Opinión Nacional

¿Sin salida?

La Resolución adoptada por el Consejo Permanente de la (%=Link(«http://www.oas.org/defaultesp.htm»,»OEA»)%) a propósito del caso venezolano, señala en uno de sus resolutivos que “en negociaciones de buena fe se alcance una solución constitucional, democrática, pacífica y electoral en el marco de la Mesa de Negociación y Acuerdos”. A ese importante pronunciamiento se añaden las declaraciones de la Casa Blanca y el Departamento de Estado de los EE.UU, de la Unión Europea, de los presidentes entrante y saliente de Brasil, amén de otros jefes de Estado americanos y europeos, todos coincidentes en la necesidad de encontrar una salida negociada a la crisis de nuestro país, cada vez más grave y peligrosa ésta como lo evidencian los distintos signos al respecto que recogen los variados despachos noticiosos así como los comentarios y notas editoriales de algunos de los más prestigiosos órganos mundiales de la comunicación y de la información.

Si bien es cierto que Venezuela despierta hoy la mayor atención en el escenario internacional como consecuencia de la circunstancia indicada, no es menos cierto que muy pocos de quienes se interesan por nuestra situación a través de sus análisis y revelaciones, aciertan al exponer la diversidad de causas que originan la crisis en desarrollo como, entre otras, el desempeño autoritario y militarista del régimen y, sobre todo, del titular del Ejecutivo Nacional quien, pese a la legitimidad de origen de su mandato presidencial, no se comporta como un verdadero demócrata sino todo lo contrario, al punto que su discurso cotidiano va dirigido a profundizar las diferencias de toda índole entre los distintos sectores de la población por la vía de la exclusión y la intolerancia y a fomentar el odio entre unos y otros venezolanos.

Es por eso que cuando se habla de encontrar una salida a la crisis política y se insiste en que aquélla sea de carácter constitucional, democrática, pacífica y electoral, se ignora que el presidente de la República hará todo lo posible -y es mucho lo que puede hacer en ese sentido- para torpedear cualquier proceso comicial, tal como lo ha venido demostrando a propósito del referendo consultivo en ciernes y de los intentos de enmienda constitucional.

Pese a todo cuanto se diga y escriba sobre la necesidad de encontrar una salida a la crisis política que nos agobia, la verdad es que aquélla luce cada vez más distante y remota. Lo que ha pasado con la Mesa de Negociación y Acuerdos es la mejor demostración a ese respecto. Mientras la delegación de la oposición acude con la puntualidad debida a sesionar bajo la conducción facilitadora del secretario general de la O.E.A., la delegación oficialista no asiste con la regularidad necesaria o, cuando está presente, obstaculiza el desarrollo del debate correspondiente mediante ardides y artimañas, propias de quienes lo que buscan es perder del tiempo y no alcanzar resultado alguno.

No cabe duda que será necesario insistir, como lo solicita la inmensa mayoría de los venezolanos y voceros calificados de la comunidad internacional, en que nuestro país debe alcanzar una salida duradera a su crisis que sea lo suficientemente sólida en el terreno político y que, por la vía electoral, permita que el soberano exprese su voluntad libérrima de modo democrático y pacífico. Sin olvidar que los estorbos para esa legítima aspiración proceden, no de la oposición sino del oficialismo y, en concreto, del jefe del Estado.

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