Opinión Nacional

Rompió el mentirómetro

Mucho más embustero que de costumbre, el presidente Chávez demostró en la última cadena dominguera que sus mentiras miraflorinas no tienen límite. Desde los mandarriazos a Pdvsa hasta la justificación del «chupadólares», pasando por la deuda laboral y los «logros» económicos, casi todo la diatriba argumental se fundamentó en falsedades y manipulaciones.

Dijo, por ejemplo, que la compra del Airbus en 65 millones de dólares (que sumados los intereses financieros puede superar los US$ 80 millones), representaba un «ahorro para el Estado venezolano». Falso. Con ese realero se hubiera podido volver a repotenciar el fulano camastrón, Boeing 737 (por un valor de US$ 5 millones de dólares), y además adquirir cinco modernos Boeing 757 como el que acaba de comprar el gobierno colombiano (a razón de 15 millones cada uno por ser negociados en reventa). Toda una línea aérea a cambio del «chupadólares».

Dijo, por ejemplo, que el suyo era el primer gobierno desde Guaicaipuro para acá que había reconocido la deuda laboral del Estado con sus trabajadores. Falso. Esa deuda fue minuciosamente cuantificada, registrada y establecida legalmente con motivo de las reformas laborales y sociales promovidas por la Comisión Tripartita en 1997 y 1998. La Ley Orgánica del Trabajo aprobada en 1997 consagró mecanismos de pago que fueron suspendidos por el régimen de Chávez en 1999, para ser reiniciados en el 2000 como si se tratara de una conquista «quinto-republicana».

Dijo, por ejemplo, que el actual Tribunal Supremo de Justicia era uno de los «mejores y más modernos del mundo», libre de toda influencia política o mercantil. Tamaña mendacidad no deberá merecer comentario alguno, aparte de que el llamado «TSJ» se ha desempeñado hasta ahora como un accesorio político del mandamás dizque bolivariano.

Dijo, por ejemplo, que el primer trimestre económico había sido «bueno» para Venezuela. ¡Caramba! Resulta que las cifras oficiales señalan que la tasa de desempleo se disparó a 16,4% (estaba en 11,5% cuando Chávez asumió la presidencia en febrero de 1999). La tasa de inflación fue en marzo — 4,2%– la más alta mensual de los últimos seis años. La nueva inversión privada se ha paralizado casi por completo y la perdida acelerada de reservas obligó a devaluar la moneda nacional en — por ahora — casi 20%.

Dijo, por ejemplo, que la denominada Asamblea Nacional era un «ejemplo de parlamento serio y trabajador, a pesar de las perturbaciones de los desesperados». Al respecto debe afirmarse que desde el primer Congreso de Venezuela, el de 1811 que declaró la Independencia y sancionó la primera Constitución nacional, la República no había padecido una parodia parlamentaria como la que dirige la mediocridad chavistoide.

Dijo, por ejemplo, que el objetivo de su régimen era «recuperar a Pdvsa para el pueblo» (….) En otras palabras, eliminar la autonomía corporativa de la empresa y someterla con todos los hierros al saqueo fiscal que reclaman las menguadas cuentas del Dr. Giordani. Por eso despidió a Lameda y nombró a Parra Luzardo.

Amén de tergiversar estadísticas salariales para intentar exponer al escarnio público a la carrera gerencial de Pdvsa (escalas de remuneración que fueron aprobadas por Chávez en su condición de presidente de la Asamblea de Accionistas de Pdvsa en 1999, 2000 y 2001), lo único cierto del caso es que se quitó la careta sobre sus verdaderas intenciones expoliativas con respecto a la ya, otrora, moderna corporación.

Aunque parezca increíble, el propio Chávez acaba de romper su abusado mentirómetro. Amarrado a Bárbula se le debería llevar, el día afortunado en que salga del poder y los venezolanos tengamos la oportunidad de convivir con un mínimo de cordura.

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