Opinión Nacional

Soy un triste payaso

Que triste saberse derrotado y peor aun, engañado por todos aquellos en quien uno confía. Que amargura se lleva por dentro si se sabe que todos nuestros sueños e ilusiones se van por el despeñadero, no porque no tuvimos la oportunidad de hacerlos realidad sino que por nuestra impericia, ineficiencia e ineptitud no permitieron que se materializaran.

Cada noche, luego que las luces se apagan y el show se acaba, el triste payaso se mira en el espejo y observa, además de sus arrugas y los kilos que irremediablemente viene ganando desde 1992, sus negros ojos perdidos en la oscuridad, en su soledad, en sus ambiciones inútiles y sus múltiples errores.

Cuanto hay de reproche para el caudillo encerrado en sus mentiras y sus divagaciones. Ya no hay insulto que insulte, no hay acto ni palabrota que alborote la masa, y los billetes verdes ya no pagan, como antes, la solidaridad y la admiración de la que el otrora líder gozaba.

Ni la OEA, ni la ONU, ni los Estados Unidos ni la Unión Europea se alarman ya, porque saben que de la palabra a los actos hay una enorme distancia y que el payaso se encuentra aislado; que sus socios virtuales solo buscan resolver sus problemas económicos, aprovechando las debilidades y complejos del líder de papel que reparte el dinero que no es suyo, para hacerse “querer” en todas las latitudes.

Él, en su soledad, se ve a sí mismo y se observa. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquellos días de verdadera gloria, de gritos y alaridos, de gente inocente que le creía y pensaba que él era el hombre que los podía ayudar?. Cuan lejos están los momentos de hacer sacrificio por la patria, de recoger los niños de la calle, de acabar con los corruptos, de trabajar por y para el pueblo, de transformar a Venezuela en un país de progreso y no en lo que la esta convirtiendo: Una cantina nauseabunda que asquea a todos por sus pestilentes olores populistas.

Ahora, cuando conoce los lujos y las comodidades que el poder trajo consigo, el otrora militar sonador se desconoce. ¿ Quién soy realmente? ¿Hacia dónde llevo el país? ¿ Qué es lo que he logrado luego de siete años de poder? Y con la tristeza de verse fracasado, admite…

No hay nada peor que no saber quienes somos, puesto que terminamos no siendo nadie. …

Ese es definitivamente su castigo.

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