Opinión Nacional

¿Sobrevivirá la Coordinadora Democrática?

La oposición venezolana es tan grande como dispersa y, más que un movimiento, es un sentimiento. No ha sido fácil unificar la voz de quienes adversan al régimen, y esa ha sido la misión de la Coordinadora Democrática, tarea tan complicada como indispensable que ha cumplido satisfactoriamente.

Disímiles pensamientos han logrado marchar juntos. Desde la socialdemocracia adeca hasta el marxismo-leninismo de Bandera Roja, pasando por el socialcristianismo copeyano y sus derivados representados en Primero Justicia y Proyecto Venezuela, así como individualidades destacadas en las recientes luchas, han podido coexistir en ese ensayo organizativo gracias al poderoso factor que los obliga a ello, que no es otro que Hugo Chávez.

El crecimiento desmesurado de la oposición ha recorrido un camino directamente proporcional a la política pleitista que desde el comienzo practica el teniente coronel. A él se debe que los deudos de la cuarta república, íngrimos y solos al comienzo de la quinta, de pronto se vieran fuertemente acompañados por incluso gente en principios chavistas. Y en la medida en que se fueron haciendo más inclementes los ataques y las ofensivas en todos los terrenos, los opositores se iban juntando para un natural ejercicio defensivo; pero pronto se dieron cuenta que podían pasar de la auto-defensa a la ofensiva.

Los partidos políticos estuvieron aguantando el aguacero, haciendo un marcado bajo perfil. Les dejaron el campo a las organizaciones de la sociedad civil que entonces proliferaron. Los movimientos como “Queremos Elegir”, “1013”, etc., tomaron el papel de hilos conductores de la protesta social que afloraba con fuerza. Todo se presentaba con rapidez. Marchas multitudinarias sin cabezas directivas comenzaron a verse con gran frecuencia en las calles, autopistas, urbanizaciones, plazas y demás sitios públicos. Sin proponérselo nadie, y sin un planteamiento formal, se fue configurando una especie de Estado Mayor de la oposición que discutía todo lo referente a la organización de la lucha. Así nació lo que luego se denominó la “Coordinadora Democrática”.

Revivieron los partidos

Los partidos políticos, a quienes alguien les reacuñó el calificativo de “cadáveres insepultos”, tomaron oxígeno y volvieron a la vida. Todos coincidieron en que una pelea de la envergadura de la que se tenía por delante no podía dejarse sólo en manos de las Organizaciones No Gubernamentales que no contaban con la necesaria experiencia política.

Acción Democrática, casi al borde de la desaparición, poco a poco fue recobrando vigor. Aplicando una política audaz, cogió la calle, y haciendo abstracción de sus conflictos internos, que por lo demás son propios de toda agrupación humana, se le ha visto desplegar un cuadro organizativo extendido en todo el país. En la Asamblea Nacional se han lucido sus diputados mostrando garra.

COPEI nunca fue una organización de grandes masas, tampoco ahora habría que esperar que lo fuera, pero ha cumplido a cabalidad su papel en este trance. En todas las movilizaciones importantes se han visto las banderas verdes, y sus militantes han estado presentes sin huirle al combate. El gobernador Enrique Mendoza, figura de primero orden de este partido, se ha ganado el respeto ciudadano por su dedicación y eficiencia en el manejo de las tareas opositoras.

El Movimiento Al Socialismo, desgarrado por los desprendimientos, ha podido mantenerse cumpliendo un papel importante, sobre todo en el Parlamento que es donde conservó su fuerza, porque de tres gobernadores que tenía sólo uno le quedó. Didalco Bolívar y Ramón Martínez jugaron la carta del oportunismo mercantilista rindiendo sus banderas ante Chávez.

La Causa R, con Andrés Velásquez y Alfredo Ramos, se ha desenvuelto discreta pero decididamente en esta difícil etapa de la vida republicana. Muy probablemente el MAS y Causa R se unifiquen como una vez lo hicieron el MAS y el MIR al descubrir sus debilidades y sus coincidencias ideológicas, dándose cuenta que transitando, como transitan, un camino similar de centro izquierda, tendría más sentido hacerlo juntos que separados.

Primero Justicia, pujante y novísima organización que está de tú a tú con las más antiguas. Un selecto y aguerrido grupo dirigencial le ha marcado su impronta, difundiendo una imagen de frescura que sin duda les deparará excelentes beneficios. En este caso la falta de experiencia previa no ha sido obstáculo para el éxito, y por el contrario, es su mejor carta de presentación.

Proyecto Venezuela, carabobeña de pura cepa, y con una fuerte presencia en todos los actos de la oposición, se fortalece y prepara con vista a los procesos venideros. Los Salas tienen entre ceja y ceja ser gobierno más allá del estado donde surgieron y donde ejercen un predominio absoluto. Sin embargo se les percibe como el lado débil de la CD por su no ocultada tendencia a intransigir con la candidatura presidencial.

Viene un proceso electoral múltiple

Se estima que en los alrededores del mes de junio del año 2004 se conjugarán los procesos para elegir el nuevo presidente para el período de transición que sucederá a Chávez. También habrá elecciones para Gobernadores, Alcaldes, Concejales, Diputados Regionales y Diputados a la Asamblea Nacional. Éste es el gran reto al que la Coordinadora Democrática debe sobrevivir.

No parece haber duda en cuanto a la necesidad de una candidatura única de la oposición para el Presidente de la transición, sobre todo si este candidato renuncia de ante mano a la posibilidad de presentarse luego a la reelección para el período ordinario subsiguiente. En lo que no hay igual seguridad es en el resto de candidaturas porque, como es lógico, habrá muchos aspirantes y cada organización querrá para sí la mayor cuota posible.

Nos atrevemos a asegurar que la inteligencia obligará a la unidad. Un candidato presidencial único con candidatos múltiples para los demás cargos será inviable. Entonces el dilema será, o nos unimos para todo o nos desuniremos para todo. La amenaza del regreso de Chávez será de nuevo el elemento que cohesionará a la oposición, y los que se salgan de esa línea sufrirán el descalabro que les reservará entonces la inteligencia de los electores que se irán tras quien ofrezca la mejor alternativa, la alternativa de la victoria. El fenómeno de la economía del voto matará a quienes aparezcan sectariamente levantando candidaturas fuera de los intentos unitarios. Claro, esto sólo será posible si los partidos deponen actitudes hegemónicas de cerrarle el paso a sectores e individualidades emergentes. Las candidaturas concertadas no pueden surgir de simples pactos copulares sino de algún mecanismo de participación popular de consulta que se instrumente. No se podrá esperar que en Caracas un grupo de dirigentes decidan quiénes serán los candidatos a gobernadores, diputados, alcaldes, concejales o miembros de las juntas parroquiales, pues tal actuación conllevaría muchas disidencias. Saldrían así candidaturas agujereadas y una unidad chucuta.

Por tanto será de esperar que en el campo de la oposición se abra un sistema de postulaciones y de sana competencia para todos los cargos de elección popular que estarán en juego. Ese sería el más importante blindaje unitario.

De manera que, por una simple ecuación de sobrevivencia, la Coordinadora Democrática pasará de ser un organismo bandera a una plataforma electoral, que además será imbatible, tanto para el chavismo como por quienes, aún del sector de la oposición, habiéndosele ofrecido un modo de participar en el ensayo unitario, lo desdeñen y salgan a montar tienda aparte.

¿Otro pacto de Punto Fijo?

A la caída de la dictadura, Marcos Pérez Jiménez, los líderes de los partidos Acción Democrática, COPEI y URD, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, en casa de éste último, firmaron un pacto de gobernabilidad que se conoció como el “pacto de Punto Fijo”, tal y como se llamaba la residencia del dirigente amarillo. En aquel documento se definieron las líneas matrices de la futura acción de gobierno que los tres se comprometían poner en práctica. Una nueva Constitución, la reforma agraria, un masivo plan de obras, la asistencia a la educación pública y la creación de una gran red de liceos y escuelas a todo lo ancho y largo del territorio nacional, edificaciones y dotaciones de hospitales y centros de salud hasta en los más apartados rincones entre otros, fueron los puntos acordados en aquel instrumento al cual le aseguraron un amplio apoyo en el Congreso Nacional y en la calle.

Injustamente el Partido Comunista fue excluido del acuerdo, privó una especie de veto betancourista por sumisión a la política macarthista predominante entonces en los Estados Unidos.

Un pacto similar es necesario ahora en Venezuela, sin exclusión ni privilegio alguno. Sin ello no será posible atacar el desastre que este gobierno está dejando. Las características del acuerdo unitario tienen que comprender planes concretos de reconstrucción en todas las áreas de la vida pública. Para empezar, hay que corregir los muchos defectos de la Constitución, tales como por ejemplo el período presidencial de seis años con reelección inmediata, postulado mandado a hacer por Chávez para satisfacer sus desmedidas ansias de eternizarse en el poder. Hay que restaurar la Cámara del Senado para volver al equilibrio en el Poder Legislativo entre los estados regionales.

La justicia, la salud, la educación, la economía, la seguridad, las obras públicas, todo requiere de atención y enmendaduras inaplazables y previamente comprometidas. Esto requerirá de un sólido apoyo parlamentario y de un gran consenso popular que sólo lo podrá proveer un nuevo pacto de gobernabilidad en el que no se excluya a nadie. Todo aquel sector, partido, organización o individualidad que quiera participar deberá poder hacerlo, aclarando que no se tratará de un simple reparto de cuotas de poder. Sería suicida un planteamiento así.

La Coordinadora se ha burocratizado

No significa que sea mala “per se” la burocratización de aquello que nació como una consigna más que como un aparato. Por el contrario, en la medida en que la Coordinadora se ha ido transformando en un organismo más que en una emoción, se ha venido dotando a las grandes mayorías que hoy se oponen a este régimen, de un formidable instrumento para la eficacia de la lucha. Ahora la Coordinadora tiene una Sala Situacional, cuenta con departamentos para los distintos asuntos tales como el internacional, el de seguridad, el de movilizaciones y eventos, y así sucesivamente va creciendo para dar respuesta a las necesidades en la organización de la lucha por la democracia.

Sin embargo, este esquema no necesariamente aparece igual de fluido y positivo en los niveles regionales, y eso hay que corregirlo. En el caso de Aragua, por ejemplo, la Coordinadora Democrática es excesivamente deficiente y está manejada con criterios de cogollo. En este estado hay que rescatarla de ese secuestro y darle un cambio a esa estructura excluyente que unos pocos tienen como algo que les pertenece para sus propios fines. Hay que abrirla, democratizarla y metodizarla, pues de lo contrario la gente no la respetará, ni se garantizará la aceptación de sus consignas y líneas.

La Coordinadora Democrática no le pertenece a nadie en particular; es de todos, y no se puede permitir su apropiación y enajenación de sus fines y objetivos. El reciente episodio del Reafirmazo evidenció las fallas de la Coordinadora Regional de Aragua, que no supo o no pudo implementar una eficiente organización como sí ocurrió en otros estados. En este estado la gente fue a firmar porque tenía unas ganas incontenibles de hacerlo, pero no porque se presentara un correaje de participantes, observadores, recolectores o testigos. Esa auto crítica no se ha hecho; se han escondido las fallas y eso es malo porque se necesita optimizar la actuación. No se gana nada con esconder la basura bajo la alfombra.

Presagios

2004 será un año caliente. A comienzos de febrero el Consejo nacional Electoral (CNE) determinará si se cumplieron los requisitos para llamar al revocatorio, lo cual es un hecho. Las firmas fueron recogidas y con exceso. Todos lo vimos y todos participamos. Chávez continuará en su guerra denunciando fraude para justificar su derrota, y si no hace alguno de los movimientos electorales alternativos, tales como la renuncia o una enmienda constitucional reduciendo el período de seis a cuatro años para declarar vencido el suyo, habrá referéndum y lo perderá aplastantemente. Vendrán entonces elecciones múltiples entre junio y julio. La oposición se pondrá de acuerdo y daremos al traste con este régimen nefasto. Proseguirá un período de reacomodo del país que definitivamente se enrumbará hacia la paz y la prosperidad

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