Opinión Nacional

Se fue el Papa Peregrino

Se fue el Papa Peregrino. Juan Pablo II, nos deja y va
para la casa del Padre. Escribimos estas notas con
sentimientos encontrados. Una profunda tristeza, como la
que sentimos los humanos cada vez que perdemos un ser
querido, que ha más de uno nos ha hecho derramar una
lágrima, aunque sea en privado, pero a la vez la alegría
de saber que el Santo Padre ya está en la vida eterna.

Como dice el rito católico en la Santa Misa, «Aunque
la certeza de morir nos entristece, nos consuela la
promesa de una vida inmortal». Y no otra cosa
podemos esperar para una figura como la de Juan Pablo II.

No es fácil expresar en cuartilla y media todo lo que este
Papa ha hecho en bien de la humanidad y no tengo dudas que
la humanidad entera le estará por siempre agradecida. Solo
baste señalar su intervención decisiva en la caída de la
cortina de hierro y el derrumbamiento de regímenes para
los cuales la dignidad de la persona humana no tuvo ni
tiene valor alguno, siempre creyendo en la perfectibilidad
de la sociedad; o su afán de promover el ecumenismo y el
diálogo con las otras religiones; igualmente su compromiso
con el bien común y la justicia social, así como su pasión
por la juventud, reuniéndose con ella en cada uno de sus
incesantes viajes.

Párrafo aparte merece todo el magisterio, expresado en sus
encíclicas y exhortaciones apostólicas. Su interés
permanente por mantener la doctrina de la Iglesia como un
todo coherente; su permanente llamado a atender los
problemas sociales; su interés por el medio ambiente y el
uso racional del los recursos naturales, como parte
integrante de la creación divina, recordándonos el deber
de mantenerlo para el beneficio de la generaciones
futuras; el llamado a los laicos a ser los protagonistas
de la evangelización y a no perder de vista nuestra
obligación de participar en los asuntos temporales, de
manera especial en la política, entendida esta como un
servicio y un medio para hacer realidad los valores del
evangelio en el mundo de hoy.

Resulta insuficiente el espacio, como ya hemos dicho. La
Iglesia y el mundo entero hemos sufrido una sensible e
importante pérdida. Nos luce difícil que podamos tener de
nuevo un Papa como este que nos deja, peregrino del mundo
y baluarte de la Nueva Evangelización. En los próximos
días el Cónclave de cardenales elegirá a su sucesor, bajo
la inspiración del Espíritu Santo. Los católicos y el
mundo entero estaremos pendientes de tan importante
decisión, por lo que debemos elevar nuestras oraciones
para que la decisión sea la mejor para la Iglesia y para
el mundo. Aunque estamos seguros que para tener un Papa
como Juan Pablo II, el Espíritu Santo tendrá que trabajar
mucho. Que así sea.

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