Opinión Nacional

Rómulo: We will come back

Con ese «we», ese «nosotros regresaremos», Rómulo Betancourt lo que quería expresar era el retorno de una ideología. Ya está de nuevo en el Perú. La nueva izquierda que pregona Alan García no es otra cosa que la socialdemocracia de Betancourt. .Es un triunfo. Votó el 88 por ciento de los electores. Se abstuvo sólo el 11 por ciento. La elección es válida. Con el 84 por ciento escrutado, García aventajaba con 55 por ciento a Ollanta Humala, con un 45.

El único perdedor es, según las palabras del candidato ganador, uno que no tiene carné de identidad peruano, que quiso con sus negros millones imponer su voluntad metiéndose donde no le incumbía, pero los peruanos, al igual que en Junín y en Ayacucho le demostraron que eran soberanos e independientes. Más claro no canta un gallo.

Debemos recordar que Cuba fue expulsada del Sistema Interamericano, luego de una serie de acusaciones de injerencia en los asuntos internos de varias naciones latinoamericanas. Para esa fecha, el régimen cubano había iniciado ya sus incursiones guerrilleras en el continente, especialmente en Venezuela. Después de una serie de consideraciones, la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados americanos acordó:

“Considerando:

“Que el gobierno de Cuba, como consecuencia de sus actos reiterados, se ha colocado voluntariamente fuera del Sistema Interamericano;

“2.- Que esta situación requiere la más continua vigilancia de parte de los países miembros de la Organización de Estado Americanos, los que deben informar al Consejo de todo hecho o situación capaz de poner en peligro la paz y seguridad del continente;

“3.- Que existe un interés colectivo de los Estados Americanos para reforzar el Sistema Interamericano y reconstruir su unidad sobre la base del respeto a los derechos humanos y a los principios y propósitos que señala para el ejercicio de la democracia la Carta de la Organización, y por tanto:

“Resuelve:

“1.- Que la adhesión de cualquier miembro de la Organización de Estados Americanos al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano, y el alineamiento de tal gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y solidaridad del hemisferio.

“2.- Que el actual Gobierno de Cuba, que oficialmente se ha identificado como marxista-leninista es incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano.

“3.- Que esta incompatibilidad excluye al actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano.

“4.- Que el Consejo de la Organización de Estados Americanos y los otros órganos y organismos del Sistema Interamericano adopten, sin demora, las providencias necesarias para cumplir esta resolución.”

La Organización de Estados Americanos acordó también, en esa misma oportunidad, suspender todo tipo de comercio y trafico de armas con Cuba. Castro reacciona a esta resolución con un llamado a hacer la revolución en toda América Latina. En el mes de marzo, Cuba sometió en consulta a la Corte Internacional de Justicia las decisiones de Punta del Este.

Las caimaneras políticas

Orlando Urdaneta dijo una vez y estaba en lo cierto, pienso yo, que la política latinoamericana se parece mucho a un campeonato de béisbol entre dos caimaneras con un umpire tramposo, que favorece a uno de los dos bandos, mientras le convenga. Algunos creyeron que el umpire tramposo eran el Consejo Nacional Electoral era ese umpire tramposo. Estaban muy equivocados. Detrás de ese umpire aparente, hay otro mucho más importante. El que hace y deshace gobiernos o regímenes.

Las Fuerzas Armadas son ese umpire tramposo. Son ejércitos de paz no comprometidos con que su objetivo es ir a la guerra. Cuando la mayoría de sus integrantes se convence de que, si un gobierno o un sistema permanece en el poder, le va a tocar salir a enfrentar situaciones en las que le tocará matar, entonces esa mayoría favorece a la segunda caimanera y la deja gobernar haciendo las mismas trampas que hacía antes la otra. A veces a esa mayoría de oficiales le toca decidir entre dos males y escoge el menor. Este es el caso de Colombia. Y fue el caso de Venezuela en los años 60 cuando a la Fuerza Armada le tocó enfrentar la guerrilla de izquierda. Si dejase triunfar a esa izquierda verdadera, podría tener que enfrentar una invasión de Estados Unidos u otros males similares como el boicot económico.

En la actualidad el caso de Venezuela es bien distinto. El deterioro económico de Venezuela en los últimos lamentables años del siglo XX condujo a la mayoría de la Fuerza Armada a percibir que los Caracazos se repetirían y que tendría que salir a matar a sus compatriotas, a menos que se cambiara el sistema. Por eso se apoyó la solución Chávez, la cual con todo lo malo que tenga ha servido para mantener la paz social, aún dentro de un deterioro progresivo económico y social. Y por eso se le permite a esta solución realizar las mismas trampas que se le permitían a los partidos de la república puntofijista para evitar que las izquierdas llegaran al poder. Con esas triquiñuelas se derrotó a Luis Beltrán Prieto y a Andrés Velásquez.

Cuando la situación social se torne de nuevo imprevisible o cuando la situación política de verdad contemple un enfrentamiento armado con Estados Unidos o con un vecino, entonces, sólo entonces, la Fuerza Armada buscará la manera de salir del actual régimen y buscará otro que le asegure su paz social. De los gobernantes militares argentinos se salió luego de la derrota de las Malvinas, porque la Fuerza Armada necesitó de algún sistema civil que le asegurara un retorno a la paz.

La única manera de asegurar en América Latina un sistema civilizado de gobierno es imitando a don José Figueres en Costa Rica. Eliminado el árbitro tramposo, se evita el sistema tramposo. De lo que no estoy seguro es de si de verdad se desea un sistema civilizado que asegure un Estado de derecho. Porque en Cuba, por ejemplo, se eliminó al árbitro tramposo. Primero lo hizo Batista cuando al derrocar la sargentada a Gerardo Machado también eliminó a la oficialidad profesional en la masacre del Hotel Nacional y creó otro ejército tramposo como guardia pretoriana. Este ejército volvió a llevar al poder en 1952 a Fulgencio Batista, sargento mayor en 1930 y fue eliminado por Fidel Castro. Pero éste lo sustituyó por su propio umpire tramposo, su propia Fuerza Armada llamada Revolucionaria, que no es otra cosa que una nueva guardia pretoriana al servicio del dictador.

Los triunfos de Alan García, de Álvaro Uribe, de la misma Michelle Bachelet son un clarinazo de que el pendular político que parecía moverse hacia la izquierda extrema parece retornar al centro. El umpire tramposo mejor se da cuenta.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo, periodista y miembro de Debate Ciudadano. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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