Opinión Nacional

Se le chorrea la Sai Baba

Resulta extrañamente curioso que el ungido heredero del presidente fallecido, Nicolás Maduro, sienta una especial fascinación por personajes, desde todo punto de vista, detestables.

La medianía intelectual del usurpador encargado, y la íntima convicción que lo posee de haber nacido para hacer mandados, parecen haberlo tentado siempre a que se le chorree la baba por fraudulentos mesías. Su reptil devoción por Fidel, Chávez y por Sai Baba, donde ha concentrado sus esfuerzos por refundirse y ser,no para transfigurarse en el venerado, se trata de evadir su yo, que no ha asumido ni lo hará jamás.

Maduro traspasa concientemente su propia conveniencia política. Es ese que vemos ahí encaramándosele al muerto; no puede ser otra cosa ni ir mas allá, entendiendo que su alta posición actual no surgió de sus habilidades y destrezas políticas, sino de su acrítica sumisión, docilidad, obediencia y postración al desaparecido. Desde esa perspectiva, no veo ninguna incoherencia en la conducta de Maduro. No existe ningún antecedente de un office boy que de pronto se convierta en un hombre de Estado. En esto es donde reside nuestra tragedia y forma parte del devastador inventario que entre Fidel y Chávez le dejaron aVenezuela. La irresistible necesidad de Maduro por compensar la inmensa pobreza y vacío de su personalidad, lo convirtió en un hombre masa, es decir, se programó para no pensar ni actuar individualmente, sino a través del contagio que alientan fe y obediencia ciega de líderes carismáticos que fabrican un comportamiento grupal detrás de sus ideas y discursos. Nicolás nunca será un líder porquenunca abandonará su condición de Hombre-Masa.

Su puntería por seleccionar a dos personajes con ciertos rasgos comunes, Chávez y Sai Baba, podrían decirnos algo sobre su trastorno.

El santón hindú es una especie de Dios para unos y un simple farsante para otros.

Su organización recibe donaciones por 6800MM$ que financian proyectos de salud y educación, además de hospitales. El dinero de otros, le forjó una reputación de estar comprometido con los pobres. Predicaba la caridad y la sencillez y creó un imperio económico de más de 1.800 millones de dólares, en medio de escándalos financieros y fraudes; un aeropuerto personal, tres mil apartamentos que la orden SAI alquilaba a quienes acudían a visitarlo, más de 15 vehículos BMW, Rolls Royce y Mercedes Benz, que usaba para sus traslados y aspectos de su vida personal. Hoy casi nadie pone en duda ­salvo los adeptos- que Sai Baba noera más que un mero prestidigitador (mediocre) y un estafador que captaba fieles a través de falsos prodigios.

Ex seguidores lo acusaron a él y a miembros de su organización de abusos sexuales a niños y adultos varones, y por lo cual nunca fue procesado.

Su fallecimiento en el 2011 concitó su despedida por centenares de miles de sus admiradores que lo contemplaron en su urna de cristal.

Tampoco faltaron importantes personalidades indias como Sonia Gandhi y Manmohan Singh, actual Primer Ministro.

Este ético Dios viviente, junto al cristo local, de ganar Maduro, serán, quién puede dudarlo, los que terminarán acabando con la delincuencia.

 

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