Opinión Nacional

Señores Fapuv-Rectores

SEÑORES FAPUV RECTORES DE FACTO,

RECTORES POR ELECCIONES

MINISTRO DEL PPPES

PP-CNE NICOLÁS MADURO.

Ha concluido una fase del conflicto necesario y permanente entre La Universidad y El Estado, y en este caso concreto, entre la FAPUV y el gobierno este, bajo la hegemonía del presidente proclamado por el CNE, de la más clara ilegitimidad y demostrable ilegalidad y copresidido por Diosdado, en manos militar-civiles, con predominio militar. Los destinatarios están en riguroso orden según sus dimensiones de poder real en el seno de las universidades autónomas. Empecemos por diferenciar a la Universidad real, nuestra, de la Universidad. El ser de la universidad y su deber ser es necesariamente una y misma cosa, si la Universidad es, ES la que es. La universidad es desde siempre una COMUNIDAD de estudiantes y profesores para buscar la verdad, para preservarla y resguardarla y hacerla crecer con el conocimiento, para que en ella se cree, viva el arte y se encarne en cada quien que es en la universidad. La universidad es, si es universidad, la que por encima de todas las serpientes, las opresiones del poder, tiene que, no solo buscar la verdad y hacerla crecer, sino con ella orientar a toda la sociedad. Decirle a cada gobierno, a cada cultura, a cada quien qué se debe y se tiene que hacer para que el hombre se encuentre consigo mismo, para que la sociedad crezca y desarrolle en condiciones de equilibrio el ser social, individuo, naturaleza, la sociedad, en armonía.

Para, en fin, decirle al poder, he aquí sus errores y he aquí las formas de superarlos. La grandeza de la universidad está allí y para llegar allí, hay una sola forma, hacer de la investigación con rigurosa orientación ética, el camino, hacer de la ciencia y el arte correlativos pero, es esencial que su práctica interna sea ética, que haya identidad entre el ser y el deber ser. Entre el decir y el hacer. La conseja de que la universidad es reflejo de la sociedad es una gigantesca cabronería para justificar los desmanes internos, para la justificación de su propio celestinaje, de su propio adulterio a la universidad, a su esencia. Delito máximo que identifica a la universidad con la los intereses del poder, que identifica a sus rectores, etc., con los comisarios y sargentos del poder, con la sumisión al y la complicidad con el poder. Vea un ejemplo: se guardó silencio cuando Caldera destruyó la cualidad ética de la universidad y dotó al voto del máximo poder y con ello aniquiló la autoridad de la razón y de la ética. Cualquiera y cualquiera es cualesquiera puede ser gendarme en la universidad, administrador de su burocracia, destructor de la de la Auctoritas de la Universidad y sepultureros de la autonomía.

Y a esa”tesis”, a ese grotesco sofisma hay que enfrentar y destruir. Si la universidad quiere salvarse, de verdad, vivir como universidad de verdad, ustedes los rectores reales, es decir, presidentes de gremios, de cada uno y de ese combo que son todos, tienen que, primero, eliminar para siempre la reelección, dicho de otra manera, el ejercicio del poder vitalicio. Y, segundo, ustedes los rectores títeres de ese juego, tienen que dejar de ser lo que son, ejecutores eficaces de los intereses del poder interno y siervos del poder externo. La reelección de los decanos, la promoción desde allí para alcanzar las funciones de secretario, vices, hasta rector, es una vulgar estafa a la razón, a la ética, es hacer de la carrera burocrática y de la pseudomoral política el modus operandi y por tanto la negación del la universidad. Esto debe sustituirse por la creación científica, artística, por su idoneidad académica. Los sindicatos son feudos donde más que un señor feudal quien lo preside, es un rey que repite para sí y se cree “la universidad soy yo” , pero con mas poder, son como la reencarnación de Richelieu y Luis XIV, con menos talante, pero blandiendo con habilidad las “ armas de la democracia” se convierten en dueños de su propio imperio que comparten en cofradía obreros, empleados, profesores. Los más astutos son emires eternos y hasta infalibles.

La universidad que tenemos es la negación de la universidad científica, ética. Digo mejor, hace tiempo dejó de ser universidad para ser la ciudad de los gremios, con todos los vicio inherentes al poder según es las cuota parte de los grupos actores, etc., que en complicidad cohabitan en los esteros de cada universidad. La autonomía devino en un potrero donde pacen la ignorancia y la fuerza y la verdad vive en catacumbas. Esto lo sabe bien todo gobierno. Ayer la complicidad interna con AD y Copey hizo que los “enfrentamientos” fueses “liberales”. Las normas de homologación fueron un regalo del poder (Chinque Montilla era el ministro de educación que hizo la dádiva) para la domesticación y para la imbecilizacion. Por cuestión de principios, en una institución donde la desigualdad es sustantiva, la homologación es un insulto, un agravio, un asalto a la razón y también a la ética. En este momento, el enfrentamiento se ha agudizado porque el gobierno, este militar-civil (donde los civiles son tanto o mas arbitrarios que los militares, porque les deben sumisión y obedecía para su propia seguridad) es menos hipócrita. Para este gobierno, el arte, al ciencia son sus mas “caros enemigos” y los más sencillos de derrotar. La transformación de los tecnológicos en universidades politécnicas, sin saber que son ni para qué, la misiones “académicas” la universidad bolivariana…que se yo, son centros de adoctrinamiento, solo que no hay doctrina que presentar, entonces, se recurre al mito, al culto a la personalidad. La destrucción del IVIC, su asesinato, y pocos lloraron en su entierro. La ley de cultura, la ley orgánica de educación….

Esto dicho, que no es sino un muestreo tanto al azar, impone una pregunta. Puede la universidad salir de esta crisis de cuya tragedia tiene ella misma casi toda la culpa y la mayor responsabilidad? Pues sí! En medio de esta catástrofe son las únicas en producir conocimiento científico y con timidez se dice la verdad. Pues si!. Podemos salir. Y ello es posible, si y solo volvemos a los principios, incluidos los de sus orígenes. Primero, asumirse y hacerse como comunidad tal como fue su constitución y como es y ha de ser la universidad y para que así sea tiene que sustituir todos y cada uno los vicios. Ya hemos señalado uno, el más perverso: La reelección y la promoción electoral burocrática y clientelar. Eso se debe y tiene que evitar. Acabar radicalmente la reelección y la promoción electoral en cadena hacia la cima que normalmente, una vez alcanzada la convierten en su sima, el ideal donde soñaron estar y saborear… No más reelección decanal. No mas la promoción de secre- a vices-, de vices a rector…. Segundo, calificar la elección. Para ser decano, autoridad universitaria se tiene que imponer reglas transparentes que garanticen el más alto nivel académico, obra reconocida, liderazgo científico que, cando menos, demuestren que saben leer y escribir bien, según lo que ello implica, tal diría Ana Mireya Uzcategui. Que salgamos de la conseja de que la universidad necesita gerentes. Esa imbecilidad se “creó” para justificar la tecnocracia sin tecnè! Sin capacidad. Dejemos este tipo de “gerentes” al gobierno. Basta ser del PSUV para ser bueno y si además del PSUV se es general…vaya!, se es superior a todos los demás. Necesitamos más a Unamuno que a Thomas Edison. Ambos necesarios para una buena universidad, este para que haga, invente, cree, que negocie, pero que esté donde tiene que estar, aquel para inspirar, orientar, pensar. Necesitamos más a M. Heidegger que a L Atencio. A D’Venanzi mucho mas … Necesitamos al ser abierto reconocido por su autorictas que asume los riesgos de la creación, de la verdad, que al gerente “emboscao” que pacta, negocia para su auto preservación.

Necesitamos que la universidad imponga a cada profesor la producción de conocimiento. Que publique, que invente. Necesitamos que sus estudiantes y profesores busquemos con urgencia la cualidad académica, no esa estúpida cháchara, la tal excelencia, esa ha sido una máscara para esconderse la mediocridad. Necesitamos parecernos a Harvard, al MIT,… en fin necesitamos conquistar espacios que nos igualen a las universidades de punta. Se puede. Se puede! tenemos científicos, sabios, pensadores, estetas, creadores, técnicos… en nuestras universidades que desde su clandestinidad hacen todo para salvar a la universidad. Ellos son sus verdaderos héroes y no, quienes se deleitan con los actos de grado, producto del pedagogicismo sin pensamiento critico, sin investigación, ajenos al arte. Para que graduemos alumnos de “primera” los profesores debemos y tenemos que buscar ser de primera. No hay otro camino.

Desde luego que ello implica presupuestos racionales, dignos en correspondencia con el trabajo. Un presupuesto justo es una consigna inocua. Pero no exístete autonomía posible si la conquista histórica del presupuesto para la universidad no se completa con producción científica, tecnológica y artística de la propia universidad. La gratuidad de la educación y la superior, en especial, una conquista de la humanidad y para el caso nuestro es parte de la grandeza intelectual de los líderes fundadores y de los dirigentes políticos más conscientes. Es parte irrenunciable de la lucha de los jóvenes universitarios de siempre. Pero la gratuidad no es ajena a la responsabilidad.

Un profesor universitario ha de ser muy bien remunerado, solo que un profesor universitario debe justificar a plenitud su pago. Admitamos que a cada quien según sus necesidades (homologación) pero la justicia impone que se corresponda a cada quien según sus capacidades. (Marx lo dijo de su mejor modo… a cada quien según sus capacidades…). Ese mismo criterio ha de ser el responsable de los salarios, sueldos, reconocimientos, etc. para los empleados y obreros. La merienda sindical de hacernos a todos iguales, menos a sus dirigentes que disfrutan de esas “igualdades” es un banquete donde además del servicio de la mesa nos devoramos a nosotros mismos.

De este gobierno no es posible pedir nada. Exigirle Sí! Como a todo gobierno. Exigirle que reconozca la cualidad de la universidad. Ya ese reconocimiento se establece en el 109 de la constitución. Pero la constitución nunca jamás ha sido mas violada, pisoteada, etc.… que en esta era “revolucionaria”. Esta cuya originalidad es lograr la revolución para retroceder. Pero, a este modelo hay que enfrentarlo y la única manera que tiene la universidad para hacerlo es lograr elevar sin límites su capacidad académica y multiplicar sin límites su comunicación con el país, en comunión con la verdad.

Una imperiosa revisión se impone. Si queremos resolver la crisis y no morir en ella, requerimos de un cambio. El Dr. Gustavo Pineda anda proponiendo una modelo para convertir la salud en el núcleo sobre el cual se reestructure la vida da la universidad. Y la salud para este gran científico es estar bien, es gozar de calidad de vida, es tener conocimiento y sabiduría como el pan nuestro de cada día. Es garantizar por nuestras propias manos nuestro propio destino. Es hacer del curriculum de la universidad un modelo que tenga en el hombre su medio y su libertad, como su fin. Y este sea quizá un aporte no antes conocido. Así como la salud de cada uno como individuos depende en casi toda su totalidad de cada uno, así entonces toda la universidad debe su existencia, su vida a cada uno. La concepción de la solidaridad, de la misericordia, de la justicia, de la fraternidad, de la responsabilidad etc. alcanza una nueva dimensión. Es como combinar el segundo mudamiento con la curiosidad e indagaciones de Eva

Los pasos para salvarse de la burocracia, para eliminar esa montaña de obreros y empleados requieren de una nueva visión y una nueva acción donde quienes están no perezcan pero que quienes queden garanticen la vida de la universidad.

Los rectores por ley, el CU, el claustro, las asambleas de facultad son los escenarios para el desarrollo de la verdad de esta obra. Los gremios, si a consciencia se asumen, serán magníficos aliados, pero ello implica superar su concepción y praxis de gremio para asumirse, en sus límites, como comunidad. Ah, casi lo olvido, los jefes de los gremios no se hicieron rectores por su búsqueda, porque lo tuviesen como su meta, sino porque los rectores dejaron de serlo.

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