ellas son parte de la “naturaleza humana”, pero eso todavía deja sin respuesta a la pregunta ¿Porqué?.

Curiosamente, es esta precisa característica del interrogatorio evolucionario lo que es a menudo visto con profunda aversión por…artistas y filósofos. El filósofo Ludwig Wittgenstein dijo que las explicaciones tienen que detenerse en algún momento; pero esta innegable verdad nos conduce equivocadamente, si nos desanima a hacer tales preguntas; prematuramente poniéndole fin a nuestra curiosidad.

Por ejemplo, ¿Porqué existe la música? “¡Porque es natural!” viene la complaciente respuesta de todos los días; pero la ciencia no toma nada natural por garantizado. Las personas por todo el mundo dedican muchas horas—a menudo sus vidas profesionales—a hacer, escuchar y bailar música. ¿Porqué? ¿Cui bono? ¿Porqué existe la música? ¿Porqué existe la religión? Decir que es natural es sólo el comienzo de la respuesta; no el final.

La asombrosa autora autista y experta en animales; Temple Grandin, le dio al neurólogo Oliver Sacks, un gran título para una de sus colecciones de casos de estudio de seres humanos inusuales: Un Antropólogo en Marte (1995). Así es como ella se sentía, le dijo ella a Sacks, cuando trataba a otras personas aquí mismo en la Tierra.

[Acotación del Traductor: Autista: una persona que padece de un desorden del desarrollo caracterizado por severos déficits en interacción social y comunicación y por anormales patrones de comportamiento; como la repetición de movimientos específicos o la tendencia a enfocarse en ciertos objetos. El autismo es evidente durante los primeros años de vida. Su causa es desconocida. Fuente: http://dictionary.reference.com/browse/autistic ]

Usualmente, tal alienación es un impedimento, pero colocarse a cierta distancia del mundo ordinario, ayuda a enfocar nuestra atención sobre lo que de otra manera es demasiado obvio para notarlo; y esto ayudará si temporalmente nos colocamos a nosotros en los zapatos (tres; de color verde brillante) de un “marciano”. Constituyendo un equipo de investigadores extra-terrestres a quienes podemos imaginar como no familiarizados con los fenómenos que están observando aquí en el planeta Tierra.

Lo que ellos ven hoy es una población de más de seis mil millones de personas; casi todas las cuales dedican una significativa fracción de su tiempo y energía a algún tipo de actividad religiosa: rituales como la plegaria diaria (tanto en público como en privado) o la frecuente asistencia a ceremonias; pero también a costosos sacrificios—no trabajando en ciertos días sin importar cuál crisis inminente necesite de una pronta atención; destruyendo deliberadamente propiedades valiosas en costosas ceremonias; contribuyendo a mantener a los especialistas practicantes dentro de su comunidad y al mantenimiento de profusamente ornamentadas edificaciones; y obedeciendo un conjunto de forzosamente observadas prohibiciones y requerimientos; incluyendo no comer ciertos alimentos; usar velos, ofenderse ante comportamientos aparentemente inocuos de otros, y así.

Los marcianos no tendrían duda de que esto es “natural” en un sentido: ellos lo observan casi en todas partes de la naturaleza; en una especie de bípedos vocales.

Al igual que los otros fenómenos de la naturaleza, éste exhibe tanto una asombrosa diversidad como sorprendentes características comunes: extremadamente bellos e ingeniosos diseños (rítmicos, poéticos, arquitecturales, sociales…) y aún así una perpleja inescrutabilidad. ¿De dónde provino este diseño y qué lo sostiene? En añadidura a todos los gastos contemporáneos de tiempo y esfuerzo, está todo el implicado diseño que le precedió. Trabajo de diseño—la investigación y el desarrollo—también son costosos.

Algo de la investigación y del desarrollo puede ser observado directamente por los marcianos: debates entre líderes religiosos sobre si deben abandonar algunos elementos de su ortodoxia que son carentes de gracia social; decisiones de comités de construcción para aceptar una propuesta arquitectural ganadora para un nuevo templo; compositores ejecutando comisiones para nuevos himnos religiosos; teólogos escribiendo decretos religiosos; tele-evangelistas reuniéndose con nuevas agencias publicitarias y otros asesores para planificar su nueva temporada de transmisiones televisivas.

En el mundo desarrollado; adicionalmente al tiempo y energía gastados en observancia religiosa, existe una enorme empresa, pública y privada, de críticas y defensas; de interpretaciones y comparaciones, de cada aspecto de la religión.

Y si los marcianos sólo se enfocasen en esto, ellos se formarían la opinión de que la religión; al igual que la ciencia, o la música, o un deporte profesional, consiste de sistemas de actividades sociales que son diseñados y rediseñados por agentes conscientes y deliberados que conocen los puntos y propósitos de las empresas; los problemas que necesitan solucionarse; los riesgos, los costos y los beneficios.

La Liga Nacional de Fútbol [estadounidense], fue creada y diseñada por individuos identificables, para lograr un conjunto de propósitos humanos; también lo fue el Banco Mundial.

[Acotación del Traductor: El Banco Mundial es un grupo de cinco organizaciones internacionales responsables de proporcionar financiamiento y asesoramiento a los países del mundo en desarrollo, con el propósito de su desarrollo económico y la eliminación de la pobreza. Su existencia comenzó el 27 de diciembre de 1945 y comenzó a operar el 25 de junio de 1946. Sus cinco agencias son: el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD); la Corporación Internacional de Finanzas (IFC); La Asociación Internacional para el Desarrollo (IDA); la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA); y el Centro Internacional para la Solución de Disputas sobre Inversiones (ICSID). Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/World_Bank ]

Estas instituciones muestran una clara evidencia de diseño; pero no son “perfectas”. Las personas cometen errores; los errores son identificados y corregidos a lo largo del tiempo; y cuando existen desacuerdos sustanciales entre aquellos que tienen el poder y la responsabilidad de mantener tales sistemas, se buscan compromisos que a menudo son logrados.

Parte de la investigación y desarrollo que le ha dado forma y todavía le está dando forma a la religión cae claramente dentro de esta categoría. Un caso extremo sería la Cienciología (Scientology); una religión completa que es incuestionablemente el deliberadamente diseñado niño cerebral de un solo autor: L. Ron Hubbard, aunque; por supuesto, él tomó prestados los elementos que se habían probado a sí mismos, en religiones previamente existentes.

Lafayette Ronald Hubbard
(1911-1986); mejor conocido como
L. Ron Hubbard
Nació en Tilden Nebraska,
Estados Unidos de América
Fundador de la Dianética y la Cienciología
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/L._Ron_Hubbard

En el otro extremo; no existe duda, las igualmente intrincadas; igualmente diseñadas, religiones populares o tribales halladas por todo el mundo nunca han sido sometidas por sus practicantes a nada parecido a los procesos de una “junta revisora de diseño” ejemplarizados por el Concilio de Trento o el Concilio Vaticano II. Al igual que la música y el arte popular, estas religiones han adquirido sus propiedades estéticas y otras características de diseño mediante un sistema de influencias menos consciente. Y; cualesquiera que sean o fueron estas influencias, ellas exhiben profundos patrones y características comunes.

¿Cuán profundos? ¿Tan profundos como los genes? ¿Existen “genes para” las similitudes entre las religiones alrededor del mundo? ¿O existen patrones que importan más geográfica o ecológicamente que genéticamente?.

Los marcianos no necesitan invocar a los genes para explicar porqué las personas en climas ecuatoriales no usan abrigos de piel; o porqué todas las embarcaciones del mundo son alargadas y simétricas alrededor de su eje más largo (aparte de las góndolas venecianas y unas pocas otras embarcaciones especializadas).

Los marcianos, habiendo aprendido los idiomas del mundo, pronto notarán que existe una enorme variación en sofistificación entre los constructores de embarcaciones alrededor del mundo. Algunos de ellos pueden ofrecer explicaciones articuladas y exactas de exactamente porqué ellos insisten en que sus embarcaciones sean simétricas; explicaciones que cualquier arquitecto naval con un Ph. D. en ingeniería aplaudiría, pero otros tienen una respuesta más simple: nosotros construimos lanchas de esta manera porque esa es la manera en que siempre las hemos construido. Ellos copian el diseño que aprendieron de sus padres y abuelos, quienes hicieron lo mismo en su época.

Los marcianos notarán que éste es un copiado sin pensar; es un tentador paralelo con el otro medio de transmisión que ellos han identificado: los genes. Si los constructores de lanchas o de artefactos de cerámica, o cantantes, tienen el hábito de copiar viejos diseños “religiosamente”, ellos pueden preservar sus características de diseño durante cientos o miles de años.

El copiado humano es variable; así que ligeras variaciones a menudo aparecerán; y aunque la mayoría de éstas pronto desaparecen, debido a que son consideradas defectuosas o “de segunda clase” o en cualquier caso, no populares entre los clientes, de vez en cuando una variación engendrará un nuevo linaje; en cierto sentido, un mejoramiento o innovación para el cual existe un “nicho en el mercado”. Y; ¡Madre mía!, sin que nadie se diese cuenta o lo intentase, este proceso relativamente sin pensamiento durante largos períodos de tiempo puede darle forma a diseños de un grado exquisito; optimizándolo para las condiciones locales.

Un diseño transmitido culturalmente puede; de esta forma, poseer una racionalidad que flota libremente en exactamente la misma forma que lo hace un diseño transmitido genéticamente. Los constructores y los dueños de botes ya no necesitan entender las razones porqué sus botes son simétricos, al igual que un oso que come frutas no necesita entender su rol en la propagación de los árboles de manzanas silvestres cuando defeca en el bosque.

Aquí tenemos el diseño de un artefacto humano—transmitido cultural, no genéticamente, sin un diseñador humano; sin un inventor o ni siquiera un editor o crítico conocido. 12

Y la razón por la cual este proceso puede funcionar es exactamente igual en la cultura que en la genética humana: replicación diferencial. Cuando las copias son hechas con variaciones; y algunas variaciones son mejores en alguna minúscula forma, (apenas lo suficiente para que más copias de este diseño sean hechas en el próximo lote), esto conducirá inexorablemente al proceso de cremallera de mejoramiento de diseños que Darwin llamó evolución mediante la selección natural. Lo que es copiado, no necesariamente tiene que ser un gen. Puede ser cualquier cosa en absoluto que cumpla con los requerimientos básicos del algoritmo darwiniano. 13

A este concepto de los replicadores culturales—ítems que son copiados una y otra vez—le ha sido dado un nombre por Richard Dawkins (1976), quien propuso llamarlos memes, un término que recientemente ha sido foco de controversia. Por el momento, quiero hacer el punto de que no debería ser controversial: la transmisión cultural puede algunas veces imitar a la transmisión genética; permitiendo a las variantes competidoras ser copiadas a tasas diferentes, resultando en la revisión gradual de las características de esos ítems culturales; y estas revisiones no poseen un deliberado autor con visión de futuro.

Los ejemplos más obvios y bien investigados son los idiomas naturales. Los idiomas romances—Francés, Italiano, Español, Portugués, y unas otras pocas variantes—descienden todos del Latín, preservando muchas de las características básicas mientras revisando otras. ¿Son estas revisiones, adaptaciones? Esto es, ¿Son ellas en algún sentido, mejoramientos en sus ambientes de su antepasado, el Latín?.

Existe mucho que decir sobre este tópico; y los puntos “obvios” tienden a ser simplistas y equivocados; pero por lo menos, esto está mucho más claro: una vez que un cambio comienza a emerger en una localidad, presiona a las personas que habitan esa localidad a aceptar su conveniencia; si es que quieren ser entendidos. Si a Roma fuereis haz lo que viereis; o serás ignorado o mal entendido. Lo mismo ocurre con las idiosincrasias en pronunciación, jergas idiomáticas, y otras novedades que “son fijadas” como diría un geneticista, en un idioma local. Y nada de esto es genético. Lo que es copiado es una manera de decir algo, un comportamiento o rutina.

La transformación gradual que convirtió al Latín en Francés y Portugués y otros idiomas hijos, no fue intencional, planificada, prevista, deseada, ni comandada por nadie. En raras ocasiones la forma particular en que una celebridad local pronuncia una palabra o sonido, puede crear una moda que eventualmente se convierte en un cliché y posteriormente en parte del idioma local; y en estas instancias nosotros podemos plausiblemente identificar al “Adán” o a la “Eva” en la raíz del árbol familiar de esa característica.

En ocasiones aún más raras, individuos podrían dedicarse a inventar una palabra o una pronunciación y tener éxito en acuñar algo que eventualmente se incorpora al idioma; pero en general, los cambios que se acumulan no tienen autores humanos; deliberados o sin deliberación, que sobresalgan.

El arte y la música popular; la medicina popular, y otros productos de tales procesos populares, son a menudo brillantemente adaptados para propósitos muy avanzados y específicos; pero, por más maravillosos que estos frutos de la evolución cultural sean, debemos resistirnos a la fuerte tentación de afirmar que algún tipo de genio mítico popular o de conciencia mística compartida, sea la explicación de ellos.

Estos excelentes diseños a menudo sí deben algunas de sus características a los deliberados mejoramientos hechos por individuos a lo largo del camino; pero ellos pueden aparecer exactamente mediante el mismo tipo de proceso ciego, mecánico, de ausencia visionaria y duplicación, que ha producido el exquisito diseño de los organismos vivos mediante la selección natural; y en ambos casos, “los juicios” son crudos, austeros e carentes de imaginación. La Madre Naturaleza es un contable filisteo a quien sólo le importa el pago inmediato en términos de la replicación diferencial; sin tolerar nada sobrante para favorecer a prometedores candidatos que no poseen la estatura de sus competidores contemporáneos.

De hecho; el cantante olvidadizo y de oído de latón que difícilmente puede ejecutar un tono y olvida casi cada canción que escucha, pero que puede recordar ésta canción memorable, contribuye tanto al control de calidad del proceso popular (replicando este clásico-en-formación a expensas de canciones competidoras) como el más dotado de los compositores.

Las palabras existen. ¿De qué están hechas? ¿De aire bajo presión? ¿Tinta? Algunas veces la palabra “gato” está hecha de tinta, y en otras de brotes de energía acústica en la atmósfera, y algunas veces de patrones de puntos brillantes en pantallas de computadoras; y algunas veces ocurre silenciosamente en los pensamientos, y lo que todas esas formas tienen en común es simplemente que ellas cuentan como “lo mismo” (fichas del mismo tipo, como decimos los filósofos) en un sistema de símbolos conocido como idioma.

Las palabras son ítems tan familiares en nuestro mundo empapado de idiomas, que tendemos a pensar de ellas como si fuesen cosas no-problemáticamente tangibles—como las tazas de té y las gotas de lluvia verdaderas—pero ellas son en realidad bien abstractas; aún más abstractas que las voces, las canciones, los cortes de cabello y las oportunidades (y ¿De qué están hechos ellos?).

¿Qué son las palabras? Las palabras son básicamente pequeños paquetes de información de algún tipo; récipes para usar en nuestro aparato vocal y auditivo (o manos y ojos)—y cerebros—en formas muy específicas. Una palabra es más que un sonido o un deletreo. Por ejemplo, fast suena igual y es deletreado igual en Inglés y Alemán, pero tiene significados y roles completamente diferentes en sus respectivos idiomas, compartiendo solamente algunas de sus propiedades superficiales.

[Acotación del Traductor: La palabra fast tiene en Inglés 23 significados diferentes; entre los cuales se encuentran: rápido; ajustar firmemente y ayunar. Y en Alemán significa “ Más o menos; alrededor de; cerca de; y aproximadamente. Fuentes: http://dictionary.reference.com/browse/fast y Diccionario de las Lenguas Española y Alemana de Rodolfo Slaby y Rodolfo Grossmann; Barcelona, España, Editorial Herder, 1986, Séptima edición]

Las palabras existen. ¿Existen los memes? Sí. porque las palabras existen; y las palabras son memes que pueden ser pronunciados. Otros memes son el mismo tipo de cosa—pequeños paquetes de información o récipes para hacer algo distinto a pronunciar—comportamientos como estrechar la mano, o hacer un gesto rudo en particular, o quitarse los zapatos antes de entrar a la casa, o conducir vehículos por el carril de la derecha, o fabricar los botes simétricamente.

Estos comportamientos pueden ser descritos como enseñados explícitamente; pero no tienen que serlo, las personas pueden simplemente imitar los comportamientos que ellos ven hacer a otras personas. Las variaciones en pronunciación pueden diseminarse; al igual que los métodos de cocinar, lavar la ropa y plantar cosechas.

Existen problemas desagradables sobre donde exactamente están los límites de un meme–¿Usar una gorra de béisbol con la visera hacia atrás es un meme o dos? (usar una gorra y colocársela al revés)—pero problemas similares surgen en cuanto a los límites de las palabras. ¿Debemos contar a “copping out” como una o dos palabras?—y de hecho problemas similares también existen con los genes.

[Acotación del Traductor: To cop out es una expresión del Inglés informal (slang) que significa: 1. fracasar o rehusarse a comprometerse, o arrepentirse de un compromiso al último momento. 2. Declararse culpable de un delito menor para recibir una sentencia menor. Pero las palabras cop y out tienen cada una independientemente otros numerosos significados. Fuente. The American Heritage Dictionary of the English Language, William Morris, Editor, Houghton Mifflin Company, Boston / Atlanta / Geneva, Illinois / Hopewell, New Jersey / Palo Alto, Nueva Edición Universitaria,1969]

Las condiciones en los límites son claras para las individuales moléculas de ADN (Ácido Desoxido ribo-Nucleico], o para sus partes constituyentes como nucleótidos y codons (nucleótidos triples como AGC o AGA—Adenida-Guanina-Citosina o Adenina-Guanina-Adenina—); pero los genes no se alinean claramente con esos límites. Ellos; algunas veces, se separan en varios pedazos, y la razón de que los biólogos llaman a las separadas cuerdas de codons partes de un mismo gen, en vez de dos genes, es la misma por la cual los lingüistas identifican a las expresiones: “tickle [my, his, her] fancy” (cosquillea.. mi atención, cosquillea la atención de él, cosquillea la atención de ella] ó “read [me, him, her] the riot act ” (léeme el acto del motín; léele a él el acto del motín; léele a ella el acto del motín. el acto del motín) como expresiones idiomáticas y no como frases verbales compuestas. Tales partes unidas por yuntas hacen surgir problemas para cualquiera que esté contando genes—no inconquistables, pero tampoco obvios—y lo que es copiado y transmitido en ambos casos (memes y genes) es información.

Tendré más que decir sobre los memes en posteriores capítulos; y debido a que los súper-ansiosos entusiastas de los memes, e igualmente los súper-ansiosos desmentidores de memes, han convertido al tópico en un botón caliente para muchas personas, necesito proteger a una (relativamente) sobria versión del concepto, de sus amigos y enemigos.

Sin embargo, no todo el mundo necesita participar en este ejercicio de higiene conceptual, así que he re-impreso mi introducción básica a los memes—“Los Nuevos Replicadores” publicada por la Oxford University Press en 2002, en la reciente Enciclopedia de la Evolución de dos volúmenes—como el Apéndice A, al final de este libro. 14

Para nuestros propósitos ahora; la razón principal para tomar seriamente a la perspectiva de los memes, es que ésta nos permite mirar a la pregunta: ¿Cui bono? Para cada característica diseñada de la religión sin prejuzgar el asunto de si estamos hablando de evolución cultural o genética; y si la racionalidad de una característica diseñada flota libremente o es la racionalidad explícita de alguien.

Esto expande el espacio de posibles teorías evolucionarias; abriendo espacio para que consideremos procesos mezclados de niveles múltiples; alejándonos de ideas simplistas como: “genes para la religión”; en un extremo, y: “conspiración de sacerdotes” en el otro extremo; y permitiéndonos considerar relatos más interesantes (y más probables) de cómo y porqué evolucionan las religiones.

La teoría evolucionaria no es un poni de un solo truco, y cuando los marcianos se dedicaron a teorizar sobre la religión en la Tierra, tenían montones de opiniones para explorar, de las que haré un rápido bosquejo; en versiones extremas, sólo para tener una apreciación del terreno a ser explorado más cuidadosamente en posteriores capítulos.

Teorías sobre la afición a los dulces: Primero, consideren la variedad de cosas que nos gusta ingerir o de otra forma, insertar en nuestros cuerpos: azúcar, grasa, alcohol, cafeína, chocolate, marihuana y opio, para comenzar. En cada caso, existe en el cuerpo un sistema receptor evolucionado, diseñado para detectar sustancias (ya sean ingeridas o producidas en el interior del cuerpo; como las endorfinas, o creadas endógenamente como los análogos de la morfina)—que estos favoritos tienen en alta concentración.

Durante incontables años nuestra inteligente especie ha salido a buscar oro; muestreando prácticamente cualquier cosa del ambiente; y después de milenios de ensayo y error, se las ha arreglado para descubrir formas de recolectar y concentrar a estas sustancias especiales para que podamos usarlas para (sobre) estimular nuestros sistemas innatos.

Los marcianos podrían preguntarse si existen también en nuestros cuerpos, sistemas genéricamente evolucionados que están diseñados para responder a algo que la religión proporciona en forma intensificada. Muchos lo han pensado. Karl Marx pudo haber tenido más razón de la que creía cuando llamó a la religión el opio de las masas. ¿Podríamos tener nosotros un centro para dios en nuestros cerebros junto al de nuestra afición por los dulces?.

¿Para cuál algo sería? ¿Qué pagaría por ello?. Como lo pone Richard Dawkins:

“Si los neurocientíficos hallan un ‘centro para dios’ en nuestros cerebros, los científicos darwinianos como yo, queremos saber porqué evolucionó el centro para dios. ¿Porqué aquellos de nuestros antepasados que tenían una tendencia genética a tener un centro para dios sobrevivieron mejor que los que no la tenían?” (2004, p. 14).

Si cualquier recuento evolucionario como ése es correcto, entonces aquellos con un centro para dios no sólo sobrevivieron mejor que aquellos que no lo tenían; ellos tendían a tener más hijos. Pero nosotros debemos cuidadosamente poner a un lado el anacronismo involucrado en pensar en este hipotético sistema innato como un “centro para dios”, debido a que su objetivo original puede haber sido completamente diferente al intenso asunto que lo excita hoy—después de todo, nosotros no tenemos en el cerebro un centro innato para el helado de chocolate, ni un centro para la nicotina.

Dios podría ser la última y más intensa confección que dispara el centro para algo en tantas personas. ¿Qué beneficio era percibido por aquellos que satisfacían las ansias del centro para algo? Hasta podría ser que no exista y que nunca haya existido ningún objetivo real en el mundo para obtener; sino simplemente un objetivo imaginario o virtual; en efecto:

Ha sido la búsqueda no la obtención lo que tenía una ventaja en aptitud. En cualquier caso, si la necesidad; o por lo menos el gusto, por este aún no identificado tesoro se ha convertido en una parte genéticamente transmitida de la naturaleza humana; nosotros lo jorungamos a nuestro propio peligro.

Las teorías en esta familia hacen surgir interesantes posibilidades. Tanto el azúcar como la sacarina, disparan nuestro sistema de afición por los dulces. ¿Existen sustitutos religiosos por encontrar o cocinados por astutos psico-ingenieros?

O—aún más interesante–¿Son las religiones mismas un tipo de sacarina para el cerebro; menos satisfactoria; o debilitante; o intoxicante que el original y potencialmente dañino objetivo? ¿Es la religión en sí misma una subespecie de la medicina popular; con la cual nos auto-medicamos para obtener alivio, usando terapias perfeccionadas por miles de años de desarrollo mediante ensayo y error? ¿Existe variación genética en la sensibilidad religiosa; como la enorme variación genética recientemente descubierta entre los seres humanos en cuando a gusto y olfato?.

Aquellos de nosotros que no podemos soportar al cilantro tenemos un gen para un receptor olfativo que no poseen los amantes del cilantro. El cilantro “sabe” como a jabón para nosotros. William James especuló hace cien años que él—pero no todo el mundo—poseía una necesidad bruta de religión: “Llámelo así; si usted quiere, mi germen místico. Es un germen muy común. Crea las tropas de creyentes. En la forma en que se resiste en mi caso, también se resistirá en muchos casos, a toda crítica puramente atea” (Carta a Leuba, citada en la presentación de James, 1902, p. xxiv).

El germen místico de James podría realmente ser un gen místico. O podría ser; exactamente como él dijo, un germen místico, algo que se disemina de persona a persona no “verticalmente” (de padres a hijos) sino “horizontalmente”, mediante la infección.

Teorías simbióticas: Las religiones podrían resultar ser especies de simbiontes culturales que se las arreglan para prosperar saltando de un anfitrión humano a otro anfitrión humano. Ellas podrían ser mutualistas—mejorando las aptitudes humanas y hasta haciendo posible la vida humana en la misma forma en que lo hacen las bacterias en nuestros intestinos. O comensales—neutrales; ni buenas ni malas para nosotros, sino como compañeros de viaje. O podrían ser parásitas: replicadores perjudiciales por lo que estaríamos mejor sin ellas—en cuanto a nuestros intereses genéticos—pero que son difíciles de eliminar, porque han evolucionado muy bien para contrarrestar nuestras defensas y mejorar su propia propagación.

Podemos esperar que los parásitos culturales; al igual que los parásitos microbianos, exploten cualquier sistema preexistente que les sea útil. El reflejo de estornudar; por ejemplo, es en primer lugar, una adaptación para limpiar los pasajes nasales de irritantes extraños; pero cuando un germen provoca el estornudo, típicamente no es quien estornuda, sino el germen, el principal beneficiario, al obtener un lanzamiento de alta energía hacia el vecindario donde puede ser inhalado por otro anfitrión.

Los gérmenes y memes que se diseminan podrían explotar mecanismos similares; como las ansias irresistibles a enseñar relatos u otros ítems de información a otros; mejorados por tradiciones que aumentan su longitud, intensidad y frecuencia de encuentros con otros que podrían ser anfitriones probables.

Cuando nosotros miramos a la religión desde esta perspectiva, la pregunta ¿Cui bono? Cambia dramáticamente. Ahora no es nuestra aptitud (como miembros reproductores de la especie Homo sapiens) la que se presume que es mejorada por la religión; sino la aptitud de la religión (como un miembro reproductor—auto-replicante—del género simbiótico Cultus religiosus).

Ésta puede prosperar como mutualista porque beneficia a su anfitrión muy directamente; o podría prosperar como un parásito aunque oprima a su anfitrión con una virulenta aflicción que los deja peor, pero demasiado débiles para combatir su propagación. Y el punto principal a tener claro de entrada, es que nosotros no podemos saber cual de estas dos opciones simbióticas es más probable de ser cierta sin llevar a cabo una cuidadosa y objetiva investigación.

Vuestra religión probablemente le parece a usted obviamente benigna; y otras religiones muy bien podrían parecerle a usted exactamente tan obviamente tóxicas para aquellos infectadas con ellas; pero las apariencias pueden engañar. Quizás vuestra religión lo esté envenenando a usted en formas que nunca sospechó. Usted realmente no puede detectarlas desde adentro. Esa es la forma en que funcionan los parásitos: calladamente, sin obstruir, sin perturbar a su anfitrión más allá de lo absolutamente necesario. Si (algunas) religiones son parásitos evolucionados culturalmente, nosotros esperamos que estén insidiosamente bien diseñados para ocultarle a sus anfitriones, su verdadera naturaleza, debido a que esta es una adaptación que hará avanzar su propia diseminación.

Estas dos familias de teorías; afición a los dulces y simbióticas, no son exclusivas. Como ya hemos visto con el ejemplo de la levadura que excreta alcohol, existen posibilidades simbióticas que podrían combinar varios de estos fenómenos juntos. Podría ser que un ansia inicial sea explotada por simbiontes culturales que incluyan a ambas formas; mutualísticas y parasíticas. Un simbionte relativamente benigno o inofensivo podría mutar bajo ciertas condiciones en algo virulento y hasta mortal.

Durante milenios, las personas han imaginado que otras religiones podrían ser una forma de enfermedad o malestar; y los apostatas a menudo miran hacia atrás, hacia los primeros días, como un período de aflicción que ellos lograron sobrevivir de alguna manera, pero que la perspectiva evolucionaria nos permite a nosotros ver que existen exactamente tantos escenarios positivos como negativos, una vez que comenzamos a mirar a la religión como un posible simbionte cultural.

Los simbiontes amigables están por todas partes. Nuestro cuerpo está compuesto de quizás un billón de células, y ¡nueve de cada diez de ellas no son células humanas (Hooper, et al., 1998)! La mayoría de este billón de invitados microscópicos o son inofensivos o son dañinos; pero sólo vale la pena preocuparse por una minoría. Muchos de ellos; de hecho, son valiosos ayudantes que heredamos de nuestras madres; y quedaríamos casi indefensos sin ellos.

Estas herencias no son genéticas. Algunas de ellas pueden ser transmitidas a través del compartido torrente sanguíneo entre madre y feto; pero otras son transmitidas por la proximidad y el contacto corporal entre madre y recién nacido. (Una madre sustituta que no hizo ninguna contribución genética a un óvulo fertilizado (embrión) implantado mediante fertilización in vitro en su útero; de todas formas hace una enorme contribución en forma de micro-flora que el infante llevará consigo por el resto de su vida).

Los simbiontes culturales—los memes—son similarmente transferidos a los hijos por caminos no-genéticos. Hablar nuestro “idioma nativo”; cantar; comportarse educadamente; y muchas otras habilidades “sociales” son transmitidas culturalmente de padres a hijos.

Y los seres humanos infantes que han sido privados de estas fuentes de herencia son a menudo profundamente discapacitados. Es bien conocido que la relación padres-hijos es la principal vía para la transmisión de la religión. Los niños crecen hablando el idioma de sus padres; y en casi todos los casos, identificándose con la religión de sus padres. La religión; al no ser genética, puede ser difundida “horizontalmente” hacia los no-descendientes; pero tales conversiones juegan un papel insignificante en la mayoría de las circunstancias. Una brumosa apreciación de esto, ha conducido en el pasado hasta algunos programas crudos y crueles de “higiene”. Si usted piensa que la religión es; tomando todo en consideración, una característica maligna de la cultura humana; una especie de enfermedad infantil con efectos perdurables; la política de salud pública para tratarla; sería políticamente drástica pero completamente simple: vacunación y aislamiento. ¡No le permitan a los padres darle a sus hijos una crianza religiosa! Esta política ya fue ensayada; a gran escala, en la extinta Unión Soviética, con terribles consecuencias. El renacer de la religión en la Rusia pos-URSS sugiere que la religión tiene roles que jugar y recursos no soñados por esta simple visión.

Una especie de posibilidad evolucionaria completamente diferente es representada por las teorías de selección sexual. Quizás la religión es como el refugio de un pájaro-refugio. Los pájaros-refugio machos dedican una extraordinaria cantidad de tiempo y esfuerzo a decorar elaboradas estructuras diseñadas para impresionar a las hembras de su especie; las que escogen a un macho sólo después de evaluar las obras de otros machos rivales.

Este es un ejemplo de selección sexual fuera de control; la sub-variedad de selección natural en la cual el rol principal de la selección es representado por una hembra difícil de complacer; cuyas preferencias podrían, a lo largo de muchas generaciones, provocar un efecto de bola de nieve que culmina en demandas altamente específicas y onerosas; como los caprichos de las hembras de pavorreal que obligan a los machos a crecer espectaculares colas—espectacularmente costosas y absurdas—(vea Cronin, 1991, por una fina revisión).

La brillante coloración de los machos de las aves es el ejemplo mejor estudiado de selección sexual. En estos casos, una parcialización inicial en los innatos caprichos de las hembras; como la preferencia por el azul en vez del amarillo, llega a ser amplificado por una positiva retroalimentación en la forma de machos intensamente azules; mientras más azul, mejor. Si una mayoría de las hembras de una población aislada de la especie resulta que prefiere el amarillo en vez del azul, la selección sexual fuera de control hubiese finalizado con machos brillantemente amarillos. No existe nada en el ambiente que haga al amarillo mejor que el azul; o viceversa, excepto por el gusto reinante de las hembras de la especie, lo que ejerce una poderosa; pero arbitraria, presión selectiva.

¿Cómo podría algo como el proceso de selección sexual fuera de control darle formas a las extravagancias de la religión? En varias formas. Primero, pueden haber ocurrido indudables selecciones sexuales de parte de mujeres, de características psicológicas que mejoran a la religión. Quizás ellas preferían hombres que demostraban una sensibilidad por la música y la ceremonia; lo que posteriormente podría haber creado un efecto de bola de nieve que culmina en una proclividad a elaboradas demostraciones de éxtasis.

Las mujeres que tenían esta preferencia no hubieran tenido que entender porqué la tenían; pudo haber sido simplemente un capricho; un ciego gusto personal que las llevaba a seleccionar; pero si los compañeros que ellas escogían resultaban ser buenos proveedores; hombres de familia más fieles, estas madres tenderían a criar más niños y nietos que otras; y ambos—la sensibilidad hacia la ceremonia y el gusto por aquellos que aman la ceremonia se diseminaría. O el mismo capricho pudo haber tenido una ventaja selectiva sólo porque más mujeres compartían ese capricho; por lo que los hijos que careciesen de la sensibilidad de moda hacia la ceremonia, eran ignorados por las mujeres difíciles de complacer. (y si una influyente muestra de nuestros antepasados femeninos; resultó ser; por ninguna razón, que tenían un gusto por hombres que saltaban de arriba abajo bajo la lluvia; nosotros los hombres nos encontraríamos hoy a nosotros mismos quedándonos quietos cada vez que llueve.

Las muchachas podrían o no compartir nuestra tendencia a saltar bajo estas condiciones; pero ellas definitivamente escogerían a alguno que lo hiciera—esa es la implicación de la clásica hipótesis de selección sexual.)

La idea de que el talento musical es el camino real para casarse con una mujer es ciertamente familiar; probablemente vende un millón de guitarras al año. Y puede que haya algo de cierto en ello. Esta podría ser una proclividad transmitida genéticamente; con significativas variaciones entre la población, pero también deberíamos considerar los análogos culturales de la selección sexual.

La ceremonia de Potlatch hallada entre los estadounidenses nativos (indios) del noroeste del país, es una asombrosa ceremonia de conspicua generosidad, en la cual los individuos compiten el uno con el otro para ver quien puede regalar más; algunas veces hasta el punto de la ruina.

[Acotación del Traductor: Potlatch: Es un festival ceremonioso entre los indios estadounidenses de la costa del norte del océano pacífico—especialmente los de la etnia Kwakiutl, en el cual se obsequian regalos a los invitados y el propietario y anfitrión destruye sus propiedades para demostrar su riqueza; acciones que los invitados tratarán posteriormente de superar. Fuente: http://dictionary.reference.com/browse/potlatch ]

Esta costumbre lleva la marca de haber sido creada por una escalera de retroalimentación positiva como los que establecieron las colas del pavorreal y las gigantescas astas del alce irlandés.

Otros fenómenos sociales también exhiben espirales inflacionarias de costosa y arbitraria competencia: las aletas de las colas de los carros de la década de 1950; las modas de los adolescentes; y las luces de navidad colocadas en el exterior de las casas están entre las más a menudo discutidas; pero existen otras también.

Por más de un millón de años, nuestros antepasados fabricaron hermosas “Hachas de mano Acheulean”, implementos de piedra en forma de pera de varios tamaños; amorosamente terminados y rara vez mostrando alguna señal de desgaste. Claramente; nuestros antepasados invirtieron un montón de tiempo y energía fabricándolos; y el diseño difícilmente ha cambiado en eras. Grandes lotes de cientos y hasta miles de esta hachas de mano han sido hallados (Mithen, 1996). El arqueólogo Thomas Wynne (1995) ha opinado que: “sería difícil sobre-enfatizar cuán extrañas son las hachas de mano cuando son comparadas con los productos de la cultura moderna”. “Ellas son biofactos”, dijo un arqueólogo, acuñando un nuevo término, e inspirando al escritor científico Marek Kohn (1999) a proponer una sorprendente hipótesis. Los Geofactos son lo que los arqueólogos llaman piedras que parecen artefactos pero que no lo son—ellos son el producto no-intencional del algún proceso biológico. Kohn propone que estas hachas de mano podrían no ser artefactos sino biofactos, más parecidos a los refugios del pájaro-refugio que al arco y la flecha de un cazador: propagandas conspicuamente costosas de superioridad masculina; una estratagema que fue transmitida culturalmente, no genéticamente, en una tradición que ha dominado la batalla de los sexos durante un millón de años.

Los homínidos que trabajaron duro para participar en esta competencia no necesitaban entender la racionalidad de lo que hacían, al igual que las arañas que atrapan insectos y los envuelven nítidamente en tela de araña para presentárselos como un “regalo nupcial” a las arañas hembras durante el cortejo. Esta es una afirmación altamente especulativa y controversial, pero hasta ahora no ha sido desmentida; y en forma útil nos alerta a nosotros sobre las posibilidades que de otra manera nos eludirían. Cualesquiera que fuesen las razones para ello, nuestros antepasados no tenían moderación en el uso de su tiempo y esfuerzo para fabricar artefactos que aparentemente nunca usaban; un precedente que vale la pena recordar cuando nos maravillamos ante los gastos incurridos en tumbas, templos y sacrificios.

La influencia recíproca entre la transmisión cultural y genética también debe ser explorada. Consideren; por ejemplo, el bien estudiado caso de la tolerancia hacia la lactosa en los adultos humanos. Muchos de nosotros; los adultos, podemos beber y digerir leche cruda sin dificultad, pero muchos otros, quienes por supuesto no tenían dificultad en consumir leche cuando eran bebés, no han podido digerir la leche desde que finalizó su infancia, porque sus cuerpos desactivaron el gen que hace posible la fabricación de lactasa, la enzima necesaria; después que ellos fueron destetados, lo que es el patrón normal en los mamíferos.

¿Quién puede tolerar la lactosa, y quién no puede? Existe un patrón claro y discernible para los geneticistas: la tolerancia a la lactosa está concentrada en las poblaciones humanas que han descendido de culturas dedicadas a la cría de ganados productores de leche y con industrias lácteas que manufacturan leche en polvo y líquida pasteurizadas, quesos, y otros derivados de la leche; mientras que la intolerancia a la lactosa es común entre aquellos cuyos antepasados nunca fueron pastores de animales productores de leche; como los chinos y los japoneses. 15

La tolerancia a la lactosa es transmitida genéticamente; pero el pastoreo, la disposición a cuidar rebaños de animales; de los cuales depende la característica hereditaria de tolerancia a la lactosa, presumiblemente, podría haber sido transmitida genéticamente, pero, hasta donde nosotros sabemos, no lo ha sido en los humanos. (Los Border collies, a diferencia de los niños de los pastores vascos han tenido instintos de pastoreo transmitidos mediante su crianza [Dennett, 2003c, d,]).

Luego tenemos las teorías del dinero; conforme a las cuales, las religiones son artefactos culturales muy parecidos a los sistemas monetarios: sistemas desarrollados comunalmente que han evolucionado culturalmente, muchas veces.

Su presencia en toda cultura es fácilmente explicable y hasta justificada: es un Buen Truco que uno esperaría que fuese descubierto una y otra vez; un caso de evolución social convergente. ¿Cui bono? ¿Quién se beneficia?. Aquí podemos considerar varias respuestas:

Todo el mundo en la sociedad se beneficia: Porque la religión hace que la vida en sociedad sea más segura; armoniosa, eficiente. Algunos se benefician más que otros, pero nadie sería sabio en desear que el todo desapareciese.

La élite que controla al sistema se beneficia a expensas de los otros: La religión es más parecida a un fraude de pirámide que a un sistema monetario: ésta prospera convirtiéndose en predadora de los mal informados y sin poder; mientras que sus beneficiarios la transmiten gustosamente a sus descendientes, genética o culturalmente.

[Acotación del Traductor: Fraude de Pirámide: Es un modelo de negocio insostenible que involucra el intercambio de dinero principalmente por enrrolar a varias otras personas en el “negocio”, usualmente sin que ningún servicio o producto haya sido recibido a cambio del dinero. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Pyramid_scheme]

Las sociedades en conjunto se benefician: Sin importar que los individuos se beneficien o no, la perpetuación de sus grupos sociales y políticos es mejorada a expensas de grupos rivales.

Esta última hipótesis; la selección grupal, es truculenta. Porque las condiciones bajo las cuales pueden existir grupos genuinos son difíciles de especificar. 16 Los cardúmenes de peces y las bandadas de aves; por ejemplo, son fenómenos que ciertamente involucran al agrupamiento, pero no son explicados por el fenómeno de selección grupal.

Para poder ver como los individuos (o sus genes individuales) se benefician al juntarse en bandadas o cardúmenes; uno tiene que entender la ecología de grupos; pero los grupos no son los beneficiarios primarios; sino los individuos que los componen.

Algunos fenómenos biológicos se disfrazan de selección grupal, pero son mejor entendidos como instancias de selección al nivel individual que depende de ciertos fenómenos ambientales (como el agrupamiento) o de hasta instancias de fenómenos de selección simbiótica.

Como ya hemos notado; un meme simbiótico necesita ser diseminado hacia nuevos anfitriones; y si éste puede conducir a las personas a agruparse (en la forma en que el Toxoplasma gondii conduce a las ratas hacia las mandíbulas de los gatos), donde puede hallar fácilmente huéspedes alternativos, después de todo, la explicación no es la selección grupal.

Si los marcianos no pueden lograr que estas teorías se ajusten a los hechos, ellos deberían considerar una especie de teoría estándar que podríamos llamar la teoría perla: la religión es simplemente un bello sub-producto que es creado por un mecanismo controlado genéticamente, o una familia de mecanismos que están diseñados (por la Madre Naturaleza, por la evolución) para responder a irritaciones o intrusiones de uno u otro tipo.

Estos mecanismos fueron diseñados por la evolución para ciertos propósitos; pero entonces, un día, aparece algo novedoso, o una convergencia novedosa de diferentes factores, algo nunca encontrado antes, y, por supuesto, nunca previsto por la evolución que dispara las actividades que generan este asombroso artefacto.

Conforme a las teorías perla, la religión no sirve, para nada, desde el punto de vista de la biología; no beneficia a ningún gen o individuo, o grupo, o simbionte cultural. Pero una vez que existe, puede ser un objeto trouvé [Francés: hallado sorprendentemente] que nos cautiva a nosotros, los agentes humanos, que tenemos una capacidad infinitamente expandible para deleitarnos con novedades y curiosidades.

Una perla comienza como una minúscula e insignificante partícula de alguna sustancia ajena (o, más probablemente, un parásito), y una vez que la ostra ha añadido una y otra bella capa alrededor de esa partícula, se puede convertir en algo de coincidencial valor para los miembros de una especie que atesora tales cosas; sin importar que este deseo por poseer algo ajeno, sea sabio, desde el punto de vista de la aptitud biológica.

Existen otros estándares de valor que podrían emerger, por buenas o malas razones; que flotan libremente o son altamente articulados.

En casi la misma forma en que la ostra responde al irritante inicial y luego ocurre la respuesta; y así, los seres humanos pueden ser incapaces de dejar de reaccionar a sus propias reacciones, incorporando capas cada vez más elaboradas en la producción de algo que luego asume formas y características inimaginables desde sus modestos comienzos.

¿Qué explica a la religión? ¿A nuestra afición a los dulces; a los simbiontes; a los pájaros-refugio, al dinero, a las perlas, o a ninguno de éstos?. La religión puede incluir fenómenos de la cultura humana que no posean un análogo remoto en la evolución genética; pero si es así, nosotros todavía tenemos que responder a la pregunta: ¿Cui bono?, porque es innegable que los fenómenos de la religión son diseñados hasta un grado significativo.

Existen unas pocas señales de azar y arbitrariedad; así que alguna replicación diferencial tiene que pagar por la investigación y desarrollo [R & D] responsable por el diseño.

[Acotación del Traductor: R & D (Research and Development = Investigación y Desarrollo]: Es una expresión y abreviatura de uso muy común en los Estados Unidos de América, usada para resumir todas las actividades y acciones involucradas en la deliberada creación de algo nuevo; como; por ejemplo, un producto de consumo masivo, un tratamiento médico, una técnica agrícola o una nueva religión como la Cienciología]

No todas estas hipótesis halan hacia la misma dirección; pero la verdad sobre la religión muy bien podría ser una amalgama de varias de ellas (más otras). Si esto es así, no obtendremos una clara visión de porqué existe la religión hasta que hayamos distinguido claramente estas posibilidades y sometido a cada una de ellas a un examen.

Si usted piensa que ya sabe cual teoría es la correcta; usted es o un gran científico que le ha estado ocultando al mundo una vasta cantidad de investigaciones no publicadas; o usted está confundiendo sus deseos con conocimiento.

Quizás a usted le parezca que yo estoy; en alguna forma, deliberadamente ignorando la explicación obvia de porqué existe vuestra religión y porqué posee las características que tiene: existe porque es la inevitable respuesta de ilustrados seres humanos ¡ante el hecho obvio de la existencia de Dios!

Algunos añadirán: Nosotros nos involucramos en estas prácticas religiosas porque Dios nos ordena hacerlo, o porque ellas complacen a Dios. Fin de la historia.

Pero ése no puede ser el fin de la historia. Cualquiera que sea vuestra religión, existen más personas en el mundo que no comparten vuestra religión que las que si la comparten; y es vuestra responsabilidad—de todos nosotros; realmente—explicar porqué tantos siguen la religión equivocada; y explicar cómo aquellos que saben (si es que existe alguno) se las han arreglado para saber la verdad. Aún si es obvio para usted; no es obvio para todos; ni siquiera para la mayoría de las personas.

Si usted ha llegado hasta aquí en este libro, usted está dispuesto a averiguar las fuentes y las causas de otras religiones. ¿No sería hipotético afirmar que vuestra religión está en alguna forma fuera de estos límites?

Sólo para satisfacer vuestra propia curiosidad intelectual, usted podría querer ver cómo queda vuestra religión en la especie de escrutinio al que someteremos a las otras. Pero usted muy bien podría preguntarse: ¿Puede la ciencia ser realmente imparcial? ¿No es la ciencia; de hecho, otra religión?, O para ponerlo en la forma contraria: ¿No son las perspectivas religiosas tan válidas como las perspectivas científicas?

¿Cómo podemos hallar algún terreno común desde el cual conducir nuestras investigaciones?

Estas preguntas le preocupan a muchos lectores; especialmente a los académicos, quienes han invertido fuertemente para responderlas; pero otros, he encontrado, son impacientes con ellos, y no están preocupados en lo absoluto.

Las preguntas son importantes—de hecho, cruciales para la totalidad de mi proyecto—ya que ellas colocan en duda a la mismísima posibilidad de conducir la investigación en la que me estoy embarcando; pero ellas pueden ser pospuestas hasta que el borrador de la teoría esté completo.

Si usted no está de acuerdo; entonces, antes de continuar con el próximo capítulo, usted debería pasar directamente al Apéndice B, “Algunas Preguntas Más Sobre la Ciencia”, el que trata estas preguntas; deletreando más detalladamente; y defendiendo el camino a través del cual podemos trabajar juntos para hallar un común acuerdo sobre como proceder y qué es lo que importa.

Capítulo 3 Todo lo que nosotros valoramos—desde el azúcar, el sexo y el dinero, hasta la música, el amor y la religión—lo valoramos por alguna razón. Detrás yacen y en forma distinta, a nuestras razones, las razones evolucionarias; las racionalidades que flotan libremente, y que han sido apoyadas por la selección natural.

Capítulo 4 Al igual que los cerebros animales, los cerebros humanos han evolucionado para manejar los problemas específicos de los ambientes en los cuales ellos están obligados a operar. Los ambientes sociales y lingüísticos que co-evolucionaron con los cerebros humanos le proporcionan a los seres humanos poderes de los que no disfruta ninguna otra especie, pero también crearon problemas que las religiones populares aparentemente evolucionaron para manejar. La aparente extravagancia de las prácticas religiosas puede ser explicada en los términos austeros de la biología evolucionaria.

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