Opinión Nacional

Se acabó “El Café”

(%=Image(3001814,»R»)%) (%=Link(«http://www.baseball-almanac.com/players/player.php?p=martica02″,»Carlos Martínez»)%) , un nombre que pasaría desapercibido en cualquier line-up de béisbol latino, o hasta en las grandes ligas. Detalle que cambiaría de manera trascendental si en el medio del primer y segundo nombre agregamos “ El Café”.

Oriundo de La Guaira, la tierra que lo vio nacer y que hace pocos días también lo vio morir. Tierra a la que defendió hasta que pudo, por encima de cualquier cosa. Tierra a la que identificaba cada vez le tocaba el turno al bate, en cualquiera de los parques de béisbol, que tuvieron la dicha de verlo jugar. Tierra cuyo gentilicio y picardía era llevada por “El Café”, y se hacía presente en cualquier escenario donde su actuación así lo requería.

Siempre me hice ésta pregunta: ¿Quién enseño a jugar a Café? Les ruego disculpen mi ignorancia pero no sé la respuesta. El verdadero talento natural para jugar al béisbol. Sumado, por supuesto, a la ya picardía de la gente del litoral, y a esa combinación de el sol con las aguas de la costa. Principales ingredientes de la llamada “Pelota Caribe”. Por eso se entregaba “Café” en el terreno; a pelear. Por eso le dolía tanto la camisa de “los Tiburones”.

El juego, para él, no presentaba otra opción que no fuese ganar. Se “arrechaba” si fallaba en el turno, más con el mismo que con nadie y era imposible ocultarlo. Por eso, quizás, las incontables mal interpretaciones hacia su personalidad y las mal llamadas malcriadeces. No aceptaba injusticias. ¿Cuántas tuvo que aceptar en su vida? No aceptaba normas, ¿Cuántas rompieron los que las hicieron a conveniencia? Su ley: sobrevivir. Más difícil afuera que adentro del terreno de juego.

La primera vez que llevé mi hijo al estadio, a un Caracas-(%=Link(«http://www.tiburonesdelaguaira.com.ve/»,»La Guaira»)%), le dije: “ Aquel jugador se llama Café”. El nombre le pareció gracioso. En medio del encuentro Café discutió con el umpire en la única forma que sabía hacerlo: airadamente, entonces me preguntó “ ¿Por qué está peleando Café? Al final del partido nos encontramos con él , y como era su costumbre con los niños, nos recibió con una sonrisa. Café no le negaba un autógrafo a nadie, especialmente a los jóvenes. A su pueblo, a su gente.

¿Cuánto más lejos pudo llegar Café en el juego de béisbol? Otra interesante pregunta. Pienso que no quiso. Porque para llegar más lejos había que dejar las costumbres y regirse por normas de cuello blanco, “El Café” tenía las suyas, y por ellas vivió. Se acabó “El Café”, pero cada vez que la samba suene recordaremos el aroma.

(*): Arquitecto. Actualmente residenciado en Houston.

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