Opinión Nacional

Será que nos seguimos conformando…

Una semana fuera de circulación, por motivos de trabajo, le pone a uno los dedos duros, pero sigue habiendo material abundante de cual escribir por lo tanto el cerebro sigue estando blandito. Este es un país para analistas, pensadores y habladores de pendejadas, pero mas que eso, este un país que requiere el concurso de todos, los que piensan y los que hacen. Este es un país que requiere que dejemos de entregarnos pasivamente a una situación de conformidad con lo que estamos recibiendo como ciudadanos.

Ayer temprano, en una estación de radio del estado, alguien llamó para quejarse. Era desde Valera y el “canto” trujillano de una voz femenina de mediana edad llenaba el aire frío de la madrugada. Ella solicitaba que le hicieran una supervisión sorpresa a Pdval (La división de Petróleos de Venezuela que vende alimentos), valga la aclaratoria para los lectores extranjeros. Expresaba: “Yo tenía casi un mes que no podía comprar allí, pues están vendiendo por el numero de la cedula de identidad y a mi numero le toca un día en especial. Me cuesta trabajo ir pero el día viernes – el día que me tocaba- llegué a la una y veinte de la tarde y me dijeron que ya no estaban atendiendo, pues ese día estaban de aniversario y habían atendido sólo a veinte personas”. Agregó: “Me quedé por ahí hasta que salió una funcionaria y le expliqué que yo tenía muchos problemas para venir, pues tenía que cuidar a mi niña y me dejó pasar. Yo les pido que vengan a supervisar pues esa gente está muy lenta, dejan pasar a diez personas y se tardan una hora… que vengan, pero que vengan así como a las diez de la mañana”

Me cuesta trabajo entender. El problema no es que ahora en Venezuela, hay que ir a comprar un día específico de la semana, en un lugar específico manejado por un ente gubernamental. El problema no es que en esos lugares se ofrecen sólo limitados productos de la cesta básica. El problema no es que cuando hay arroz, no hay café y cuando hay los dos no llegó el pollo. El problema es que están atendiendo lento y no la querían dejar pasar el día que le tocaba su turno.

Ayer, tan sólo ayer, me tocó pasar unas horas en un Hospital público, el memorable Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, en el oeste de la ciudad. Intenté preguntar por una persona que había ingresado tres días atrás y la persona en el mostrador de información me respondió con un tono agresivo: “Aquí no le podemos dar información de los que entraron hoy, mucho menos de los del viernes, si quiere pase y va abriendo cada cubículo para ver si lo encuentra”.

En un salón de unos cuarenta metros cuadrados, se apilaban seis camas, con sus enfermos y acompañantes, digamos unas veinte personas en total. El de la cama contigua al paciente que yo visitaba, había recibido doce tiros un par de días atrás. Tenía tan sólo diecinueve años. El que intercepté en el pasillo, para hacerle preguntas, le dieron “sólo” dos disparos para robarle su moto, que defendió con su vida, pues no estaba dispuesto a entregar lo poco que tiene. Eso fue hace tres días y le colgaba un aparato de lo más tecnológico con una manguera conectada al pulmón, según su versión, para retirarle la sangre mala. Cuando salga de aquí, me voy para Oriente con mi moto. El se sentía afortunado en relación con el de los doce tiros. Un señor de avanzada edad, conducía con velocidad su silla de ruedas, para llegar al balcón a fumarse un cigarrito, dijo tener un mes esperando una prótesis de cadera: “No aguanto el dolor, pero aquí llega mucha emergencia y yo voy pa´ la cola, tengo que seguir esperando”. Todos estos seres, mostraban conformidad en sus penurias. Estamos todos, unos sin querer y otros queriendo, adaptándonos a lo que malamente recibimos de un estado que quiere intervenir en todo y que cada vez lo hace peor. Quiere manejar la compañía de teléfonos, la eléctrica la del aluminio, la que nos vende alimentos, la que educa a nuestros hijos, la que cuida lo que tenemos y la que nos brinda salud. Comienzo a entender como lograron que los cubanos acepten con resignación recibir su comida con una libreta de racionamiento. Los llevaron a eso poco a poco… para que se adaptaran a ser conformes.

Piense, reflexione y comience a pensar como trabajar para que esto no siga sucediendo.

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