Opinión Nacional

¿Se puede predecir los terremotos?

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Después de ocurrido el devastador terremoto de Italia Central a principios de abril, circuló la noticia de que el sismo había sido predicho semanas antes por un técnico local, un tal Giampaolo Giuliani, a quien se silenció oportunamente para no causar pánico. En efecto, Giuliani –un físico del instituto Gran Sasso, cerca de L’Aquila– había analizado datos de la presencia del gas Radón en la región de los Apeninos regionales y determinado que acaecería un fuerte sismo el domingo 26 de marzo, con epicentro en el pueblo de Sulmona, a unos 50 km al sureste de L’Aquila. Giuliani se basaba en el hecho de que el gas Radón sale de las grietas de la tierra unos días antes de un sismo, e incluso trató de patentar ese método para predecir terremotos.

El técnico estaba tan convencido de la inminencia del sismo que, sin permiso de sus superiores, enfiló el sábado 25 de marzo con su auto hacia Sulmona y con un megáfono alertaba a la gente a desalojar el pueblo, además de colocar la advertencia en un sitio público de Internet. Incluso, como precaución mandó a su familia a dormir en el carro esa noche, convencido en que el domingo ocurriría el fenómeno telúrico. El sismo no ocurrió, y fue objeto de reprimendas por causar pánico innecesariamente, a pesar de que obró de buena fe. Asimismo se le obligó a retirar su alerta del Internet para no seguir causando alarma.

Pero una semana después de esa fecha ocurrió el gran terremoto en L’Aquila, con consecuencias catastróficas, pues hubo 290 muertos, unos 1.500 heridos y 17.000 familias perdieron sus casas. El centro de L’Aquila, una ciudad medieval de unos 70 mil habitantes, fue severamente golpeado y muchas edificaciones históricas fueron destruidas por el fuerte sismo de intensidad 6.3 (Richter). El jefe del Servicio de Protección Civil, Guido Bertolaso, el mismo funcionario que silenció a Giuliani, calificó el terremoto como “la peor tragedia que golpeó a Italia central en un milenio”.

Giuliani se sintió reivindicado e inmediatamente dijo a la prensa “Se lo advertí”, a pesar de que había errado el momento en una semana y el sitio en 50 kilómetros. Incluso exigió una disculpa de las autoridades italianas, que deberían –según él- compensar a los afectados por los daños sufridos. El curioso incidente obligó a que el premier Silvio Berlusconi, rodeado de expertos en una conferencia de prensa, explicara en televisión el porqué no se pueden predecir los terremotos y que el fallido “acierto” de Giuliani fue por pura suerte y no una predicción científica.

Detección previa pero no predicción
El caso de L’Aquila renovó el debate sobre la predicción de los terremotos, un tema bastante polémico en vista de que no hay un consenso entre los científicos sobre la manera de detectar con suficiente anterioridad la ocurrencia de un temblor. Se sabe que a lo sumo puede haber algunos indicios pocos segundos antes del mismo, pero no con suficiente antelación para hacer evacuar efectivamente el área afectada.

El método más aceptado se basa en que ciertas ondas eléctricas –desatadas por los choques de placas en el interior de la tierra– viajan más rápido que las ondas secundarias que causan la destrucción. Es algo similar a ver un relámpago varios segundos antes de oír el trueno, ya que la luz y el sonido viajan a velocidades diferentes. Sin embargo esto implica un alerta previa de una decena de segundos, y por ende es difícil que el método tenga una utilidad práctica. En otras palabras, se puede lograr una detección temprana del temblor pero no una predicción real de días, ni siquiera de horas o minutos.

Otros métodos ensayados hasta ahora incluyen el análisis de patrones sísmicos, electromagnéticos y meteorológicos, el análisis químico de gases como radón o hidrógeno en aguas subterráneas o en el aire circundante, el nivel de agua en pozos artesanales, el estudio de las fases lunares y hasta el comportamiento de animales. De hecho, en China se logró predecir dos terremotos (en feb. 1975 y nov. 1999) con la observación del nerviosismo de animales como gallinas, perros y caballos, lográndose salvar muchas vidas al ordenar la evacuación oportuna de las áreas en peligro.

Pero muchas otras predicciones similares fallaron rotundamente, afectando la credibilidad del método, aunque muchos pueblerinos siguen apostando por su validez. Luego, es difícil absorber el costo político y económico cuando una autoridad ordena un desalojo de una ciudad y luego no pasa nada. Y en el plano científico, los otros métodos –basados en modelos estadísticos- a lo sumo dan una simple probabilidad de que ocurra en un determinado plazo, no una certeza absoluta, lo que afecta fuertemente su valor como herramienta predictiva. Además de la predicción, los expertos insisten en que se salvarían muchas vidas solamente con insistir en el cumplimiento de las normas en las nuevas construcciones, pues se observó mucha negligencia en las edificaciones derrumbadas en las recientes catástrofes en China, Japón, EEUU e Italia.

Sin embargo, varios centros de investigación en el mundo entero – especialmente en Japón, EEUU, Grecia, Islandia, México y China— están refinando métodos para predecir terremotos, usando estudios satelitales y la electroluminiscencia, entre otros, con lo cual se espera evitar mucha muerte y destrucción en un planeta todavía inquieto desde su formación hace 4,6 millardos de años.

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