Opinión Nacional

Tequila, caviar y las dos izquierdas

Recientemente, en una entrevista con el comediante Jimmy Kimmel, el cineasta Michael Moore relató su encuentro con el Presidente Chávez en un hotel italiano, donde coincidieron durante su estadía en el marco del Festival de Cine de Venecia. El estadounidense narró con pelos y detalles su versión de la reunión, desatando la indignación en los predios del oficialismo Venezolano.

Según el robusto documentalista, el ruido proveniente de la habitación superior a la que ocupaba no lo dejaba conciliar el sueño, por lo que llamó a recepción, quienes le informaron que el escándalo provenía de la habitación del primer mandatario Venezolano. Ni corto ni perezoso, Moore se acercó al aposento del Presidente, y fue recibido con los brazos abiertos por un Nicolás Maduro a quien confundió con un guardaespaldas. Supuestamente, siempre de acuerdo al testimonio de Mr. Moore, la bulliciosa celebración continuó a todo tren, y tras una botella y media de tequila, el estadista de Sabaneta le solicitó al Yankee consejos para su próximo discurso en las Naciones Unidas. En lo suma, esa gira mediática fue un esperpento propagandístico, totalmente innecesario, donde no se consiguió nada más que caricaturizar a nuestro Presidente como un muchacho malcriado carente de atención, que busca estar siempre bajo los reflectores, o en este caso, siendo el foco de los paparazzi italianos compartiendo escena con los George Clooney o Matt Damon de turno, viviendo el verdadero sueño burgués de lujos, fama y aplausos.

No es nuevo este fenómeno, donde esa izquierda radical se convierte poco a poco en una izquierda caviar, alejándose de sus más básicos preceptos y sucumbiendo a los lujos burgueses que otrora despreciaban, perdiendo todo contacto con el pueblo y las necesidades a las que dicen representar. Esta izquierda borbónica e hipócrita, representada por los Castro, Chávez y Gaddafi del mundo, le ha dado la espalda a los problemas reales de sus naciones y ha nadado en un mar de opulencia mientras sus pueblos son consumidos por la miseria. Resulta particularmente asqueante ver a un asesino de masas como Gaddafi pasearse con su misógina Guardia Amazónica, compuesta por 200 bellas mujeres vírgenes entrenadas en artes marciales y fuertemente armadas, un espectáculo dantesco. De igual manera, ya es costumbre entre los periodistas reconocer las delegaciones de ciertos países por sus exageradas comitivas, donde viaja hasta el gato, en evidente demostración del nuevorriquismo derrochador y rastacueros sobre el cual advirtió hace tanto tiempo Betancourt.

Pero yo soy optimista, y se bien que existe otra izquierda, capaz de entrar en contacto con los problemas reales de las masas, y proponer soluciones concretas y eficaces. Una izquierda moderna y progresista, capaz de evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos que corren y brindar respuestas a las interrogantes que sacuden las fundaciones de nuestra sociedad. Los logros del socialismo nórdico, el socialismo Chileno, o del mismo gobierno de Lula da Silva en Brasil, constituyen prueba fehaciente de que es posible construir un mundo mejor desde la equidad y la justicia social. Aunque el camino es arduo, y no tan simple como el engaño populista, vale la pena recorrerlo, ya que la recompensa será mayor.

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