Opinión Nacional

Temas de Literatura en Literarias Siglo XXI

TEMAS DE LITERATURA

LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE -la debilidad de nuestra nación se inicia en las aulas- El poder de la palabra El desarrollo, o la decadencia de los pueblos se refleja en la riqueza o en la pobreza de su lenguaje, porque el lenguaje implica una visión del mundo. Somos de acuerdo a como pensamos, y el pensamiento no existe sin lenguaje. Todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico. Nosotros cortamos en pedazos el mundo, lo organizamos, lo conceptualizamos. Por ejemplo, cuando se habla de esencia y substancia, del ser y el ente, estas palabras están impregnadas de una visión que propusieron los griegos. Cuando nombramos los vocablos alma y cuerpo, nos enmarcamos en una concepción judeo-cristiana, estamos dejando sentado que existe una clara delimitación entre dos componentes del ser humano, uno visible, tangible, transitorio, el otro intangible e inmortal. Otra manera de entender la naturaleza humana, diría que no existe esta división entre alma y cuerpo, simplemente son estados distintos de la misma energía, reunida en mayor o menor densidad. Sólo mencionar estas palabras representa la adopción de un sistema de pensamiento religioso, filosófico, científico y social. Si decimos que la manzana es roja, estamos presuponiendo que el ojo puede determinar los colores, alguna sociedad podría decir que esto es una osadía, y que deberíamos limitarnos a decir que la manzana está ligeramente enrojecida. Un gobernante o líder que posea un lenguaje limitado por una ideología determinada y desprecie las otras visiones del mundo, es un verdadero peligro para su pueblo, porque pretenderá encasillar a la sociedad en su visión, despreciando al resto de los ciudadanos que no piensan como él. Hablar sobre la importancia del lenguaje es como constatar que el sol sale todos los días, pero con frecuencia es necesario insistir sobre lo evidente. Hablar, leer, escribir, es algo tan común que se pierde la percepción del carácter extraordinario del lenguaje. ¿No es sorprendente que las guerras, las revoluciones y las grandes transformaciones de las sociedades se inicien con palabras? El poeta alemán Hölderlin escribió: “al hombre se le ha dado el más peligroso de todos los bienes, el lenguaje, para que atestigüe lo que es”. Y yo agregaría: lo que es y también lo que no es, porque el lenguaje está al servicio del albedrío del ser humano, para manifestar lo mejor de nosotros mismos y también para generar confusión y sufrimiento. Un discurso tiene una enorme fuerza expresiva cuando está dicho con belleza. Recordemos el discurso de Churchill pronunciado ante la Cámara de los Comunes en 1940: “… Nosotros seguiremos hasta el final. Lucharemos en los mares y en los océanos con creciente confianza y creciente fuerza. Defenderemos nuestra isla cualquiera que sea el precio. Lucharemos en las playas de desembarco. Lucharemos en los campos de aterrizaje. Lucharemos en las praderas y en las calles. Lucharemos en las colinas. Nosotros jamás nos rendiremos”. Estas palabras conmovieron al pueblo inglés y al mundo entero. Churchill, en las horas más oscuras, cuando Inglaterra estaba sola y parecía que todo se había perdido, llevó la lengua inglesa al campo de batalla. La fuerza de este discurso no sólo está en lo que dijo, sino en la manera como lo dijo. Ha llegado el tiempo de que en Venezuela los maestros y los estudiantes aprendan teoría de la argumentación. La nueva lingüística reivindica la Retórica, que es el arte de la argumentación y la belleza en el decir, con eficacia y con ética. Retórica no es adornar las frases con floripondios y vocablos extraños, no es un simple artificio literario, y mucho menos pretender engañar a los otros mediante la persuasión. La retórica es una disciplina indispensable para transformar a la sociedad. Así como un cuchillo se utiliza para partir el pan y mondar una naranja, también puede ser empleada para herir. Es por eso que saber retórica debe ir indisolublemente unido a la ética. Es un daño irreparable privar a los maestros de su arma principal: la teoría de la argumentación, el arte de la expresión persuasiva. En Venezuela hace décadas que no se enseña Retórica a los maestros, y mucho menos a los alumnos. ¿Cómo vamos a inflamar los corazones de los muchachos de valores éticos, de ideales, cómo vamos a convencerlos de tener fe en ellos mismos y orgullo de hacer las cosas bien, si los maestros no conocen el arte de convencer porque carecen de los recursos de la Retórica? La debilidad de nuestra nación se inicia en las aulas de clase.

* * * La seducción del ritmo El lenguaje cobra su mayor fuerza expresiva cuando está sustentado en el ritmo. El universo está inmerso en el ritmo. El ritmo rige el crecimiento de todo cuanto existe, de los hombres y de los imperios, de las cosechas y de las instituciones. El ritmo nos atrae porque desde el vientre materno vivimos en los latidos del corazón de nuestra madre. Al nacer nos mecen y nos cantan tonadas que repiten sus estribillos una y otra vez: “Aserrín, aserrán, los maderos de san Juan…los de rique, alfeñique, los de roque, alfondoque, riqui, rique, riqui ran”… El ritmo produce el placer de la espera, el placer de la realización y del recuerdo. El poeta siente el ritmo de sus pensamientos, de los sucesos, de los sentimientos. Se ha hablado mucho del ritmo interior del poema. Ese ritmo interior tiene que revelarse en intensidades, acentos, entonaciones, pausas, ritmo. Sin pretender asumir una definición, de poema, recuerdo a Octavio Paz cuando dice que el poema es una obra única, irrepetible, insustituible, es una unidad autosuficiente. El poema empieza y termina en sí mismo. No es fácil poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. El libera las palabras de la conversación, y vuelve a reunirlas en su condición de amigas, gracias a las frases: sonido-silencio, sonido-silencio y así. Un poema que es un verdadero poema nos acelera el pulso. Puede hacernos sentir asombro, admiración, ternura, rabia, espanto, alegría, dolor, nostalgia. Pero jamás nos dejará indiferentes. Todo lo que pensamos y sentimos, lo imaginario y lo real, puede ser transformado en poema. Una vez escrito, el poema es propiedad de quien lo haga suyo, no de quien lo escribió. Berkeley escribió que el sabor de la manzana no está en la manzana, sino en el encuentro de la manzana con el paladar, así el ser del poema está en el encuentro entre el poema y el ser humano que lo lee o lo escucha. El poema sólo existe a medias cuando no es leído. Y cuando el poeta dice que a él no le importa si lo leen o no, me permito dudar de su sinceridad, porque no hay nada más gratificante que encontrar a alguien conmovido con un verso escrito por nosotros. El poema es una confesión de fe: el poeta puede o no creer en Dios, puede amar la vida o aborrecerla, creer que el ser humano es bueno, o malo, o ambas cosas, no creer absolutamente en nada. Aun así, el poema es una confesión de fe. El auténtico poema no es fruto de la inspiración. Se aprende a escribir, y es el fruto de una larga paciencia y de un intenso trabajo. Dice García Lorca: “Si es que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy gracias a la técnica y al esfuerzo, y a saber de una manera absoluta, lo que es un poema.” Cuando tenía once años le dije a mi abuelo que quería ser poeta. Mi abuelo amaba el lenguaje, era maestro de Gramática y Literatura y fundó la Asociación de Esperanto en Venezuela. El me preguntó si yo sabía qué era un poema. Le dije que no. Me respondió: “Niña, descubra qué es la poesía y qué es un poema. Si usted no sabe bien qué es una casa y cómo se construye, usted podrá construir una casa, pero se caerá pronto. Ningún escritor cuya escritura trascienda en el tiempo, tendrá el descaro de decir que él no aprendió las técnicas para escribir. Puede ser que su aprendizaje no sea académico, pero también se aprende a escribir leyendo buenos libros. Hace unos días me encontré con dos jóvenes de trece años, ellos leyeron unos poemas de unos libros que tenían sus padres. Cuál fue mi sorpresa cuando uno de ellos me dijo: yo quiero aprender a escribir poesía y quiero que mi mamá me compre libros de poemas. Estaban conmovidos. La poesía crea nuevas realidades, siempre fascinante y misteriosa, en una revelación que atrapa las cosas de la cotidianidad y las convierte en un prodigio. Las nuevas tendencias rompen con la conseja de que la poesía es para una élite, únicamente por otros poetas y por los críticos. Hay que volver a decir nuestros poemas como los antiguos juglares, por eso ha sido tan provechosa la iniciativa del Círculo de Escritores de Venezuela, de celebrar el Mes de Poesía para Caracas con la puesta en escena de poemarios como Luna de Tarot, de Lidia Salas, poemas de Luz Machado, Luis Beltrán Mago, Eduardo Casanova, Luis Alberto Machado, Pablo Neruda y otros. Termino este escrito con una Anotación de Rafael Cadenas: «Un pueblo sin conciencia de la lengua termina repitiendo los slogans de los embaucadores, es decir, muere como pueblo».

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