Opinión Nacional

Sufriendo en silencio

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Boston (AIPE)- En mayo se cumplen 100 años del nacimiento de Rachel Carson, quien con la publicación en 1962 de su famoso libro “La primavera silenciosa” (“Silent Spring”) comenzó el desprestigio del exitoso Programa Global de Erradicación de la Malaria, utilizando DDT. Ese programa había logrado erradicar la malaria en el sur de Estados Unidos, varios países latinoamericanos, Taiwán, los Balcanes, gran parte del Caribe, Australia, el Pacífico Sur y el norte de Africa.

El periódico Christian Science Monitor recientemente se refirió a Al Gore como “el Rachel Carson del calentamiento global” y no existe mayor alabanza que esa en el mundo de los ambientalistas. El recién publicado libro “Valentía para la Tierra” es enteramente dedicado a elogiar la obra de Carson, quien es considerada una santa por los verdes. La revista Times la incluyó en su lista de las 100 personas más importantes del siglo.

Con tanta gente hablando maravillas de Rachel Carson, bien vale la pena examinar su legado. Indudablemente que “La primavera silenciosa” cambió al mundo. Allí escribió: “un arma tan cruel como la del club de los cavernícolas, la andanada de productos químicos ha sido lanzada contra el tejido de la vida”. Su libro condenaba el uso de insecticidas como el DDT, acusándolos de ser destructores de ecosistemas y de amenazar la salud de la gente.

Hasta entonces, el DDT se utilizaba en las haciendas de Estados Unidos y desde la Segunda Guerra se había comprobado su efectividad en acabar con enfermedades transmitidas por insectos, pero Carson simplemente ignoró los hechos. Varias de las anécdotas de Carson sobre el DDT y el cáncer resultaron falsas, pero en Estados Unidos se prohibió el uso del DDT en 1972. En 2001, el tratado internacional firmado durante la Convención de Estocolmo, prohibió el DDT y otros once productos químicos utilizados en la agricultura, aunque algunas excepciones se hicieron en el documento final, a las cuales se opusieron dramáticamente Greenpeace y más de 300 otras organizaciones ambientalistas.

El resultado es que actualmente, según la Organización Mundial de la Salud, ocurren entre 300 y 500 millones de casos de malaria y un millón de muertos al año. Alrededor del 80 por ciento de los muertos son niños, la gran mayoría de los cuales se hubieran salvado con fumigaciones de DDT.

A Carson no la podemos culpar directamente por todas esas muertes, ya que en su libro decía: “como consejo práctico, fumigue tan poco como pueda y no hasta el límite de su capacidad”. Pero, lamentablemente, estaba equivocada en cuanto al peligro de utilizar DDT porque nunca se comprobó que provoca cáncer.

Diana Post, directora ejecutiva del Rachel Carson Council, admite que “es una paradoja que hoy se utilizan más pesticidas que cuando fue publicado ‘La primavera silenciosa’”. Sí, la utilización de DDT sería mucho más efectiva y requeriría cantidades muy inferiores.

El DDT sigue siendo la más barata y poderosa herramienta contra la malaria. Cuando se fumiga en el interior de las viviendas no se pueden afectar los ecosistemas, pero sí se salvarían las vidas de millones de personas en los países más pobres del mundo.

___* Subdirectora de la revista Reason.

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