Opinión Nacional

¿Seis años más de esto?

No hay modo que alguien salga bien librado de la peste que sobre el país se abate.

En medio de sus males, y engarzado en el más feroz combate que haya debido realizar en su vida: tratar de vencer un mal al que no valen exorcismos y que no es identificable con enemigo externo alguno (el cáncer es un producto de tu propio cuerpo, si así pudiere decirse), Chávez trata de proponer la lucha política en el terreno que hasta ahora le ha dado mucho fruto. En eso se muestra aprovechado alumno de Sun Tzu.

Veamos. Reúne a las huestes que siempre ha creído, le permanecen fieles y que él sabe lo que esperan de él. Tiene plata guardada y se esmera por pagar viejas cuentas: las víctimas olvidadas de los bancos llenan un requisito fundamental. Nunca olvidarán que sus escasos churupos -para ellos lo único con lo que cuentan- se los devolvió Chávez. Eso ayuda a que el resto, expectante, afiance su creencia en que ellos son los próximos en el reparto.

El reparto lleva consigo otros asuntos importantes: le permite lanzarse como fiera a la yugular de sus enemigos. Banqueros y burgueses, después de todo, son quienes se fueron con cabuyas en las patas; y le viene de maravillas «compartir enemigos» con el pueblo pobre. Le permite, además, mostrar que él «nunca olvida sus compromisos», aunque se tarde en honrarlos. Chávez, aunque tardío, ¡siempre cumple con su gente!, quiere dejar muy bien sentado.

A la vez que aprovecha el precioso tiempo que la enfermedad le concede en garantizar su electorado, necesita asustar -¡y cómo!- a los que le detestan con el mismo ardor que él a ellos. Para ellos ha diseñado las dos leyes de despeñadero que se esmera en consolidar. Con ambas produce un ataque que él cree mortal al sistema económico venezolano, y confía en poder paralizar a quienes rápido se movilizarían para garantizar su caída. ¿Exceso de confianza?

Creo que sí y que muy posiblemente mis lectores irán llegando a la misma opinión en la medida en que consideren lo que expongo. El primer asunto tiene que ver con un detallito que Chávez olvida: nada hay más riesgoso que repartiresperanzas. Siempre es más fácil repartir plata, porque cuando son esperanzas las que se reparten… ¡no hay plata que alcance!

Pero es que, además, la gente quiere plata pa’compraaa, para ninguna otra cosa. Y es aquí donde la fulanita «Ley de precios justos» puede jugarle una muy mala pasada. Con la esmerada colaboración de Cadivi, claro está. Si ya lo dijo el Jaua: será Cadivi el que dictaminará si los costos pretendidos de cualquier producto son tales. ¿Jaua como que supone que Cadivi entrega los dólares que la industria necesita? ¿Es tonto, o se hace?

Chávez necesita desesperadamente que la gente tenga un «blackout» total en la memoria y ni se acuerden de aquí a octubre de aquel asuntico de «una vivienda digna», que tanto los altos funcionarios del régimen como su jefe saben qué quiere decir.

Su odio a la burguesía -a quienes ahora acusa de estar bailando en una pata por el cáncer que le aqueja- le orienta a una política de «tierra arrasada», sin calibrar que al lado de cada burgués hay docenas de pobres que saldrán gravemente perjudicados. Los apagones, el mal estado de las carreteras y la inseguridad indetenible en cada rincón de Venezuela tienen la virtud de proceder con el «caiga quien caiga». No hay modo que alguien salga bien librado de la peste que sobre el país se abate.

Es en consideración a todo lo anterior que la oposición a Chávez no puede darle cuartel. Ella debe empeñarse, mañana, tarde y noche, «oportune e importune», en mostrar a todos la inmensa estafa, la imposibilidad de llevar a cabo las ofertas y, lo más grave, cuán a consciencia Chávez se empeña en unas leyes que nos arruinarán a todos. A todos.

Es por eso que por doquier, en cada vereda y en cualquier rincón, a todo venezolano debemos hacer la misma pregunta: ¿Seis años más de esto? Tú y tu gente ¿aguantarían seis años más de esto? ¿Seis años con la misma gente? Si es que en los doce que ya lleva es siempre lo mismo, con los mismos. ¿Seis años encadenados? Y con la misma cadena per secula seculorum.

Y, además, Chávez luce encantado. No para de hablar de las maravillas que «continuará» haciendo. Todo va tan bien, pero tan bien… que el país ya no es lo que era. Y ¿qué era? ¿Lo recuerdan? Entonces ¿creen ustedes en la más mínima posibilidad de arrepentimientos y «firmes propósitos de enmienda»?

¿Creen ustedes que en esos otros seis años de Chávez, su modo de gobernar mejorará? Y si empeora como parece, usted, amigo que nos escucha ¿puede aguantar el karma de otros seis años?

 

 

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