Opinión Nacional

Si no vamos a reparar el ganador es Chávez

La intervención del Presidente Chávez el domingo 16 no tiene desperdicio. Al leerla en su objetivo significado nos permite reafirmar lo que hemos planteado desde hace tiempo. El proyecto “revolucionario” supone la propiedad de todos los poderes en manos del gobierno: ejecutivo, legislativo, judicial, militar, económico (PDVSA), electoral, los públicos y ahora quiere adueñarse del poder ciudadano al ordenarle al CNE la confiscación del derecho constitucional que le asiste a los ciudadanos de expresarse, escoger sus gobernantes y decidir su destino.

El mensaje de ese domingo, pretendió justificar constitucionalmente el uso de las balas para defender la patria. Pero, de quién? De los ocho menores invasores colombianos, de la niña embarazada arrestada por pretender invadir y tomar a miraflores, o del resto de los detenidos, NO, la amenaza fue concreta y directa; defender la patria de todo traidor que no apoye el proceso revolucionario, es decir todo el que quiera revocarle su mandato.

La línea política lanzada por el líder poderdante a todos los militantes del chavismo fue de patria o muerte, donde la patria es él y la muerte será el costo que pagaremos los demás por no acompañar la orden del comandante general. Violencia para masificar el terror.

En pocas líneas, Chávez sosteniéndose en un hilo constitucional que solo existe en su imaginación, le ordenó a civiles tomar las armas para enfrentar a los traidores de la patria. El comandante en jefe ordenó preparase, entrenarse para la violencia y decidió darle al estado y a la fuerza armada la responsabilidad histórica de ejecutar esa orden, en nombre del pueblo, la defensa de la soberanía y la seguridad integral de la república.

La tarea inmediata es entonces, armar al pueblo contra el pueblo, constituir milicias populares con licencia para atacar, detener, disparar y matar a todo el que quiera ir contra la voluntad democrática del Sr. Presidente.

No se trata de una confrontación doctrinaria en el campo de las ideas en un sistema democrático, no se trata de una confrontación ideológica en el campo programático, no se trata de una contienda electoral en el campo de los derechos constitucionales para elegir a los gobernantes de manera transparente, confiable y segura, se trata de la violencia como instrumento político, entre fuerzas armadas al servicio del presidente y civiles desarmados que decidieron el camino pacífico para reconstruir al país.

Ese discurso define en su esencia la voluntad desnuda de un gobierno militarista, autoritario, absolutista y totalitario para quién el pueblo es un instrumento de la revolución en armas, una práctica trasnochada de la doctrina de la seguridad nacional vencida por los pueblos latinoamericanos.

Allí la inmensa importancia de ir a los reparos, la significación nacional e internacional que implicará hacerlo en masa y pacíficamente. Que el mundo entero sepa, sin la mas mínima duda, que este pueblo noble no solo tenía las firmas para el referéndum revocatorio, sino que ha decidido por toda su historia de libertad y convivencia civilizada, seguir luchando por sus derechos y lo mas importante, que no está entregado ni de rodillas ante la amenaza, los uniformes y los fusiles del gobierno de Chávez.

(*): Profesor y Presidente de la Alianza Sindical Independiente.

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