Opinión Nacional

Sin padrinos y en el ruedo

Con esta frase ha pretendido vaticinar, el ex candidato a la Alcaldía Metropolitana y concejal metropolitano electo, Enrique Ochoa Antich, lo que será el cuadro electoral dentro de cuatro años cuando deban de nuevo elegirse gobernadores y alcaldes. Y viene al pelo para describir con pocas palabras los resultados electorales del domingo 30 de julio. He desechado a la fecha (miércoles 2 de agosto) dos artículos que escribimos refiriéndonos a los resultados: el fantasma de la desconfianza que creímos desaparecía con la Cuarta República y con la votación y el escrutinio manuales, ha reaparecido y lo que era el domingo por la noche en el primer boletín ofrecido por el CNE ya no fue el lunes, ni lo del lunes fue el martes. Probablemente cuando aparezca publicada esta nota lo que es hoy tampoco será entonces. Lejos de avanzar retrocedemos. El buenote del ex -presidente Jimmy Carter salió del país diciendo “todo estar bien” porque para la cultura a la que él pertenece la palabra de las autoridades tiene fuerza de verdad. Entre nosotros hay la predisposición natural a considerar que todo lo dicho por alguien que ejerza alguna cuota de poder político, es mentira. Para evitar los riesgos de caer en afirmaciones que no podría luego sostener, aunque por razones ajenas a mi voluntad, prefiero no referirme a resultados concretos sino al nuevo cuadro político del país surgido de ese proceso electoral.

El chavismo, para ser mas exactos, Chávez, ha sido el ganador casi absoluto de esa contienda. Quienes creíamos, me incluyo entre los ingenuos, que el desempleo galopante la pobreza en aumento, la corrupción reeditada, la delincuencia desatada y la verborragia estéril pudieran haber lesionado su imagen, olvidamos la contundencia de una frase de Andreotti, él por tantos años líder de la democracia cristiana en Italia: “El poder desgasta, a quien no lo tiene”. Su habilidad para transformar en victoria las más vergonzantes derrotas como fueron las del 4 de febrero del 92 y la del 28 de mayo de este año, sin duda que muestran cuánto lo han subestimado aquellos adversarios que lo creen no solo ignorante, lo que no es difícil admitir, sino escaso de neuronas o de menguada inteligencia. No es Pericles ni Napoleón Bonaparte pero tampoco Idi Amín Dadá, aunque en determinadas ocasiones y circunstancias lo parezca. La habilidad, la inteligencia y el talento no son sin embargo cualidades suficientes para tener éxito en política. Ahí tenemos a Shimón Peres, admirado en el mundo entero, Premio Nobel de la Paz, hombre de luces extraordinarias, pero una y otra vez derrotado en sus aspiraciones políticas porque nunca logró crear una empatía entre él y los electores, ni siquiera entre él y los dirigentes políticos de su Partido. En el caso de Chávez no solo existe y se mantiene esa empatía sino que la misma le ha permitido usar y abusar del poder sin que a sus seguidores les parezca indebido. Lo que se repudiaba de la conducta de otros Presidentes se le aplaude a éste.

Leemos en la prensa los nombres de la mayoría de los Gobernadores electos por la votación del Movimiento Quinta República y nos preguntamos quiénes son. Lo grave no es que esa pregunta se la hagan personas que viven en sitios de la geografía nacional distintos de aquel donde se produjo esa elección, sino tambien los habitantes y por consiguiente electores de los Estados que serán administrados por estos desconocidos. No se puede caer en el absurdo de negarles méritos a todos por el hecho de ser chavistas, el problema es que no eran las credenciales las que estaban en juego sino el apoyo que tuvieran del Jefe Máximo. Muchos tienen como única conocida, la virtud de ser golpistas que participaron en las intentonas de febrero y noviembre del 92. Pero ni con el repudio que muchos sentimos por el golpismo y sus actores podemos negarle méritos propios a gente como Diosdado Cabello o Luis Reyes Reyes, gobernador electo de Lara. La pregunta no es entonces si son o no conocidos o si tienen o carecen de capacidades para el desempeño de sus cargos. La pregunta es si hubiesen logrado los mismos resultados sin esa suerte de viagra electoral que es, por ahora, Hugo Chávez Frías. Evidentemente no.

Y es en este punto donde adquiere valor el vaticinio de Ochoa Antich: ¿Podrá Chávez mantenerse como el gran elector en todo el país? ¿No le pasarán factura los electores de la Zona Metropolitana al Alcalde Mayor Alfredo Peña si no cumple con su plomo contra el hampa, cadena perpetua y que se pudran en la cárcel que fueron la palanca para que su votación superara en esta región del país la obtenida por el mismo Chávez? ¿Podrá en seis meses acabar, como lo ha prometido el Alcalde Bernal, con la ocupación de Caracas por el hampa, por los buhoneros y por los huecos? ¿Lo hará en un año, en dos? Simplemente ¿Podrá? Y los demás gobernadores y alcaldes que llegaron gracias a la bendición del Supremo ¿Serán capaces de llenar las inmensas expectativas que crearon en sus electores? Si algo quedó demostrado el 6 de diciembre de 1998 y corroborado este 30 de julio último es que la mayoría de los venezolanos quería un cambio. Pero eso va con todos y nada permite suponer que si estos nuevos no dan la talla otro cambio no los arrolle.Y una última pregunta: ¿Cuándo esos gobernadores y alcaldes tengan que enfrentarse a la vocación y pretensiones centralistas de este gobierno, ofrendarán sus aspiraciones personales en el altar del Dios de la revolución bolivariana?

Los vaticinios políticos son parientes consanguíneos de las predicciones astrológicas. Sobran los que anticipan cómo será la Asamblea, la hegemonía absoluta del chavismo.

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