Opinión Nacional

Teodoro

La historia abunda en David venciendo Goliat. En diciembre los venezolanos sumaremos a la cuenta un sonado caso nacional.

¿Es éste el momento de intentarlo? Desde luego. Nuestro Goliat está inyectándole al país paranoias e ideologías, comprando conciencias y enrollándose internacionalmente a un ritmo y con recursos tales, que si no lo detenemos ahora nos tocará ineluctablemente una tiranía de decenios modelo cubano, mucha pobreza y severo aislamiento internacional. Que quede bien claro: el nuestro es un Goliat con los pies de barro: sus escuálidas fuentes doctrinarias (Nuñez Tenorio y el suche norcoreano, Ceresole, Dieterich), sus freudianos resentimientos fuentes de infinitas broncas, los colaboradores de insuficiente IQ y lamentable (por momentos revulsiva) estatura moral con los que se ha rodeado, lo hacen cada día más auto-destruible. Él sería apenas un Bucaram caribeño, bananero y gritón, de no haberle asistido una triple suerte: a) llegar a disponer de fabulosos ingresos petroleros que despilfarra en limosnas y malos negocios pero que lo volvieron creíble ante pobres locales y (entre risitas y pañuelos en la nariz) vendedores foráneos, b) una célula golpista que, al hacer abortar la triunfante insurrección popular de 2002, literalmente lo salvó de perder la presidencia, y c) haberle tocado el más fundamentalista, peligroso y atacable presidente que haya ensombrecido la historia norteamericana. Pero los dioses enloquecen a quienes deciden perder, y nuestro Goliat ya luce portador de esa némesis, tal su propuesta de quemar los pozos en caso de invasión, trágica y perfectamente inútil medida que sólo enriquecería a los especialistas tejanos que los apagan en semanas.

El Goliat criollo compensa su real pequeñez y vulnerabilidad con formidables ventajas comparativas, todas abusivas y autocráticas, a la hora de buscarse la reelección: incontrolado uso pro domo sua de las millardarias riquezas de la nación, conversión del Estado en su personal “agit-prop”, control comisarial de las fuerzas armadas, inauguraciones a granel de obras ajenas, guardia pretoriana cubana, control directo o indirecto de casi todos los medios de comunicación, apoyos internacionales mercenarios, espionaje. Ganarle las elecciones a un Goliat así luce tarea bíblica, y ese solo hecho debe llenarnos de admiración y gratitud hacia los David que se lanzarán a enfrentarlo con mil veces menos dinero y poder.

El resultado de las pasadas elecciones administrativas, y de otras en otros países, han dejado frutos. Con histórica decisión, Borges Petkoff y Rosales han convenido que un solo David enfrentará al Goliat. Ahora, nos toca a los votantes responder la pregunta por cuál de ellos.

Ninguna primaria despejará en Venezuela semejante alternativa. Las elecciones primarias son preselecciones intra-partido reservadas a grandes electores, a inscritos en el partido con tarjeta y, excepcionalmente, a simpatizantes. Requieren de un ambiente político sereno y de mucho “fair play”. Las “primarias” inter-partidistas que evoca “Súmate” representan una extensión abusiva del concepto, un verdadero ensayo general de elección presidencial que sólo favorecería al Goliat o crearía el caos teleguiando el abstencionismo. No tenemos tradición de grandes electores, no quedan partidos con inscritos formales, el ambiente es de altísima tensión, y lo menos que pudiera pasar es que Goliat mande su 19% de incondicionales a votar en las primaria del “enemigo” desfigurándolas totalmente. Para la selección de candidatos, mentores favor abstenerse.

Al variopinto espectro de la oposición le ha llegado la hora de enfrentar la realidad sin muletas, emociones, magias, mentores y deseos, con la pura razón. Siendo los objetivos inmediatos de salud nacional sacar a Goliat de Miraflores, acabar con el infausto militarismo y devolverle a Venezuela concordia y democracia (en un país estragado por el populismo, con una relación de aproximadamente 60/40 a favor del gobierno) la lógica indica que el candidato más apto para el rol de David es aquel que – por su histórica sensibilidad social – tenga mejor imagen y capacidad de persuasión ante el chavismo blando y harto de broncas presidenciales, cosa de restarle al gobierno aquellos diez o doce puntos que sí garantizarían el triunfo de la oposición.

Ese candidato ideal óptimo – con nuestros renovados respetos a los demás – no es otro que Teodoro Petkoff. Hombre de izquierda que rompió con el izquierdismo tenebroso hace casi cuarenta años (su “Checoeslovaquia” es de 1.969), civilista, intelectual, con experiencia gubernamental, economista (otra formidable ventaja) de los que aceptan plenamente la economía de mercado buscando inyectarle una fuerte dimensión social, Teodoro es de lejos la mejor opción para ese regreso incruento y urgente del paroxismo a la normalidad. Un triunvirato con Borges y Rosales le imprimiría un efecto turbo, enviando al país una invencible señal de madurez.

Que la derecha y los ni-ni atentos a las sirenas del abstencionismo (y tal vez hasta del golpismo) lo piensen dos veces, olvidando los e-mail, muchos de origen gubernamental, que buscan asustarlos con el cuento del “comunismo” de Teodoro. El Banco Mundial señalaba el 23 de abril pasado que hemos pasado a ser la cola del mundo en crecimiento: hasta el Africa Subsahariana creció del 3,4% los últimos diez años contra un 2,1% en Latinoamérica. Nuestra pobreza, vergonzosa y en aumento, se nos está convirtiendo en perfecto caldo de cultivo para la chavización del entero sub-continente; los revulsivos tipo “orden y progreso” o sustituir a un coronel por otro, siempre empeoran las cosas. La tarea histórica que nos incumbe es detener de manera “soft”, con democracia y modernidad, esa carrera al abismo, arrancándole la bandera a los demagogos militaristas y populistas que convierten en rancho todo lo que tocan sin consolidar riquezas.

Terminaremos obteniendo las condiciones mínimas que nos permitan votar, y será deber sagrado ir a las urnas. Es probable que lo nuestro termine como en los E.U., Alemania o Italia, con una victoria por un puñado de votos. En diciembre, el crimen de lesa patria será abstenerse.

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