Opinión Nacional

Simón Rodríguez y el Proyecto Educativo Chavista(PEN)

La enorme tensión y resistencia por los intentos de
imponer un proceso revolucionario en Venezuela que se
ha mostrado difuso e inconsistente tanto en la
propuesta como en los métodos de su ejecución, se
originan por muchas razones. Las dos más relevantes,
quizás, desde el punto de vista legislativo han sido
la Ley de Tierras y el discutido Proyecto Educativo
Nacional; éste último auspiciado desde el sector
oficial con esquemas altamente polémicos, pues es bien
sabido por sus promotores que es desde la escuela y a
partir del niño que la modelación y el adoctrinamiento
encuentran campo fértil para imponer nuevos contenidos,
en cuanto un modo de dirigir una determinada visión
del mundo, que en el caso de los jerarcas hoy en el
poder, no es justamente de amplitud y pluralidad
crítica, encontrándose contaminada como lo hemos
podido corroborar por voceros tan calificados como
Héctor Navarro y Carlos Lanz quienes llegaron a
señalar que » la educación que no tome partido
ideológico y político sería solamente una hipocresía
civilizada o una formalidad inútil para las
transformaciones revolucionarias». Por fortuna de la
conciencia democrática y hacia la construcción de un
sistema educativo para la paz y la tolerancia, las
tendencias totalitarias expresadas en muchos de los
documentos que se originaron en el Ministerio de
Educación desde 1999, entre los que se encuentran el
mencionado Proyecto Educativo Nacional, están
suspendidos o aún en discusión, pero ya racionalmente
reformulados para su definitiva aprobación.

El «PEN» que duda cabe, se fabricó a partir de la
intoxicación ideológica que reclama transformarlo
todo. Pero con la consecuente perversión de los
contenidos y del método.

Pareciera una coincidencia infeliz que la «Revolución
Bolivariana» incluya dentro de las tres raíces con la
que dicen nutrir su «doctrina» a Simón Rodríguez. El
maestro Robinson fue sin duda un innovador, y sería
injusto escamotearle la calidad de muchos de sus
proyectos y el desprendimiento apasionado que
imprimió a su vida por contribuir a dotar al «nuevo
mundo» de nuevos valores que hicieran del hombre
inculto e ignaro un ciudadano útil y productivo. No
obstante, es engañoso el no admitir que la tiranía
fanática de sus convicciones y el sentido prejuicioso
antieuropeo y poco práctico que le daba a muchas de
sus ideas, conjugado a la intemperancia de su carácter
-y no a que era un incomprendido como tanto se dice -,
lo llevó al fracaso.

Su petulancia intelectual y falta de orden pedagógico
como promotor de Casas -Escuela en Bolivia llevó a
Sucre a escribirle a Bolívar lo siguiente:» Considero
a Don Samuel un hombre muy instruido (…)
benéfico (…) desinteresado. Pero lo considero también
con una cabeza alborotada con ideas extravagantes, y
con incapacidad para desempeñar el puesto que bajo el
plan que él dice y que yo no sé cuál es; porque
diferentes veces le he pedido que me traiga por
escrito el sistema que él quiere adoptar, para que me
sirva de regla, (…).Sólo en sus conversaciones me
dice hoy una cosa y mañana otra.»

(%=Link(«mailto:[email protected]»,»[email protected]»)%)

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