Opinión Nacional

Todos estamos consternados

Nos levantamos el martes con una terrible noticia: el matrimonio de Thomas Henry Berry y Mónica Spear (Miss Venezuela 2004), acompañados de su pequeña hija de cinco años, quienes hacían turismo y transitaban por la Autopista Regional del Centro, fueron atacados por hasta ahora delincuentes no identificados y fallecieron como consecuencia de disparos de armas de fuego.

En un país democrático, todos los ciudadanos son iguales ante la ley. En Venezuela, que está perdiendo las características de país, todos somos iguales ante la delincuencia.

Esta, la delincuencia, es protegida y propiciada desde altos niveles políticos. El partido de gobierno y los dirigentes del régimen que nos destruye, consideran adecuado que el delito, extorsión, secuestro y asesinato son mecanismos adecuados para aterrorizar a la ciudadanía y provocar su pasividad.

Las estadísticas de la morgue de Bello Monte son terribles. Desde hace ya bastantes meses se tienen indicadores que alcanzan la cota de dieciocho fallecidos que ingresan al lúgubre lugar, cada día. Víctimas de acciones violentas, generalmente ocasionadas por delincuentes. Por otro lado tenemos que las mismas estadísticas terribles, ahora encontradas en los anales de la mal llamada «justicia», dicen que en Venezuela quedan impunes y generalmente sin juicio, algo así como el 95% de los delitos que se cometen.

Qué casualidad, no existe justicia y abundan los asesinatos. Qué mal deben sentirse, si es que tienen sentimientos, quienes con toga, birrete y pelucas empolvadas, dicen otorgar justicia y se han postrado ante los dictados que desde el palacio de misia Jacinta se transmiten tras las instrucciones que vienen desde La Habana.

El matrimonio Berry-Spear, que residían en Estados Unidos, vinieron a Venezuela nutridos por la nostalgia de ella. Imaginamos que a visitar a sus familiares y animados por el disfrute de Venezuela; así, por los avatares de la ausencia de la seguridad, perdieron la vida y dejaron una huérfana, de muy pocos años.

Nos preguntamos: ¿No existe negligencia culposa continuada por parte de los responsables del mantenimiento y custodia de la autopista? ¿No es responsable el régimen que nos destruye del desaguisado que termina en un asesinato plural y una huérfana menor? ¿Podemos culpar a Fuenteovejuna? ¿Podemos seguir diciendo que Venezuela es un país democrático?

Aspiramos a que Venezuela recupere sus atributos de buen país. ¿Será posible por este camino?

España, durante la década de los treinta del siglo pasado, transitó por vías parecidas y recordamos que José María Gironella escribió cuatro novelas históricas entre 1953 y 1986: «Los cipreses creen en Dios», «Un millón de muertos», «Ha estallado la paz» y «Los hombres lloran solos».

Dios quiera que no tratemos de repetir aquellos caminos.

@rafael862

 

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