Opinión Nacional

Toma tu tomate y dame mi tomate

Ahora que el país está conmocionado con la copiosa cantidad de basura que ha brotado de lo que en su momento prometió ser el mayor central azucarero de América Latina, el brillante central que construiríamos con asesoría de la moribunda industria azucarera cubana, de la cual sólo sobrevive un pequeño porcentaje que ha sido entregado a la gerencia extranjera. Ahora que seguimos observando al líder de nuestra revolución prometiendo nuevos proyectos, sin inmutarse, domingo a domingo: gasoductos, interconexiones eléctricas y generadores eólicos, sabanas de yuca y algodón, fabricas de válvulas y de aluminio naval y tantas y tantas maravillas. Ahora que seguimos esperando salir de la pobreza consiguiendo un empleo estable y productivo en vez de dádivas transitorias e insostenibles, vale la pena repasar algunas de las promesas que nos han hecho y que todavía no han reventado en un caso de corrupción o de fracaso económico. Con el perfecto derecho que nos asiste, especialmente en una democracia participativa y protagónica, de indagar que ha resultado de las promesas recibidas.

Como es imposible repasarlas todas en tan corto espacio, me voy a concentrar en esta nota en un par de promesas asociadas al maíz y al tomate. Respecto al maíz se nos ofreció construir varias plantas de harina precocida que competirían con ventaja con el sector privado y llevarían prosperidad a varias regiones. Uno de esos centros de progreso iba a ser el pueblo de La Paragua, en el municipio Raúl Leoni del estado Bolívar. Tres años después La Paragua sigue esperando su planta procesadora y los productores tienen dificultades para colocar su maíz. Mientras tanto, sufre los embates del abuso de autoridad criminal que mantiene al pueblo encendido reclamando el respeto a la vida y los derechos humanos.

El tomate también ha resultado un caso de comiquita. Primero fue una planta de Barinas, que se “rescató” y se le entregó para su reparación y operación a la caja de ahorros de la Guardia Nacional. No quedaba otra cosa que llenarse de orgullo, como venezolano, de que nuestro ejército, forjador de libertades, además de salvaguardar la integridad nacional con valentía, ante el acoso imperialista, fuera capaz de gerenciar industrias agroalimentarias. ¡Que brillantes soldados! Pero ahora nos cuentan que la planta está improductiva. ¿Cuál es el verdadero estado de la planta? ¿Se logró ponerla a producir y si es así cuales son los resultados? Son preguntas que los venezolanos tenemos derecho a hacer y que merecen respuestas.

Un caso similar sucedió en el estado Monagas, cuando en septiembre de 2005 fue “rescatada” por improductiva la planta de la empresa Heinz. Las declaraciones informaban que se disponía de los recursos para su modernización y puesta en marcha, a la vez que el orondo gobernador prometía que para la cosecha del verano de este año ya estaría procesando pasta de tomate. En estos días en que estamos en medio de la cosecha cabe preguntar: ¿Cómo anda la planta señor gobernador? ¿Cuándo va a estar listo para convocar otro Alo Presidente en su estado para inaugurar la planta?

A mi juicio en esta última pregunta radica el meollo del problema. Uno sabe que la planta no ha operado porque no se ha anunciado en ningún Alo Presidente. Y esto nos lleva a afirmar que nuestro drama es que vivimos en una revolución dominguera que se nutre de los anuncios del cada show semanal y sólo trabaja para alimentar al próximo. Esta vorágine se traga toda institución y toda planificación a mediano y largo plazo. La revolución necesita renovar sus promesas una y otra vez, todas las semanas, y una vez que las hace las olvida para trabajar en la próxima promesa. Sin duda, no hay mejor camino para dirigirse a la frustración y a la miseria.

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