Opinión Nacional

Sabanetivismo enguayucado

Buscar mezclar una merienda de negros con un sancocho de indígenas, como es el dilema filosófico-patológico del Rey Cotorra, según el decir de los sediciosos golpistas y retardatarios del Reino, tenía algo de sutil cleptomanía audiovisual, la cual comenzaba por birlares menores y seguía con saqueo total y el suministro de dádivas en borrascas intangibles y los furores del viento que salían a borbotones cuando la Garganta Pródiga calentaba sus calenturas asimétricamente.

Los indígenas de caras pintarrajeadas y los negros de pelo tieso, cuyas fortalezas autóctonas estaban frente a frente con el Río Aguas Libres fluyendo entréllos en lo más recóndito de Sabanetavia, a veces veían llegar los navíos (tipo cruceros caribeños impregnados de aromas rocanroleros y piloteados por guardias suizos que ahora no se les prohibía tomar sus cubalibres con pitillo) y se ponían en guardia ¡mosca! resguardando los guayucos, porque ya eran centinelas avezados de un mundo vencido al que repicaba belicosamente ante toda invasión a su libertad.

Desde hacía rato que conocían de las condenas a la idolatría ajena. Les gustaba más la propia, y les disgustaban las embestidas armadas que engordaba en sus regios navíos, como esclavistas y conquistadores de nuevo cuño. Era un estado de mosquedad que se incrementaba cuando en la proa aparecía el Navegante Primario con su tiara de plumas de loro rojitas y la tanga rodeada por una faldita tipo Tarzán (el grito pertinente lo daba generalmente después del peyote).

Los caciques y jefes de tribu recibían siempre desabridamente los regalos de canastas llenas de palabras largas y los baldes de caña blanca que sustituía al whisky de 5 años de otrora, todo ahora adobado con carnes argentinas y la donación de un curandero-espía cubano por cabeza tribal, a objeto de que les pegaran con curita las enfermedades importadas que faltaban y para que les echaran cuentos sobre los objetivos del Ché como turista-hippie con moto propia y sus descensos espeleológicos que tanto interesaban a los indigentes bolivianos.

Juntábanse todos los principales y sus gentes con el combo dialéctico sabanetaviano que tenía sólo un Principal y poca gente, abundantemente rodeados de armas (Uzis y chuzos) que guindaban como colgajos bajo los guayucos de los guardias suizos (que también se disfrazaban para la ocasión), armas que eran inútiles para los nativos, ya que sus arcos y flechas curareadas servían mejor en su medio natural. Tal solo hecho confirmaba que eran pueblos afroindígenas o indiafricanos mezclados y atentos a lo posible, sospechosos de lo aparente, que en el savanetaviano es salsa picante en gurrufíos.

Desde las entrañas selváticas el universo mundo pudo enterarse en cadena «no importa el costo» de que se trataba de otra Misión Salvadora que el Salvatriche asumía de forma «porque me da la gana», a fin de derrotar, una vez más, a la CIA bushatoviana que tenía, otra vez más, el ojo virolo imperialista puesto en las riquezas del subsuelo Guayú, y seguramente para seguir bailando rocanrol. Pero la atracción especial del Show Plenipotenciaria del día se sucedió cuando le dio la palabra a los curanderos cubanos tras anunciar que los iba a dejar como residentes en las tribus y que sustituirían a los sopladores de polvos psicotrópicos naturales, a quienes mandó palca con su pito, debido a que estábamos en tiempos de renovación donde mejor se aspiraban notas más refinadas y sintéticas

«Nosotros vivimo en una tierra que ante taba toamojá bajo la ola y que ahora tá seca», dijo el primer curandero, «pero que quedó arriba y dejó el agua salá alrededor, cosa que, óyemetú cosamágrande, mata de envidia a la CIA esa poque nos elevamo sobre el Caribe Má, y aunque ello crean que somo vasallo poque tóo se lo damo a Nuetos Dó Monácas, fallan en vé que nueta valentía va má lejos que el cerco Coronao, y que los dó Monácas sólo compiten por toa pates con quien da el sol a la tierra… Y siempre quedálgo pacomé…»

«Nosoto pusimo concientemente nueta libetá a la orden», dijo el segundo curandero, «a la orden de nuesto dó Reye, que se aman y dan besito potoapates, cosa que no va en detrimento de lo culo sobresaliente y durísimo de la nueta mulata, como dice la CIA. Y ademá ambo tiene la sangre tan coloraíta y en sintonía que preferimo lo que se otiene en provincias y señoría lejana, de otro pueblo, que tiene má que la ná que aquí queda…¿No dijo además el Hablaó Primario que ante quel sepulcro ecogiéramo cogéno cualquier cosita? Hay que comé chico, cosamá grande. Güefano no tamos. Otra cosa tú: somo fime creyente también de que la riqueza no tenemo que criála, basta con cogéla…»

Aunque algunas indigenitas y negritas tiernas sintieron que eso de «cogéla» era con ellas, la atención universal volvió al Cotorrin II, quien se veía transportado a la noche oscura y lluviosa de su pasado, cuando la agüela Palomasanta le sirvió un cafecito «negriiiito» y con azúcar cubana…

«…y yo me sentí calientiiiico, como si mi Amado Padre Castróbilis me arrullara en sus brazos históricos, fuertes y pelúos, haciéndome cosquilliiiitas con su barba, allá, en el palacio que había heredado de un gusano y que, si no mal recuerdo, estaba rodeado en la parte de afuera por un montón guardias suizos flaquiiitos, igualiiiiitos a los que me envió y que ahora están conmigo, aunque más gordiiiitos, y que están con ustedes, con todo el universo mundo que los necesite, ¿no fue así, Sadán?, ese es mi hermano Sadán…Y también estaba por allá uno que otro indieciiiito que había sobrevivido a la transmatazón que hicieron los antepasados gallegos de Castróbilis, y que me dejaron el corazón partíiiito, con mil ciento once lágrimas resbalaaaando por mis cachetes. también flaaacos en aquél entonces, lágrimas que caían gota a gota en la taza de peltre de la agüela, ¿lo recuerdas Reyireyis?, tú estabas ahí, y moqueaste a chorriiiitos, yo te ví, ja ja ja…Y entonces,¿qué decía?, ajem, ah sí: también vosotros solos, indioafricanos, sin mi advirtiéndoos y escarmentándoos, no podréis mantener esa libertad hereditaria, porque vosotros y mi Reino son tan parecidos que yo decidí enviarme por estos tenebrosos ríos y tan peligrosas distancias a presentaros mi afecto de amor incondicional y buena amistad y segura correspondencia, !anota ahí, Yessir: Internet para los Motilones!, y por eso estoy aquí ofreciéndoos navíos, artillería, capitanes eximidos a generales, soldados suizos amansadores, mercancías endógenas, McDonalds de arepas, comercio tecnológico, alianza perpetua, rifles barishnikov plásticos, helicópteros tomatutomatov, acceso franco a vuestro territorio para poner unas tuberías gasíferas hasta la Patagonia, papelillos, cotufas, espejitos más grandes, Directv, gays avanzados, burbujas de jabón para sustituir la baba de cocodrilo, gallineros verticales, hojillas con toche propio, refinerías y petroquímicas para donar a los Mapuches, barriles de butiro, güevos, frasqueras de vino, tratamientos de sida, 1116 universidades guaicaipureanas y negroprimeroanas, sombreros, cachuchas, volantes de propaganda, vallas, Misiones Selva Adentro, y –si se portan bien- la receta de la agüela para hacer cafecito tinto riiiico, y juntas comunales que no tengan que elegir ustedes sino yo, poder popular para el pueblo que yo mande y diga, cadenas, Hummers y… para que vean cuánto los amo: el gran secreto de mi éxito…»

Dicho estúltimo, giró la Espléndida Cabezita, extendió una mano y lanzó una picadita de ojos a su Secretario de Midefensa, conocido también en el Fuerte Trona como «El Negro Simiamo», quien devolvió con creces interminables sus propias picaditas pícaras de ojos al quetchar el mandato y correr clüequeando hacia el baúl de los recuerdos, de donde extrajo un estuche embalsamado en oro que llevó presuroso a su Amo Primario, quien -a su vez y a sabiendas del gusto nativo por los juguetes y las curiosidades, y para seguir engaitándoles su voluntad- dijo:

«He aquí lo que me permite ver la distancia del futuro, lo que está más allá de la simple vista, el sabanetismo a juro que quiere mi tierra y otros lares, lo que trae a mis ojos las cosas más apartadas y de otros…»

Del estuche extrajo entonces el Largavistas Primario, un tubo telescóptico con cuerpo de peltre y dos ojos de vidrio esmerilado, el cual pasó a las manos ávidas de Simiamo con instrucciones de adoctrinar la vista de los nativos indioafricanos, quienes –sospechosos ante tal adoctrinamiento- saltaron espantados y desconfiados escondiendo su sapiencia, tras lo cual expusieron:

INDÍGENA
(Interplanetariamente)
Ya veo ya veo: aquí está el ñemeo, que hace mentir a ojos y boca, lo que descubre lo que tomáis para esconder, los chismes de vidrio, lo que veis de nosotros y luego retiráis, el artificio con que nos expulgáis y os metéis de mogollón a reinar, y con que así vivís enjutos sobre lo ajeno. Enfocándoos sobre nuestro patrimonio os preciáis de rebeldes filantrópicos; queréis nuestra confianza para alimentaros en traición y, al canto de «Sátrapa, Sabanetismo y Peltre: Refritangaremos», nos veis como ramera rica y hermosa y hasta adúltera, olvidando lo duro que es ser leales a rufianes. Pensáis que os lleváis oro y plata y sólo transportáis envidia goldfilled y miseria de plomo. Quitáisnos para luego rasparos unos a otros. Inventáis instrumentos para apartarnos lejos de lo que tenemos cerca. Pero por nosotros: llevaos este espía de vidrio birlador, y de paso también a vuestro espía cubano soplón y mamador de firmamentos…

NEGRO:
(Coloridamente)
Ya veo ya veo: con largavistas se mete el deo. Creéis que la esclavitud de esmeriles es causada por la color, pero la color es accidente, no delito. Queréis cautivarnos con la tiranía de otra color, pero nuestra color viene de la mejor hermosura que es el sol; tampoco es causa de la esclavitud las cabezas de borlilla y pelo en burujones, ni las narices espachurradas y hocicos góticos; y no es que estemos en contra de naricismos con proas sonándose como pezespadas, ya que nuestros catarros son contrasayones. No somos borrones entre manchas de caricaturas rojitas. Nada hacemos llamándoos mulatos, crepúsculos entre anochece y no anochece, estraza de blancos, borradores de trigueños, casi casi de negros, triz de tizne. Nuestra tinta no requiere de noticias de catálogos ni más cadenas. Tampoco negamos a los blancos y demás la ventaja que hacemos en no contradecir a la naturaleza la librea que dio a los pellejos de las personas. Negras y morenas se blanquean con guisados, y las blancas se nievan de solimán. Contenta la tez anochecida con centellas blancas de dentadura, como la del rey nuestro que fue a Belén. Contenta que tomen casta de nosotros, aguando nuestro tinto, porque la gente prieta no se gasta en blanquecinos y cenicientos. Bien lejos con los que revuelven y pierden al mundo utilizando largavistas y boquirrubias coloraítas que afean la color con traiciones y herejías acortavistas…

Fue ahí y entonces que el Conquistador Enguayucado se volvió un culo asimétrico frente a las garzas que se sonrojaban cual flamingos ante el ataque viril de los cuervos, sin que ninguno hubiese pasado jamás trotando arrecheras por Elorza con sueños de soldadito de plomo…

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