Opinión Nacional

Sangre, locura y fantasía

El chavismo en el poder no constituye el triunfo por la vía electoral de las guerrillas de la década de los 60 del siglo pasado. Al contrario de lo que han creído algunos analistas, no es el desgobierno de Hugo Chávez y su camarilla  la consecuencia directa del proceso que protagonizaron los alzados en armas contra el recién inaugurado régimen democrático, presidido por Rómulo Betancourt (1959-1964) y luego por Raúl Leoni (1964-1969).

Pueden tejerse conjeturas, establecer vínculos ideológicos y hasta ver repetidos nombres en los dos procesos, pero de allí a decir que aquella total derrota militar de los frentes guerrilleros (financiados y apoyados con hombres y armas por la Cuba de Fidel Castro) es el antecedente necesario del régimen chavista es distorsionar la historia. En primer lugar, porque su arribo al poder  por los votos ocurrió en medio de circunstancias totalmente distintas, cuando ya todo el movimiento guerrillero estaba enterrado y Castro no contaba mayor cosa en América Latina. Chávez se dio a conocer mediante un burdo (y fracasado) golpe militar y sus ideas de la campaña electoral de 1998 no eran  socialistas.

Lo cierto es que Chávez no tuvo tiempo de militar en la guerrilla y su posición dentro de las Fuerzas Armadas era muy modesta como para influir en algo cuando aquella fenecía, a finales de los 70. Que a su carro se hayan amarrado algunos  comandantes guerrilleros y dirigentes de la época es otra cosa. Al poder, como dice Antonio García Ponce en la introducción de su libro “Sangre, locura y fantasía. La guerrilla de los 60” (Libros marcados, 2010), “han llegado (…) por una vía muy diferente a la armada, sin un partido ni un ejército que fuesen los vencedores y conquistadores del poder, y adheridos, como la garrapata o el muérdago, a un jefe supremo, absoluto, en vez de tomar su energía de la masa popular.”

Es este libro un esfuerzo plausible por limpiar de leyenda y mentira la historia de la insurrección armada contra la democracia venezolana. El autor recaba las versiones de los dos bandos para luego discutirlas y tratar de establecer la verdad de lo sucedido. Está consciente Antonio García Ponce de que todavía quedarán cuestiones por aclarar. Pero no duda en afirmar que ha habido mucha más manipulación y ocultamiento por parte del lado guerrillero que por parte de quienes eran gobierno y/o formaban parte de las Fuerzas Armadas entonces. Conclusión a la que llega con serena convicción, fundada en los hechos contrastados, con gran valor intelectual pues el autor formó parte de aquella ilusoria y trágica aventura guerrillera.

Las delaciones, los fusilamientos de camaradas ordenados por “tribunales revolucionarios”, los accidentes mortales –causados por la inexperiencia con las armas- que luego fueron convertidos en hechos heroicos por la propaganda, los sorprendentes cambios en la estrategia militar y política, las rivalidades y rencillas entre los jefes guerrilleros, son todos asuntos tratados con crudeza. En fin,  un libro imprescindible en la bibliografía sobre el tema, escrito con rigor y pasión (aunque sea de lamentar la descuidada edición, típica de la editorial).

 Lo que sí podría ser extrapolado, como eslogan del chavismo, es el título del libro: Sangre (más de 130.000 muertos en forma violenta), Locura (todo lo que hace el líder y aplauden las focas) y Fantasía (creer que es posible instaurar un socialismo diferente al real en cualquier siglo).

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