Opinión Nacional

Sed de Constitución

En 1887, cuando el gobierno de Guzmán Blanco hacía alarde de un poderío inigualable, permitiéndose el lujo de gobernar a Venezuela desde París y luego regresar para ser aclamado por su cohorte de acólitos, la prensa de oposición, la que todavía se permitía discrepar del régimen, siendo flanco de los más severos ataques por parte del caudillo o de sus vasallos, aún a riesgo de persecuciones o cárceles, fustigaba duramente las maniobras de Guzmán para perpetuarse en el poder. Es así como diarios como El Yunque, advertía a Guzmán que se dejara de estar pidiendo al Congreso facultades extraordinarias, que le permitieran luego encarcelar a escritores independientes. Terminaba esta nota diciendo: “No necesitamos facultades extraordinarias. Lo que tenemos es sed de Constitución”. (Tomado de Joaquin Crespo Tomo II, obra de Ramón J. Velásquez, de la Biblioteca Biográfica Venezolana, editada por El Banco del Caribe y El Nacional).

Las tropelías de Guzmán Blanco, por cierto llevado por este gobierno al Panteón Nacional, como si pudiéramos comparar su gesta de conspiraciones, maniobras y ardides, con la obra de los grandes héroes de la patria, nos recuerda en algo la situación que hoy vivimos los venezolanos. Un gobierno para el cual la separación e independencia de los poderes no tiene ningún valor; con un poder legislativo, a la espera que desde el gobierno den la señal, para levantar la mano complaciendo peticiones, tal y como en el viejo Congreso lo hacia el jefe de la fracción parlamentaria, trazando la línea política; con un poder judicial que se declara fiel servidor de la revolución, que vuelve a juzgar a personas por hechos por los que ya fueron absueltos, o que mantiene detenidos a jóvenes como Danny Ramírez y otros, que solo se atrevieron a discrepar del gobernador del Táchira; con un poder electoral para cuyo presidente “la rabia no prescribe” (palabras de Jorge Rodríguez al ser consultado sobre la trágica y condenable muerte de su homónimo padre), con lo cual ya sabemos con que objetividad va a actuar cuando deba pronunciarse sobre aquellos sobre los cuales no operó la prescripción; así pudiéramos seguir con el poder moral, cuyo fiscal, contralor y defensor del pueblo, se cuidan a todo evento de no alterar las iras del soberano y de cumplir con sus pedidos.

Nos preguntamos sin embargo ¿son estos temas importantes para la gran mayoría de los venezolanos?, o ellos están conformes y tranquilos con esos pequeños desembolsos que generosamente reciben del gobierno y lo demás no les importa? Al momento de decidir ¿qué será preferible?, ¿apoyar a quien nos mantiene en las misiones o con una beca, que nos asegura un “ingresito mensual” y que incluso nos puede hacer bachilleres o universitarios, en breve tiempo?, o ¿apoyar a quienes tildan estos programas de populismo, sin saber que será lo que vendrá después de Chávez, por más democracia que nos prometan? El tema da para largo, y hay muchas interrogantes más, que también son de difícil respuesta. Éste creo es el gran dilema de la oposición democrática. Los venezolanos ¿tenemos sed de Constitución?

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