Opinión Nacional

Táchira, tierra de…

..VALIENTES. Porque sólo valientes soportan por años el acoso de la guerrilla, con amigos de poder en el Gobierno. Muchos gritamos, cada vez más fuerte, a ver si el Ejecutivo nacional y la Fuerza Armada volteaban la mirada hacia la frontera. Valientes, para no estallar en furia, cuando los grupos paramilitares se fueron apoderando del Táchira, sembrando muerte y dolor. La guerrilla conquistaba a nuestros jóvenes y a las mujeres con el discurso trasnochado de una patria mejor. Los paramilitares los engolosinaron con dádivas. Al fin, el resultado es el mismo: jóvenes que se quedan al margen de la sociedad. Semana tras semana denunciamos, desde las páginas de Quinto Día la presencia de irregulares en territorio patrio. El cobro de la vacuna, incluso a perros calenteros. La proliferación de armas, de motos y de adolescentes extorsionadores. Ni una voz se alzó para tomar cartas en el asunto. Ni siquiera cuando señalamos el lugar exacto donde se había instalado una escuela de sicarios. Táchira se convirtió en tierra de nadie. Muchos tachirenses clamaban porque la FANB actuara ante los irregulares, pero tras cada declaración y acción se impuso el atacar a los paramilitares, pero con el cuidado de no tocar a la guerrilla. Al final, no tocaron a ninguno.

VIELMA. Una hermosa frase dice: no importa dónde se nace, sino dónde se lucha, pero Vielma Mora quiso, desde que Chávez lo sacó del Seniat, ser gobernador, porque no le dieron ningún otro cargo. Nació en Táchira, pero no fue criado allí, ni alcanzó a aprender la cultura tachirense, ni a entender qué nos caracteriza. Luego de la cuestionada administración de César Pérez Vivas, tras el escándalo de la nómina paralela, el Táchira apostó por un rostro nuevo en la Gobernación. Y en realidad era nuevo, porque Vielma vivía entre Caracas y los Estados Unidos; en Táchira sólo tenía –además de unas propiedades al norte- la fama que le dio el Seniat con el monstruoso aparato publicitario que lo vendió como “el mejor gerente del país”. Su corazón y su cultura no son tachirenses, por eso no puede entender a los tachirenses, que son un pueblo políticamente atípico. Hasta Táchira llegó Vielma de la mano de una joven y bella mujer, y sus pequeños hijos. Karla tampoco es tachirense, ni tiene raíces en el estado; llama a los periodistas cuando va a revisar el ornamento navideño de una sede gubernamental.

AUXILIO. Los tachirenses fueron cada día soportando las monstruosas colas para adquirir cemento, cabilla, gas doméstico, combustible incluso con chip. Y ni qué decir de los alimentos básicos: leche, azúcar, harina. Todo, todo cuesta hasta cinco veces más que en el resto del país. Indepabis es una entelequia La gente soportó con estoicismo, buscó como alternativa, antes que protestar, generalizar el contrabando. Así fueron pasando diariamente gasolina en sus vehículos, luego le sumaron alimentos, cemento y cuanta cosa podían revender en territorio colombiano. Una inmoralidad e ilegalidad generalizada. ¿Por qué no se actuó ante ello? Porque poderosos intereses, incluso de uniformados desde Caracas, vieron un negocio en el contrabando, pero a gran escala. Eso explica el paso, casi en caravana, de camiones y gandolas hacia Colombia. El gobernador se instaló varias veces, con muchos periodistas y fotógrafos, en la alcabala Peracal; allí declaró que desplegaba una batalla contra el contrabando. Así detuvieron a varios minicontrabandistas. El resto pasaba en la noche o por las trochas. Fue Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, quien se presentó al Táchira y decidió actuar ante uno de los más poderosos contrabandistas del estado. No lo alcanzaron a capturar pero le quitaron gran parte de la mercancía que tenía en galpones.

VACUNA. Hasta los perrocalenteros pagan la extorsión. La guerrilla y los paramilitares se la cobran a todo el que produce algo en la frontera. La guerrilla llegó al Táchira hace décadas, huyendo del ejército colombiano. Estaban casi de bajo perfil. Lo peor que hacían era el secuestro de ganaderos y empresarios. Con los años se sintieron en su territorio. Ya no sólo extorsionan sino que iniciaron una campaña de ideologización en las escuelas y aldeas más pegadas a la franja fronteriza; reparten revistas como Antorcha Elena, visitan las escuelas y presionan o conquistan a los maestros de la zona. Al igual que los paramilitares azotan a las familias tachirenses. Han logrado seducir o comprar a niños y jóvenes que usan para el cobro de la vacuna y para el sicariato.

PROTESTAS. ¿Ustedes creen que no hay razones en el Táchira para protestar? Los jóvenes lo hicieron hace meses, con alguna timidez, por la inseguridad. Hace unas semanas otra vez salieron, quemaron cauchos cerca de la universidad, lanzaron consignas, algunas con groserías, etc. De repente Vielma y su esposa llamaron a la prensa para decirle que habían atacado la residencia de gobernadores (RGT), que les iban a secuestrar a sus hijos, que era un ataque violento, etc. Si, un grupo minúsculo de muchachos, que jamás entró a la residencia, le tiró piedras y destrozaron unos vidrios y atacaron la garita donde está la policía. Un hecho censurable por lo atroz. Hay que aclarar que la familia Vielma no vive en la RGT, sino en una quinta, de una urbanización cerrada, en la parte alta de San Cristóbal. Las fotos muestran a la primera dama del estado, rodeada de un fuerte cordón de seguridad policial en el jardín de la RGT. Ni una prueba del secuestro. Los presidentes de la República y de la Asamblea, se hicieron eco. Unos estudiantes fueron detenidos. Les hicieron la audiencia en el Comando de la Guardia Nacional y los enviaron a la cárcel de Coro. El Táchira estalló en protestas. Fueron creciendo en cada pueblo. Se le unió la rabia por las colas, por la inseguridad, por la falta de medicamentos, por el desastre de las carreteras. Y esa bola de nieve fue creciendo, mientras se decía que quienes protestaban eran terroristas, alimentados por los paramilitares. La verdad es que a los paracos no les interesan las protestas, más allá que sacar dividendo económico, son unos delincuentes sin ideología; ni la FANB, ni la Policía, ni el gobierno han sido enemigos para los paracos. Se ha ejercido una descarada presión sobre los medios de comunicación del estado, especialmente sobre la TRT; algunos periodistas han sido abiertamente amenazados.

MILITARES. Fotos y videos de los objetos que le tiraron a la RGT son mostrados como prueba del terrorismo. Hay un gran silencio ante la represión de la Guardia Nacional contra los manifestantes. En un video que recorrió el mundo se ve a unos guardias cuando agarran a un hombre, que protestaba cerca de la Asociación de Ganaderos del Táchira. Uno de los militares lo golpea ferozmente con el arma en la espalda. Otro le da golpes. Y para rematar, como para que no quede duda, uno de los guardias patea al hombre que está caído. ¿Un acto de cobardía? Sí, pero más que eso, un acto de desprecio. Las protestas no han cesado. San Cristóbal es un lugar en guerra. Mucha quema de basura, obstáculos en la vía. Cero diálogo. Cero interés en oír a los estudiantes, a quienes protestan. Se cree que sometiéndolos por la fuerza cesarán las protestas. Al Táchira llegó artillería pesada: el general Miguel Rodríguez Torres, ministro de la Defensa; el jefe del Comando Estratégico Operacional, general Padrino López; el poderoso general Benavides. También tropa. Destituyeron al jefe de la Redi de Los Andes. Y al cierre de esta columna se esperaban por el plan que ejecutarán. Habrá acciones contra los alcaldes de San Cristóbal, Ureña y San Antonio. Gran parte del estado se quedó sin internet, fallaron los pin y twitter se cayó por un rato. Hay una anarquía que es necesario controlar, pero ojalá no sea bajo el criterio de que quienes protestan son paramilitares o terroristas.

BENEDETTI. El poeta uruguayo de gran sensibilidad, un día escribió: “Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorranos el final/ sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales/…/ sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfos/ y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos./ Sabemos que el odio viene lleno de imposturas/ pero que las va a perder antes del diluvio o después del carnaval./ Sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos/ pero también que los saciados responderán por los hambrientos”.

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