Opinión Nacional

Te vestiste de amarillo… ¿cómo pa’ qué?

La muerte cambia a los vivos.

Lo sabemos quienes hemos vivido la muerte de un familiar cercano y entrañable. Lo saben aún más quienes han sobrevivido el paso cercano de la pelona. Es tanto el impacto en la perspectiva de quien la sobrevive, que la muerte es usada como recurso para el aprendizaje trascendental. Naciones indígenas usaban el riesgo de la vida como requisito de hombría para abandonar la niñez. En la capacitación de alto liderazgo es frecuente el uso del riesgo simulado de muerte como herramienta para la toma de decisiones. Después de decidir arriesgar la vida cualquier otra decisión es de las ligas menores.

Sin embargo, la víspera electoral alborota la suspicacia. Ya en el pasado el discurso del amor en época electoral derivó en persecuciones y exilios. La enfermedad del Presidente ha mellado su vida pero no su ambición. Luego de dos graves operaciones, un cáncer declarado y una fortísima terapia química en proceso, el mandatario ratifica su aspiración a gobernar por lo menos 20 años este país que Gómez gobernó durante 30.

Esa aspiración reeleccionista supone la búsqueda de una mejor estrategia para ganar en 2012.

En las dos últimas elecciones la estrategia de la polarización de buenos contra malos no le permitió contener el avance del sector opositor que no ha dejado de acercar posiciones desde 2006 hasta los corrientes. El Gobierno sabe que si se repite la abstención de sus partidarios tiene la carrera cuesta arriba. Necesita acercarse a los sectores medios de la población. Este grupo de ciudadanos quiere progreso, quiere paz, está cansado de tanta pelea, quiere seguridad, odia el sectarismo y la arrogancia, quiere su pequeña o mediana propiedad. Y le tiene pánico a todo lo que representa Cuba y el marxismo.

El color rojo comunista, las expropiaciones a mansalva y la amenaza con muerte al que no quiera la patria socialista son referentes repudiados por esa clase que se pretende. Su abandono puede ser estratégico o táctico. La experiencia cercana a la muerte puede haberle hecho entender que a la brava no, que si quiere socialismo tiene que convencer y no excluir: tiene que ser en libertad, con pluralismo y derecho a la propiedad. Ese cambio estratégico no significa dejar de ser antiimperialista, ni abandonar a los más humildes a su suerte. Solo supone entender que los que no están con su proyecto no son vendepatria o traidores.

Si el amarillo no es electoral, debería ser el preludio de una Ley de Amnistía, de la eliminación de la cadenas con fines propagandísticos, de mesas de diálogo temáticas sobre los grandes problemas nacionales, del adecentamiento de ciertos programas de VTV…

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