Opinión Nacional

Saboteadores todopoderosos

Del incendio, hace un año, de la Refinería de Amuay, con elevados costos en vidas y propiedades destruidas, no serían culpables Rafael Ramírez ni su enjambre de Vicepresidentes y Gerentes multicamburistas y multimillonarios. Tampoco ellos serían culpables de los incendios recurrentes en las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito. Todos esos accidentes, según lo ha descubierto el omnipresente G2 cubano, son causados por saboteadores al servicio de la» oposición apátrida».

Son saboteadores que conocen su oficio a la perfección, de refinada capacitación técnica y de suma destreza operativa, que planifican cuidadosamente los accidentes y los ejecutan sin dejar rastros. En Amuay hasta se ingeniaron para generar con anticipación al incendio un fuerte y extendido olor a gases inflamables, a fin de que los pobladores de las zonas vecinas a la refinería, pensaran que se trataba de un escape de gas por falta de mantenimiento. En fin, aquellos saboteadores polifacéticos lograron infiltrarse en Amuay sin ser detectados, sin despertar sospechas para provocar aquel pavoroso incendio.

El G2 cubano ha hecho un descubrimiento que ayudará al gobierno a mejorar su pésima imagen de inepto y corrupto; atenuará la arraigada convicción colectiva de que la totalidad de los dineros presupuestados para mantenimiento solo sirven para engordar los bolsillos de los jerarcas que los administran. Ahora el gobierno no tendrá necesidad de culpar de los apagones a iguanas y rabipelados. Tal como lo sospechara el muy listo Ministro de Electricidad Jesse Chacón, la culpa es de los saboteadores.

De todos modos, los apagones continúan. Ya se están presentando hasta en Caracas, que había permanecido libre de ellos como colaboración espontanea y generosa de los saboteadores con el gobierno. Llama poderosamente la atención la simultaneidad con que los apagones se producen a lo largo y ancho del territorio nacional. Al mismo tiempo hay apagones en Paraguaipoa y Santa Elena de Uairén; en Güiria y en San Antonio del Táchira; en Pampatar y en Puerto Ayacucho, en Puerto Ordaz y en Cabimas. Es evidente que aparte de su entrenamiento esmerado y de su audacia temeraria, los saboteadores son numerosísimos. Constituyen un verdadero ejército súper entrenado y súper audaz. Con razón sorprende que en lugar de perder tiempo causando accidentes no se decidan de una vez a arremeter contra este gobierno con pies de barrio y cabeza de estopa.

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