Opinión Nacional

Tirofijo al Panteón

Con dos intentos de golpe de Estado como debut en el escenario nacional (en 1992), así como su posterior ensañamiento contra la institucionalidad y el Estado de Derecho, y su arbitrariedad en el uso de los recursos de la Nación, puede afirmarse con toda solvencia que Chávez es enemigo de la democracia. Y como todo autócrata divide su tiempo entre los atropellos a la legalidad y el afán de conferir una apariencia democrática a sus desmanes. Con los reflejos del populista, corrompido e inepto, se acuerda del pueblo cuando lo invoca para convertirlo en coartada para uno de sus abusos.

Según esta maquinación, la plaza en homenaje a Tirofijo, inaugurada esta semana en la urbanización 23 de enero, es una iniciativa espontánea de la sociedad, expresada a través de algunas organizaciones, entre las que se cuenta el Partido Comunista de Venezuela (que, al parecer, no tiene entre sus filas ningún militante que merezca honores y debe ir al hervidero delincuencial de la jungla colombiana a espigar una figura digna de reverencia). Ninguna de las notas publicadas por los medios oficialistas acerca del monumento al terrorista colombiano menciona la fuente de financiamiento de la plaza, la estatua, el libro y el “seminario internacional sobre el Derecho de los Pueblos a la Resistencia Armada”. Pero a nadie le queda duda de que los fondos salieron del tesoro Nacional: fueron arrebatados a las necesidades del pueblo venezolano para costear el homenaje a alias Manuel Marulanda.

Al contrario de lo que algunos voceros de este proyecto han previsto, no toda la disidencia venezolana se opone a que los recursos económicos y simbólicos de nuestro país se inviertan en un monolito para Pedro Antonio Marín (1930-2008), comandante y fundador de la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), banda considerada terrorista en 31 países. Muy por el contrario. La prueba es que mi humilde consideración apunta a que los restos de Tirofijo sean trasladados al Panteón. Por qué limitarse a un obelisco en el 23 de enero, donde deberá competir con las efigies de Ernesto Guevara y Danilo Anderson. No. Para estar a la altura de la valoración histórica de este gobierno, Tirofijo debe codearse en la muerte con el Libertador y con Teresa de la Parra. Eso es lo que merece este campesino semi-analfabeta, virtuoso del “corte corbata” (un tajo transversal en la garganta, por donde se extrae la lengua de la víctima para dejarla colgando), dispensador de collares explosivos y minas antipersonales, secuestrador, asesino, reclutador de menores y líder caracterizado por procurar la solución a los problemas de su país mediante el uso de las armas, los carros bomba, las desapariciones, la tortura y el desplazamiento forzado. Métodos que han dejado miles de muertos, heridos, vidas destrozadas por años de retención forzosa y pérdidas materiales sin cuento. Todo es poco para el fracasado que en medio siglo de crímenes –nunca negados- fue incapaz de tomar el poder.

Si los colectivos que tuvieron la idea de poner a Tirofijo en el mapa de los honores de Venezuela acatan mi proposición, les sugiero que la lápida del guerrillero que terminó movilizando un imperio millonario basado en tres frentes de negocios: secuestro, cobro de vacuna y narcotráfico, lleve inscritos los nombres de los venezolanos asesinados, secuestrados y extorsionados por las FARC; que se emplace una guardia de honor compuesta por soldados de nuestras fuerzas armadas en memoria de los muchos soldados de nuestra patria caídos o mutilados por mano de las FARC. Más aún, que procedan a cambiar la denominación de aquellos planteles que lleven los nombres de nuestros próceres y poetas para ponerles los del violador Daniel Ortega, Fidel Castro, Evo Morales, los Kirchner, Raúl Reyes, Timoleón Timochenko, Danny Glover, Piedad Córdoba, en fin, todos esos vivitos que se han apresurado a quedarse con el dinero correspondiente a la devastada infraestructura educativa de Venezuela.

Hagan fiesta con los recursos y con el dolor y la dignidad de Venezuela. En su patética imitación de los modales y rituales de la democracia está la prueba de que ésta siempre saldrá triunfante. Hago votos porque el monumento a Tirofijo dure mucho: cada minuto será un recordatorio de la iniquidad de este gobierno y sus cómplices. De la gravedad de la afrenta.

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