Opinión Nacional

Sentido de responsabilidad

Acaso no tan secundaria, compartimos una preocupación adicional en torno al actual curso de los acontecimientos: el desorden y la escasa posibilidad de documentarlos, en medio de la polémica unitaria que embarga a la oposición y al oficialismo. Excepto la labor esforzada de los medios de comunicación social, poco o nada sabemos de la fijación de posturas en papeles que afiancen la interpretación de los futuros investigadores de una experiencia tan atípica, aunque todas las reuniones a las que asistimos en la Coordinadora Democrática por la modesta representación ejercida del partido en el que militamos, eran llevadas por una tercera persona gracias a una computadora portátil, desconociendo el destino de las actas.

Sabido, la abundancia de noticias y la propia política editorial que se tenga, consagra la existencia de una suerte de doble mesa de redacción en los medios. Contrario a lo que pueda estimarse, por lo general los periodistas están conscientes de la situación más íntima de todas las organizaciones políticas, decantándolas por obra de una determinada economía de la información.

Parece tal la pugna noticiosa, determinada por una competencia difícil en el trance de la censura y autocensura que el régimen induce, que muchos pareceres y eventos quedan pendientes. El problema residirá en la preservación de las fuentes o de los periódicos y videos mismos que permitan reescribir una historia que tarde o temprano – exigirá responsabilidad de todos y cada uno de los actores involucrados.

Probablemente, habrá dificultades para el historiador o politólogo del por venir, al escasear o desparecer valiosos materiales que delaten la opinión o la conducta que se tuvo en un momento determinado, contrastante con una versión acomodaticia posterior. El totalitarismo encarna los extremos de la pérdida, por lo que sería el colmo su derrota no debe suponer el naufragio de todos los testimonios significativos de la lucha, pues, la hoy insospechada declaración u opinión de alguien en el periódico de una población anónima y apartada de la ciudad capital, puede adquirir una relevancia extraordinaria en el balance de la posteridad.

Maduramos, alcanzamos otras interpretaciones que siempre deben afincarse en el sentido de la responsabilidad para con el país que jamás perderá sus esperanzas vitales. Incluso, las contradicciones libremente expresadas pueden aportar y aportan mucho a otros mejores logros, sin ocultarlas o traspapelarlas por una habilidad fútil, estúpida y siempre frágil.

Parte del aprendizaje de los equívocos, confusiones o extravíos de buena o mala fe, intentamos ejemplificarlo. Consabido, por abril de 1961, la juventud accióndemocratista supo de una gravísima crisis que la llevó a la célebre división y conformación del MIR, incorporado luego a la insurrección leninista. No obstante, Domingo Alberto Rangel, otrora destacado dirigente de AD, afirmó un año antes: “A la juventud del partido se le ha acusado directa o tácitamente de estar infiltrada o influida por el Partido Comunista. A mi juicio, la acusación es históricamente temeraria y no demuestra mucho calao (sic) político” (El Nacional/Caracas, 28/03/60).

Reafirmando la fogosidad de una etapa, estudiantes como Marianella Salazar, Aquilino José Mata, Angela Zago, José Visconti, Ramón Hernández, Julio Cabello, Taelman Urgelles, Desirée Santos Amaral, Beltrán Haddad y Jesús Brando, apoyaron en su momento las medidas de expropiación de los diarios en el Perú de Velasco Alvarado (Deslinde/Caracas, nr. 17 de 04/69). O, más atrás, nos sorprende hallar a Omar Briceño Iragorry como secretario general de la gobernación de Caracas (El Nacional/Caracas, 16/02/52), en circunstancias después estelares para quien presumimos fue su hermano, Mario.

Sentimos que, por lo menos, los archivólogos deben tener una palabra que decir en torno a nuestro padecimiento neoautoritario y quizá, en momentos de descanso y lucidez, todas las organizaciones políticas y sociales deberían consignar en una entidad confiable el patrimonio documental conquistado al ritmo de estos años. Se trata de superar las agobiantes condiciones impuestas por el régimen, pero también de preservar la memoria de una experiencia inédita con sentido de responsabilidad histórica.

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