Opinión Nacional

Socialismo verdadero

Ahora que está nuevamente de moda en el ambiente el tema del socialismo creo necesario hacer algunas precisiones del significado que se le quiere dar como meta de éste gobierno y el verdadero contenido de los principios generales que lo sustentan. No se pretende crear un nuevo enfoque filosófico ni mucho menos, sino por el contrario, tener a nuestra disposición elementos de fácil comprensión para formar una base cierta que pueda servir de una discusión provechosa e interesante. Remontándonos un poco en la historia, encontramos que la Revolución Francesa había destruido el antiguo régimen basado en los privilegios de la nobleza y el clero, sin otro resultado que transferir el poder a la burguesía. Los obreros de la ciudad y el campo quedaron en la misma condición deplorable de antes de la revolución y ésta no consiguió el bienestar de todos los ciudadanos. Saint-Just, lugarteniente de Robespierre afirmó en sus informes a la convención “los holgazanes son los últimos sostenes de la monarquía; el trabajo ha de ser obligatorio, la instrucción gratuita e igual para todos. Las tierras confiscadas a los aristócratas deben servir para dotar a los pobres: hasta que quitéis las tierras a los malvados para darlas a los desgraciados no diré que habéis hecho una revolución. Lo que no concreta Saint-Just es si los malvados son los que poseen una hectárea o los dueños de toda una provincia, pero llega a proponer el amor libre y que la nación eduque a la infancia. Sin embargo, los descontentos organizados por Graco Babeuf, prepararon la conspiración de 1796, primer intento de revolución comunista. Los involucrados eran mas de 17.000 y había y había entre ellos militares de categoría, estudiantes y funcionarios además de obreros. La proclama que los conspiradores pretendían distribuir al pueblo el día del pronunciamiento es de estilo mucho más categórico que las declaraciones de los filósofos teorizantes de la época y que bautizaron como el manifiesto de los iguales, librados por Babeuf cuyo contenido podemos resumirlo de ésta manera: Los hombres son iguales, nos decís y desde tiempo inmemorial la más monstruosa desigualdad pesa insolentemente sobre el género humano. Ahora la obtendremos: igualdad o la muerte… la revolución francesa no es más que un anticipo de otra que vendrá, más grande, mas solemne, más que un anticipo de otra que vendrá, mas grande más solemne la lucha final… queremos más que la igualdad concedida en la declaración de los derechos del hombre… consentimos en perderlo todo para obtenerla; no nos importa que perezcan todas las artes, mientras consigamos la verdadera igualdad. Esta última frase: Pérez con todas las artes sirvió para acusar a su mentor de vandalismo. ¡Igualdad o la muerte! Babeuf fue delatado pocos días antes del alzamiento y guillotinado por la simple intención de reformar el Estado. Recordemos que esto era en 1790 y muy pocos saben o le dan el mérito a Babeuf quien fue ciertamente precursor de muchas ideas que hoy son muy populares y del dominio público, y aunque estás pudieran parecer románticas, utópicas, vagas e impracticables, no tomaron nunca el carácter estrafalario y desigual de los sistemas societarios que se propusieron con posterioridad, especialmente los de principios del siglo XIX los cuales predispusieron las inteligencias a la a la comprensión del moderno socialismo donde el estado más que un ente interventor se presenta como un órgano promotor y controlador en un nuevo escenario que propugna lo privado social o lo público no estatal como único fin de establecer la libertad, la igualdad y por ende la felicidad de la mayoría. Cuando observamos en igualdad y por ende la felicidad de la mayoría. Cuando observamos, en el caso venezolano, a un individuo de dudosa reputación democrática y sospechoso de torcer el mandato del pueblo con una propuesta inviable autocalificada socialismo del siglo XXI: más que un error ortográfico del número romano de las dos equis, con la I al final cuando ésta última según los planteamientos debería ir en medio de las dos equis, es decir, del siglo veintiuno (XXI) retrocedemos al diecinueve (XIX), el fondo del asunto es que lejos de tratar de imponer un sistema anacrónico que se desliza peligrosamente al totalitarismo o absolutismo único, deberíamos plantearnos una socialización más efectiva y funcional que plantearnos una socialización más efectiva y funcional que no es otra cosa más sencilla que el proceso que resulta de aceptar las pautas de un buen comportamiento social para adaptarse a ellas. Este proceso, según los especialistas, inculca la cultura a los miembros de la sociedad a través de él esa cultura los se va transmitiendo de generación en generación, los individuos aprenden conocimientos específicos, desarrollan sus potencialidades y habilidades necesarias para la participación efectiva y adecuada en la vida social, adaptándose a las formas de comportamiento organizado, adquiriendo los valores e ideales características de su sociedad. Tanto la socialización por la que el individuo atraviesa en su niñez, remitida específicamente al núcleo familiar y que se caracteriza por una fuerte carga afectiva, así como la socialización secundaria, la cual es posterior e induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del universo objetivo de su sociedad, descubriendo entre otras que el mundo de sus padres no es el único; debemos entonces mejorar aceleradamente por no decir ya los procesos de socialización que no son otra cosa que la manera con que los integrantes de una colectividad aprenden los modelos culturales o de convivencia de su sociedad, los asimilan y los convierten luego en sus propias reglas personales de vida, puesto que el individuo es un producto de la sociedad y los hechos sociales son exteriores al individuo mismo, por lo que se establecen acciones sociales recíprocas denominadas relaciones sociales y creo que ha llegado la hora de actuar más que de hablar como agentes de socialización que somos en la propia familia, así como también lo son la escuela y los medios de comunicación social. En el primer caso es indispensable promover dentro de la familia una socialización participativa con recompensas no materiales o castigos simbólicos el diálogo, la comunicación constructiva y la promoción de los valores morales. Sabemos que esto toma mucho tiempo y dedicación pero si queremos edificar un país con bases sólidas, no podemos regatear ningún sacrificio para lograrlo. En el segundo caso, hemos de promover una escuela para y por la sociedad, transmisora de conocimientos, cultura y valores fundamentales para la vida, involucrando con más eficacia a los factores que interactúan en un desempeño cada vez más dinámico y plural en donde debe darse la necesaria conjunción aula/hogar o familia/escuela que complementen y enriquezcan la formación de ciudadanos preocupados y preparados por el crecimiento personal y el bienestar colectivo. En cuanto a los medios de comunicación social, especialmente los de masas como en el caso de la televisión, comunicación electrónica e informáticos, los cuales tienen una capacidad de difusión o penetración sin precedentes, que más allá de su objetivo para entretener e informar son agentes de socialización por excelencia y como tales tienen un rol extraordinariamente importante en la intervención educativa bien sea generando estímulos educativos, ofreciendo normas que regulen la conducta social del modelo promovido o defendido, así como jerarquización de valores y de realidades para suscitar actitudes positivas en el orden práctico, más allá del beneficio económico que pueda generar un medio de ésta naturaleza. Aún cuando en ésta hora de avanzada tecnología y de globalización acelerada los nuevos agentes de socialización han cobrado un inusitado protagonismo, la familia sigue siendo por mucho, un factor insustituible en aquellas funciones más primarias y elementales que hacen referencia a sentimientos, valores y actitudes pues es en el seno familiar donde se produce el desarrollo emocional – afectivo como base sólida para la adecuada adquisición de valores de referencia que guíen la propia existencia y la génesis de conductas coherentes con ellos, pues una sociedad sin familia y sin hogar es como un océano sin agua.

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