Opinión Nacional

Tours políticos

El periódico El Mercurio de Santiago de Chile publicó recientemente un reportaje en el cual informa sobre las operaciones de empresas que se dedican a realizar “tours políticos”. Según dice, están destinados a darle al turista “una idea del Chile político reciente”. Uno de ellos los lleva al Palacio Presidencial de la Moneda; al centro de torturas Villa Grimaldi; y al Estadio Nacional, el cual fue utilizado como campo de concentración y fusilamiento durante la dictadura militar del General Pinochet. Allí se les explica las experiencias que han debido vivir los chilenos durante las últimas décadas. El país del sur fue tradicionalmente una de las democracias más estables de América Latina. Pero a partir de la década de los sesenta del siglo pasado las divisiones y enfrentamientos de su sociedad lo llevaron a transitar desde un reformismo demócrata cristiano, a la “vía chilena al socialismo” del Presidente Allende, para padecer durante diecisiete años, después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, una de las dictaduras más crueles y mejor organizadas que recuerden los anales de este continente. Posteriormente ha vivido una transición exitosa, pero difícil, hacia la reconciliación y la democracia. Esto es lo que se explica a los turistas, atrapa su interés y genera el negocio.

Un viejo amigo que leyó el reportaje me propuso que intentáramos algo similar en Venezuela. Y me explicó las ventajas:

– No hay riesgo, dijo. Hoy todo el mundo está interesado en saber que pasa en Venezuela. En que consiste lo que alguna vez se llamó la revolución bonita, bolivariana antes, socialista del siglo XXI después. En la sicología de su caudillo. Hasta se les puede explicar porqué se cambió la dirección hacia donde voltea el caballo en el escudo nacional.

-Aquí eso no funciona, contesté. Hay demasiados odios. Si lo explicas de una forma te va agredir una las facciones. Y si lo explicas de otra, te agreden los contrarios.

-Pero si ya se hace, replicó. El gobierno trae a los intelectuales europeos y a los disidentes americanos y les muestra los consultorios pilotos de “Barrio Adentro”, el núcleo endógeno “Fabricio Ojeda” y alguna finca recién comprada que aún no se ha dañado. Y hasta hay tours VIP para gente como Noemí Campbell u Oliver Stone. Pero eso es estatal. De lo que se trata es de incorporar al sector privado en el negocio.

– Ahí está el detalle, insisto. Mientras sean recorridos de propaganda pagados por el erario nacional todo funciona bien. Y los turistas hasta aparecen en VTV y Telesur. Pero si intentas ser objetivo, comienzan los problemas y pueden considerar que, como la gente de la cultura, tienes “una conducta pública perniciosa que afecta la estabilidad sicológica y emocional colectiva”.

– Es que los extranjeros que no son traídos con gastos pagos por el oficialismo –prosigue- saben que los tours de propaganda ocultan la verdad. Es ahí donde está la demanda. Y es grande. Quieren conocer la realidad verdadera.

– Pero los poderosos desean ocultarla, y disponen de grupos de choque para hostigar a quien pretenda lo contrario.

– Uno de los tours en Chile lo hacen en bicicleta, y el guía da las explicaciones en el lugar de los acontecimientos, continúa como si no me oyera.

– Ese es precisamente el problema –puntualizo- imagínate a esos ciclistas en manos del Colectivo La Piedrita.

– Se les puede llevar al Museo Militar; a Puente Llaguno; a Fuerte Tiuna; a Ramo Verde; al busto de Marulanda; a la Plaza Altamira; al Helicoide, enumera como si ya hubiera pensado en todos los detalles. Podemos superar a los chilenos, hacernos ricos y demostrar cómo funciona mejor la libre empresa.

– ¡No sirve!, grito para que me oiga. En Chile se trata de cosas del pasado. Aquí de asuntos del presente. Son difíciles de explicar y es peligroso que se entiendan.

-Otra forma, acota sin rendirse, es hacer “tours” a la medida. Se le dice a cada quien aquello que quiera oír. Se organiza uno que salga del Hotel Alba y otro que parta desde el Tamanaco.

– El del Alba ya ha sido estatizado y hay planes para masificarlo.

– Y el del Tamanaco puede cobrarse en dólares. Luego los cambiamos a buen precio.

-Así le das a la Fiscal una buena razón para meterte preso.

-Pero el turismo hay que democratizarlo.

– No el de los escuálidos, oligarcas y extranjeros, que sólo vienen porque están conspirando. A esos hay negarles sal y agua. Y hasta evitar que tengan cerca una estación de metro, según dicen.

-Te niegas a hacer un buen negocio, concluye. Por eso estamos como estamos.

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