Opinión Nacional

Suicidio de las universidades

Al ministro Luís Acuña y a Cecilia García, rectora inminente de la UCV

Este año habrá elecciones en las universidades autónomas. En medio de la bullaranga semanal del presidente sobre el imperialismo, la oligarquía, el lacayo Uribe, los rotundos éxitos de PDVSA, Barrio Adentro, la autoalimentación, la paz y su silencio sobre la “materia universitaria” y la preocupación única de la oposición, y otros más, por la cosa electoral para alcaldías, gobernaciones, se consume la historia, se rumia el devenir, se despilfarra el tiempo y, otro hecho que debiera ser trascendental para la vida del país, pasa inadvertido, a saber, los mecanismos para la ratificación o elección de decanos, o de su ascenso a autoridades o de éstas, su marcha en el “escalafón”, que comenzó hace largos años su inagotable carrera para alcanzar ser secretario, vice-rectores, rector (a). Una descripción univoca de este “evento” puede formalizarse así: con las excepciones que francamente hay, que seguro hay, esos ilustres universitarios para accesar a esos cargos han tenido que ofertar todo, bueno casi todo, y de ese modo se les puedan aperturar las posibilidades de triunfo, el que le es propio y peldaño para garantizar y continuar su brillante carrera al socio del proceso. El uso de las negritas para esto verbos responde a un respetuoso tratamiento a la autoridad, pues cómo dudar de sus conquistas, parte de las cuales estuvo en sus aportes a la ciencia, al arte, a la lengua, su gramática, su sintaxis, y, en algunos casos los seguimos de cerca, tiempo ha, y de muchos de ellos sus enjundiosos análisis donde suele destacarse que estábanos en serias dificultades presupuestarias, pero que íbanos por buenos caminos gracias a que habemos universitarios, la mayoría por cierto, que pensaban de que la verdad siempre triunfa sobre las tinieblas.

Si ciertamente excelentes son en el manejo de su habla, en el dominio de la lengua y su alta disposición para ser actores de la postmodernidad, sublimes han sido en el dominio del poder y con tal fuerza que, por siempre, están en la plenitud de su ejercicio y en el excelso goce de sus beneficios. Ellos son los responsables y ejecutores de haber convertido la comunidad universitaria en una sociedad de accionistas cómplices. Como comunidad “La Universidad es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del Hombre” (Art. 1º de la LU). Como sociedad de intereses de grupos “societarios”, personalistas, gremiales, partidistas, mercaderes, mafias…, cuyas armas políticas son el democratismo y el pedagogicismo tras el poder.

El democratismo es la manipulación de la democracia como mera formalidad para el arribo, conservación y mantenimiento del poder y en el poder de tales “elementos” de tan monstruoso “conjunto”, y el pedagogicismo es la sustitución de la cualidad y pertinencia de la ciencia, del arte, de su criticidad intrínseca, por un pseudo-discurso pedagógico, por tanto, acrítico, anticientífico e inético, que convierte la “pedagogía” en dueña y señora de “conciencia” universitaria. Resumí esta tragedia (porque inevitablemente lleva a la universidad a su muerte) en esta sentencia: …en la universidad un voto vale más que un teorema y un poema carece de valor” . Si comparásemos la actitud y deseos de Chávez para la perpetuación en el poder, un niño de pecho resulta ante la conducta y conquista de los dueños de la universidad, que para dar un límite, puede pensarse que su feudo se legalizó con la intervención de Caldera con el allanamiento a la UCV y el asalto a la razón y a la ética con la reforma universitaria, 1970, que permitió, primero, la sustitución de la comunidad académica por la sociedad de partidos, de gremios, en identidad, y sumisión al universo político nacional y, segundo, la constitución gradual en el seno de la universidad de grupos de poder por el poder, vacíos de la más elemental información teórica, pero preñados de y por la lujuria, la avaricia, la Realpolitik. El “fundamento” que formalmente los sustenta: la defensa de la autonomía y el presupuesto justo. La reforma curricular, en los mas avanzados, talleres electorales sobre la universidad que queremos y…
Todos estos “elementos”, personalidades, grupos, mercaderes, etc., condenaron por riesgosa, inmoral antibolivariana, – y razón tenían – la reelección de Chávez. Pero, en entre ellos hay decanos reelectos n veces (casi a perpetuidad) y cuando, luego suben, según sus habilidades, capacidad de negocios, a autoridades y de allí… a recorrer ese espacio sacro hasta alcanzar el rectorado. No exagero al recordar que se inician como secretarios docentes, (un invento burocrático más!), director de escuela, decano, secretario, vices… rector… O se ha ido su “academia” la vía gremial… todo lo demás es notorio. Concursos amañados, licitaciones negociadas, ingresos privilegiados, tráficos de influencia… titulaciones doctorales conquistados en universidades privadas, o, y esto si que es maravilloso, dentro de su propia universidad. No se agotan ni son los “mejores” actos virtuosos de estos grupos, personalidades (así se les dice!), pero el mayor, el consubstancial a ese modo de ser y de existir, de medrar, es el silencio absoluto, negación del cumplimento de sus obligaciones, las más importantes de al cuales está claramente establecida en los artículos 2º y 3º de la Ley de Universidades. En esos diez años no se ha producido institucionalmente ni un texto medianamente trascendente para orientar al país y ese silencio es la mejor manera de avalar, justificar las acciones negativas o positivas del gobierno de ese HRCGF a quien amablemente se detesta, dientes afuera!
Esta conducta de complicidad desde el 70 hasta la llegada de HRCHF era natural, dado que constituía parte de la forma y razón de ser de las hegemonías políticas nacionales, del gobierno de turno. Identidad entre la ideología y formas del poder nacional, en todas sus manifestaciones. La Universidad, afirmaron sus ideólogos es un vivo reflejo del país. El más vil de todos los discursos justificadores de la perversión interna y externa. Pero, ah!, ahora se quieren distinguir y reducen la necesaria contradicción entre la fuerza y la razón, entre el poder y la autonomía, que son los opuestos correlativos y perennes, eternos, entre el estado y la universidad. El más democrático de los estados requiere para su existencia de la violencia y la acriticidad, son su alma, lo cual no niega las conquistas sociales e históricas que lo limitan, como son estado de derecho, democrático, etc., Mientras la vida de la universidad está en la constante búsqueda de la verdad, la creación, y ella requiere el ejercicio crítico de la libertad, la orientación ética de su existencia.

No tengo tiempo para ahondar en esta larga historia entre las relaciones del poder y la libertad, del estado y la universidad. Pero, sí es inevitable que se piense en este hecho. Se creía que este gobierno tendría la capacidad, cuando muy menos, de buscar las formas de limitar la perversidad que se ha aposentado y adueñado de las universidades, especialmente las autónomas. Pero, lejos, por el contrario, ha dado pan y sal, plata y aguardiente, a estas instituciones para que se terminen de emborrachar en su concupiscencia. Hay razones para ello. Este gobierno al permitir la ilegalidad, la ilegitimidad, la perversión de la universidad, tiene en sus manos la más poderosa de las armas para silenciar (chantajear incluso) a estas “instituciones”. Veamos casos concretos. La Ley de Universidades, mediante su reglamentación, potestad exclusiva dale Poder Ejecutivo, pudo, cuando menos, devolver la moral a la universidad. Limitar las garras del poder. Impedir, por ejemplo, la reelección y la “promoción” inmediata de decanos, autoridades universitarias…etc. Pudo limitar el poder de negocios de las autoridades, mediante la institucionalización del concurso de oposición para las direcciones de libre nombramiento del rector, (Cultura, deportes…)…pudo elevar la condición académica que se requiere para el desempeño de cargos, como decano, autoridades centrales, para ilustrar: dominio de una lengua extranjera, obra editada de reconocido valor nacional, cuando menos. Pudo haber resuelto definitivamente lo de las titulaciones de doctor, tanto por la exigencia de su reconocimiento o acreditación de la universidad que lo concede y las del propio doctorado, cuanto la determinación de la especialidad. ¿Títulos en qué? ¿Cuál la especialidad? Pudo establecer la obligatoriedad de líneas de investigación y la reestructuración departamental de la academia… y mas. Pero, de haberlo hecho, le habría sido imposible que un tío cualquiera fuese rector, vice, secretario, etc., en las universidades experimentales. Digo de otro modo, de haberlo hecho tendría rectores y no comisarios en las universidades experimentales y tecnológicos. Santos Luzardo y no Mujiquitas, para, piadosamente, decirlo con Gallegos.

Me queda una duda. Teniendo como efectivamente conoce, sabe, el Ejecutivo de esta verdad de las universidades, cuales son sus fines al imponer el ingreso “libre” de estudiantes a las universidades y no atacar los problemas de fondo? Como explicar la conducta del Ejecutivo cuando para legalizar las titulaciones doctorales privadas, no hay el mínimo control cualitativo y su validez legal depende de la firma de ministro del ramo, artículo 182 de la LU? Qué persigue esta complicidad?. No hay respuestas fáciles. De momento, ambos sectores se convierten en una cofradía de cómplices. La universidad no cumple sus funciones, su misión, no orienta, y el gobierno hace cuanto le sale de su real saber y entender, sin una observación cuidadosamente sustentada. Baste ver el macabro silencio como exuberante complicidad con el currículo bolivariano, un instrumento político que se mueve entre el fundamentalismo y los anacronismos pedagógicos y una grotesca teoría de “valores” que ignoran la axiología, la historia…y reitero, viola la Constitución, tanto en sus fundamentos cuanto en la particular disposición sobre la educación.

No más preguntas. Solo que a quienes aspiran ganar estas elecciones, sin una sola palabra científica con orientación ética, sin una idea sobre el hecho artístico y la pertinencia de la universidad, sin programa alguno, al menos para satisfacer la demagogia, este esfuerzo si lo hicieren, sería un alcance importante en sus vidas, y en cuanto a mi, les informo que en la guía telefónica está mi teléfono, que me llamen, tal vez podemos negociar y puedan ellos según lo que me oferten, aperturar mi alma para accesar al poder. Y cuando la universidad concluya en su suicido podamos reiterar que ibanos juntos tras la autonomía y el presupuesto justo, pero que en ese viaje nos devoramos hasta la sombra de la Universidad.

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