Opinión Nacional

¡Tenemos un buen gobierno!

Cuando supe que un par de amigos míos celebraban que ¡Tenemos un buen gobierno!, me pregunté con filoso pragmatismo qué obras materializadas eficazmente considerarían para respaldar su argumento, y que, sin duda, yo no habría estimado.

También me cuestioné si estaba equivocada en mis impresiones sobre el sistema socialista, rememorando el anuncio hecho por el presidente sobre la nueva vertiente a seguir, el socialismo del siglo XXI, ya que, hasta el momento, del sistema socialista conozco más de fracasos que de aciertos.

Como la derrota es huérfana y mi concepción liberal sobre economía se supone fracasada, releí unos textos de Peter Thomas Bauer, economista liberal inglés nacido en Hungría en 1915, pionero en la economía del desarrollo, que pasó prácticamente toda su vida luchando contra la corriente del centralismo desarrollista, mantenida por los socialistas cual panacea contra la pobreza.

Lord Bauer trató de mostrar a los expertos en desarrollo de mediados del siglo XX, que las teorías y políticas soportadas por el sistema socialista eran inconsistentes con la realidad económica de aquellos tiempos: La planificación y el control central perpetuarían la pobreza en lugar de eliminarla. Adicionalmente, el proteccionismo y el colectivismo agrario dispararían las hambrunas de los países más pobres.

El fracaso de la concentración estatista para el desarrollo, o lo que es lo mismo, el socialismo de estado, se confirmó con el colapso del régimen soviético. Igualmente, la actual transición de China hacia el libre mercado, dieron la razón a tantos años de lucha en solitario.

En ambos casos, las obras de infraestructura realizadas estaban muy lejos de cubrir las necesidades de la población, más bien, forman parte de los famosos ‘elefantes blancos’ de los países que han sufrido la dominación que gobiernos totalitarios exponen como muestra de la ‘prosperidad’ de esas naciones.

Entonces, ¿cómo puede alguien admitir la aplicación de un sistema que fracasó, hundiendo a millones de seres en el atraso y la pobreza?

El gobierno del Presidente Chávez no solo no ha acabado con la pobreza, sino que la aumentó.

No ha sacado a los niños de la calle sino que los lanza a vivir en ella.

No impulsa la iniciativa privada, más bien la ahoga con parapetos fiscales y la califica de oligarquía.

No da libertades comerciales, interviene sus actividades.

No propicia la estabilidad de la moneda para el comercio y la inversión, aplica un torniquete para controlar los capitales.

No instruye a los campesinos sobre los medios para la adquisición de tierras, expropia enormes extensiones productivas y las convierte en conucos, cuando no las regala caprichosamente a cambio de su adhesión al proceso.

Y en relación a las obras efectuadas, no estamos al corriente de que la residencia oficial La Casona sea una universidad, ni la Base Aérea Francisco de Miranda un gran parque para los niños. Ni siquiera tenemos un ‘elefante blanco’ bebé.

Como en el siglo pasado, hay países donde el gobierno es el problema y no la solución. Porque la politización de la economía dispara la corrupción, el desarrollo se detiene y la pobreza crece.

Así, treinta años previos a la desmembración de la Unión Soviética, y a cuarenta de la apertura de China al capitalismo, Lord Bauer sostuvo que “el éxito de una política puede ser apropiadamente examinado comparando su resultado con los objetivos anunciados.”

Bajo esa premisa ¿Tenemos un buen gobierno?

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