Opinión Nacional

Teodoro del XX Congreso del PCUS al Socialismo del siglo XXI

La humanidad recuerda la realización de los congresos del Partido Comunista de la URSS. En principio la gran tarea consistía en conocer el informe de su jerarquía, analizar la realidad, proponer planes para su transformación, desarrollo, según su muy especialísima óptica, el marxismo-leninismo, y éste organizado sobre el llamado materialismo histórico y fundamentado en el materialismo dialéctico. Esta particular retórica, convertida en la ideología del partido, orientaba al resto de partidos comunistas del planeta, trazaba las líneas de acción política y económica, etc… pero, y sobre todo, conformó una dogmática, para la cual la verdad del partido, quiero decir de su jerarquía, de modo especial del jefe del partido, su secretario general, era la verdad y su obediencia era obra de fe. Para simplificar tomemos la idea de uno de los grandes pensadores del Siglo XX, Georgy Lukács, quien sintetizó la cualidad de esa manera de dirigir, conceptualizar, obrar el partido comunista, como una religión atea. En efecto, para hacer mas familiar el asunto, el modus operandi del PCUS, de sus seguidores de fe y por la fe, militantes, (soldados) tenían en la organización, en la su estructura de poder del partido, una cierta identidad con la Iglesia Católica. Los Congresos émulos de los Concilios, el peso del secretario general emuló de la infalibilidad del Papa y no es nada descabellado buscar las “identidades” entre cardenales, obispos, sacerdotes, según el orden jerárquico de esa organización, con las de los partidos comunistas. Pero, como bien señaló el maestro Lukács, era una religión atea, cuya debilidad y agotamiento estaba allí: carecía de Dios y, tal vez lo veamos, y es la cualidad de dios la que permite a la iglesia (cualquiera) mantenerse a niveles de religare, de juntar, de reunir, de unir, a sus fieles, pese a los muy graves yerros y aun crímenes cometidos por la iglesia tanto en nombre de Dios como a nombre propio, vale decir de sus jerarcas.

La analogía, la identidad puede decirse sin muchos errores, no acaba allí; lejos por el contrario se incrementa. Los congresos formaban un verdadero tribunal de inquisición, solo que en lugar de herejes, se llamaban revisionistas y la pena a la cual se condenaba a este tipo de ser, era igualmente la execración, la ”excomunión”, la desacreditación, las acusaciones sin mínimo de escrúpulos. Y el estigma pudo llegar hasta el extremo. La muerte física, la muerte espiritual, la condena al silencio, pero también Siberia. Y no acababa allí la cuestión. Era una condena a muerte pero permaneciendo vivo. Condena a andar muerto. Un revisionista podía ser objeto de cualquier maldad, el asesinato incluido, si ello garantizaba impoluta la “doctrina” y resguardaba, preservaba, la cualidad de supremo líder. Un revisionista no tenía derecho al trabajo ni al exilio. Y un revisionista era cualquiera que osase hacer algunas observaciones a lo que ellos llamaron la doctrina marxista leninista y, de manera todavía más riesgosa, a quien osase observar, aun con timidez, los errores del partido, de su política o las deficiencias y errores graves o menores el los altos dirigentes, de manera especial de su secretario general, Supremo Líder. Pues bien, en el XX Congreso de la URSS, Teodoro Petkoff fue declarado hereje, quiero decir, revisionista, vale decir, traidor, vendido al imperialismo, vende patria o –ahora para simplificar – cualquiera de los adjetivos que usó el general en su rueda de prensa con el propósito de destruir a Pettkoff, cuya abundancia y perversidad de calificativos, tal como en aquellos casos, se orienta a medir con sus gracias la sumisión, la obediencia, la fe, la reverencia al líder. He aquí, señor, su cabeza dadme las indulgencias tanto más, cuanto mayor sea la significación de la cabeza puesta a los pies de su señor. Del amo!
En modo alguno defiendo a Teodoro, lo hace él mejor que yo. Su historia como gran pensador, tuvo en “Checoslovaquia el Socialismo como Problema”, uno de los más transcendentales aportes a la cultura política del pasado siglo y allí, en la Vieja y Nueva Europa, que empezó a renacer con ese tipo de aportes, está el revisionista. Y el revisionismo es la única vía del proceso abierto del conocer, de crear, del arte, de la cultura, en una palabra. Lo defenderán algunos amigos que, cuando menos, sonreirán asqueados de que este tipo de expresión “general” sea la norma entre quienes son responsables de la “transparencia” del proceso, de la defensa sin mengua ni requiebros del “socialismo, patria o muerte” la más grotesca aberración contra la vida libre de alienaciones, la mas aberrante y cruel negación de la historia, del devenir humano, del derecho a la existencia abierta a nuevas generaciones, del humanismo, pero es, la obediencia sumisa a su comandante, y luego, si algo deja, el respeto a la constitución. Pienso en García Márquez o en el difunto pero en su inmensidad vivo, JL Borges. Y vaya que tenían razón los latinos: “asinus asinum fricat”. Pero, mi punto es otro.

Este modo de ejercicio del poder constituye un acto de terrorismo de estado, (ver en esta WEB Analitica mi trabajo sobre el tema) cuyo único propósito es generar el miedo a la libertad, cuyo único misión es la destrucción por la abulia o ataraxia de lo humano posible, es crear un estado de terror que estas prácticas del terrorismo de estado provocan en la existencia cotidiana. Es la macabra intención de aniquilar los valores éticos, críticos que le dan legitimidad a la libertad y a la existencia del ser humano. El general en consideración, presumo, sabe eso. Presumo que habrá estudiado el manejo de la mentira como eficaz forma de control social, de envenenamiento y odio con el que Goebbels manejó la política comunicacional del Hitler, presumo que, más cerca a nosotros, habrá estudiado las infernales visiones de Pinochet y Videla, éste llegó a decir que las llamadas matemáticas modernas eran comunistas y por su inferencia enferma había que salir de los profesores de matemática. Aquel persiguió como nadie a los creadores de arte, de ciencia, de crítica. Y, juntos, persiguieron, encarcelaron, asesinaron en nombre de su orden a quien defectos vieren a sus acciones y conductas y sus secuaces lo repetían con mayor ensañamiento para reafirmarse ante el supremo líder. Y habrá sabido de Stalin y de Beria.

Un gran maestro, comunista por cierto y para mas detalles judío, crítico del sionismo, el gran historiador Eric Hobsbawm ha dicho con autoridad cuanto todos sabemos, no se construye el porvenir, no se alanza el futuro si no se estudia y se aprenden las lecciones del pasado. Pues bien, ese feo pasado está en las persecuciones del imperio romano a los cristianos, está en la inquisición católica contra sus “herejes”, está en el fundamentalismo que nutre a algunos regímenes islámicos, estuvo en las dictaduras brutales que pisotearon al ser humano y esfuerzos hicieron para enterrar la libertad en sus centenares, miles de crímenes, tal como se vio con Hitler, Stalin, Kim Im Sung, está en el Ku klux Klan y el macartismo … ¿Qué aprender de esta historia?.La primera lección surge de este hecho: cuando se carece de teoría bien fundamentada científica, histórica y éticamente es imposible desarrollar una relación dialógica, critica con la sociedad, con los intelectuales, con quien interroga. Es imposible un proyecto liberador. Es imposible reconocerse en sus propios límites porque se desconocen al Otro. La segunda lección, que por ese vacío, se sustituye la razón por el poder y al líder consciente por el sátrapa, el dictador mitificado como salvador. De derecha o izquierda, en su diversidad da lo mismo. A Pinochet en Chile, lo concibió la derecha como el salvador. El libertador contra el comunismo. Aun da tristeza y duele, pero lo es Fidel convertido en héroe mítico frente al imperialismo. Tercera. Los manipuladores del poder y desde el poder, sin escrúpulos ni siquiera el sonrojamiento, destruyen la concepción de la lucha de clases, cuya presencia histórica se dibuja desde el mundo griego, pero que en Marx y en Lenin tienen los protagonistas trabajadores que asumir una consciencia critica para orientar sus acciones, pues bien, esa concepción es sustituida por el odio, y éste como forma de alimentar el poder. Cuarta, los detentores de este modelo, pueden recurrir al juego democrático, pero éste se termina cuando sus resultados le empiezan a ser negativos. La diversidad se sustituye por la homogeneidad. El partico único por encima de la pluralidad, y se va aun más lejos, el propio dogma se sustituye o se encarna en el supremo líder y, entonces, aparece el culto a la personalidad, y ésta da al supremo líder las cualidades normales de los dioses: infalibilidad, omnisapiencia, el supremo poder. Las relaciones del militante con su dios, se convierten en relaciones de idolatría y sus acciones pasan a ser las propias de los cruzados o de inquisidores. La ley se sustituye por la fuerza y el juego democrático por la dictadura. Ojalá no lleguemos a vivir el poema de Nazoa, cuya esencia sintetizo: estos son unos versos que a paso de tortuga /yo conjugo, tú conjugas, el conjuga/… si uno dice lo que lleva en el seso / yo voy preso, tu vas preso y él va preso.

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