Opinión Nacional

Tiempo de política

¡QUE NO SE HA DICHO sobre el poder! Que conjuntamente con la sexualidad y la ambición de poseer es el más elemental sentido de la existencia. Que la humanidad se ha construido y podido avanzar básicamente a través del ejercicio de esos resortes primarios que han servido para impulsar conquistas en el plano material y espiritual, para así perpetuar la vida y dar espacio a la biología y sus instintos, logrando de esa forma mantener la especie a pesar de su debilidad frente a las circunstancias propias y ajenas.

La bondad o la razón vendrían mucho después. Son formas cultivadas del pensamiento hechas acción, provistas de un alto contenido no ético sino pragmático, formas de la conciencia, matemática o calculadora, que emergieron en estado de cierta abundancia, y hacen factible percibir al otro no ya como enemigo sino como competidor. Los grados y expresiones de la agresividad adquirieron orden; no todos los humanos ni todo lo demás que nos rodea es símbolo de peligro extremo. Aparece el matiz. La noción de lejano y de próximo. Hasta los grupos, la familia, comienzan su aún inacabado y tortuoso camino hacia lo estable frente a lo efímero. La tensión entre lo permanente y lo fugaz.

EL CAOS de los impulsos agresivos por conservar la vida va adquiriendo un cierto sentido. El castigo, la culpa, los tabúes, el dominio y la sumisión, el perdón, fueron cimentando su presencia en el ser colectivo, en el que ya matar y comerse vivo o muerto al oponente no eran parte del menú diario sino formas rechazadas y castigadas. Entendidas así por la tribu que comienza a jugar papel ordenador, ritual y religioso. Surgió un tiempo en el que se podía hasta pensar, compartir de frente, mirarse a los ojos y hablar en palabra inconclusa que ya dejaba de ser rugido imitativo de bestialidad. Ser. Distinto. Yo. En el espejo del agua.

APRENDIMOS A CULTIVAR, cazar, cocinar, tejer, ordeñar, y se hizo el fuego. El miedo se convirtió en certeza. Los dolores y temores comienzan a cobrar explicación humana y aparecen los dioses y los ritos, como esponjas, para explicar el caos y propiciar la fe, los símbolos, para dar magnitud y longitud a las cosas que nos rodean. El hombre se expresa y dibuja en cuevas sus miedos y apetitos; cazar al mamut, perseguir los venados, identificarse con las sombras de su propia mano. Talla las piedras, las convierte en instrumentos de trabajo. Reconoce la compañía, si está solo o no; que una tarea difícil se puede ejecutar más fácilmente entre varios a pesar de repartir el producto. Dividir se convierte en sinónimo de compartir. La necesidad y la intemperie hacen buscar, a pie o a lomo de caballo, mejores rumbos. Los astros cambian y el lenguaje inicia su larga travesía inaudible. Todo deja de ser insólito y de verdad, por fin, caminamos erguidos. La humanidad se equivoca y se vuelve a equivocar. Insiste. Se sonríe.

HACE TANTO DE ESTO que lo hemos olvidado y al mirar al mundo a través de las rendijas que abren las páginas del periódico podemos ver cuán poco hemos aprendido. Seguimos caminando sobre la hojilla del terror. En estas circunstancias, la Política, el mayor de los inventos humanos, es la única vocación que tenemos a mano para construir lo posible. De allí su necesidad insustituible. Su honor.

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