Opinión Nacional

Socialismo del siglo XXI ¿En reversa?

El desequilibrio macroeconómico en la Venezuela actual con efecto notorio en escasez, desabastecimiento, carestía, inflación y dependencia alimentaria (entre otros), tiene un origen holístico de tipo político, ideológico, económico y tecnológico; y en este artículo sólo abordaremos el aspecto económico.

Los ingresos petroleros bajo la figura de un monopolio de Estado han constituido un eje transversal del historial económico nacional cuya administración se canalizó, a partir de 1958, a la luz de un particular Capitalismo de Estado (capitales privados y estatales) donde se consagró una alianza estratégica con el sector privado (“pequeños monopolios”), con vigencia (con sus bondades y defectos) hasta 1998 (40 años) cuando se inicia la instauración de un Socialismo de Estado (propiedad estatal y trabajo estatal asalariado) en procura de establecer un único monopolio controlado por el Estado ejercido mediante la planificación central de la economía para dirigirla y administrarla en función de acabar con el sistema capitalista de producción en lo más relevante: empresa privada, mercado y formación de los precios; alumbrando con claridad que ese socialismo negaría la propiedad privada; pero contradictoriamente asumieron y agudizaron las contradicciones de las relaciones de de producción del sistema capitalista relativas al tratamiento de la fuerza de trabajo asalariada y la forma de propiedad. La subordinación del hecho económico a los ingresos petroleros (no por si “malvada”) ha sido una característica inalterable desde iniciada la Segunda República Liberal Democrática (1958) hoy vigente; y si alguna variante podemos observar en el presente es la animadversión hacia el sector privado de la economía, apuntalado por la pretensión de transición (sin base Constitucional) del modelo productivo tradicional hacia un modelo de economía socialista. A tales fines, el gobierno instrumentó el Plan Nacional Simón Bolívar (1999-2007) con la intención de construir “su” socialismo (agregándole un indefinido “siglo XXI”), para posteriormente crear en 2007 la Comisión Presidencial de Planificación y formular un Segundo Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013 en aras de desmontar el sistema capitalista para facilitar la construcción de una sociedad socialista apoyada por un Sistema Económico Socialista que pondría énfasis en la soberanía alimentaria. En el mismo norte, el “proceso” aspira que el Sistema Económico Comunal constituya la nueva estructura de producción, distribución y consumo impulsada por el Poder Popular; para lo cual desde hace más de 7 años se encuentra en marcha como propósito ideológico el Estado Comunal.

Con base a lo expresado, asumimos (sin negar sus bondades inmediatas) que el reciente acercamiento del gobierno (de estilo keynesiano) con el empresariado privado (y la Misión dólares) es una salida de emergencia y transitoria ante el déficit de producción (de carácter intrínseco) que refleja hoy la economía planificada durante 14 años; dejando suficientemente claro que la calificación de un sistema se logra no por los fines enunciados sino por los medios para conseguir esos fines; e igualmente que procurar la justicia social es más viable a través de las relaciones de producción que por intermedio de la distribución y el consumo rígidamente controlados.

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