Opinión Nacional

Sigamos en la calle…

La paciencia no es una de nuestras virtudes. Pero no cabe duda que Chávez está cada vez más solo fruto de su resentimiento social a ultranza; de su incapacidad para gobernar y escuchar; de su maníaco depresión con sus correspondientes delirios de grandeza y violencia y de su inexplicable mondongo castro comunista estalinista. De un 81% de popularidad el año 99 cayó a menos del 30%.

Si bien es cierto que, felizmente, la expectativa militar se desvanece después de muchas promesas de comacates, flores, pasamontañas en foros… y sustos en vano, se abre un escenario novedoso e institucional, aunque sus motivaciones sean exclusivamente políticas, como es el del TSJ. Y surge de las tinieblas políticas el zamarro de Miquilena quien, en su pública despedida del MRI dijera a Chávez: “Soy igual que el Presidente. Primero la Patria y luego los amigos…”. Miquilena, aparentemente, comenzó a mover los hilos del Supremo. Más importante que la propia sentencia del TSJ despojando parcialmente al Fiscal de la competencia que le da el COPP para intentar las causas penales es el enfrentamiento entre los Magistrados destacando la mayoría anti Chávez. Por allí ha de venir la salida que los militares acatarían a cuenta de “…la Constitución y las Instituciones primero…”.

Es con Miquilena con quien los partidos y las ONG deben pactar asegurándose una salida institucional y sin sangre. Miquilena, guste o no, es el único con ascendencia en el Supremo, con capacidad para lograr decisiones condenatorias a Chávez y con relaciones en el MVR para una salida pacífica, aunque esto podría llevarse unos meses.

Además, Miquilena tendría acceso a parte del 30% chavista inolvidable.

La salida de Chávez debe contemplar un entendimiento con los chavistas pues son venezolanos, parte de la familia. No se les puede echar al mar ni los problemas del país se resolverían con una guerra civil como creen algunos. Quienes votaron por Chávez tuvieron sus razones. Hay que analizarlas. No sería difícil encontrar en estas la frustración acumulada contra los cogollos de la IVa República por sus mentiras, corrupción y mala administración impunes durante décadas, actuando a espaldas del pueblo y hasta de las propias bases de sus partidos. O ¿es que quienes votaron y apoyan a Chávez no fueron adecos, no son, acaso, venezolanos también?
Siempre habrá un 10% extremista, chavista, comunista, izquierdista, opositor a ultranza como aquellos que viven del chavismo o son empleados públicos y se deben a Chávez. Es obvio que de alguna manera Chávez les ha favorecido.

El otro 20% a su favor, -aunque está hoy peor pues la crisis económica, la pobreza, el hampa, el desempleo han aumentado como la violencia y odios-, se resiste a aceptar tales males y sigue apoyándole pues su frustración y rencor hacia las administraciones pasadas son aún mayores.

Mientras, la sociedad civil, toda, unida, debe seguir presionando en la calle, sin descanso, como con la insuperable marcha del 11 de julio en Caracas recordando que una sociedad apática o temerosa demuestra conformidad y deviene en la mejor aliada de la dictadura. Estas manifestaciones harán que quienes detentan el poder sopesen el mismo… valoren su responsabilidad y conveniencia… y salten la talanquera.

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