Opinión Nacional

Tres alegres compadres populares y justicieros

Al estruendoso ritmo de la salsa más brava, del vallenato más estridente, del galerón más arrecho que esta Bolivariana Patria haya jamás escuchado, tres justicieros de holgados linajes y reconocidos abolengos, han decidido, con mucha alegría y con sonrisas de buena complicidad, cambiar las finas copas de afrutado blanco en los lounges del Centro San Ignacio por las fritangas en las taguaras del Parque del Oeste, el zapato de italiana confección por la alpargata montaraz, la camioneta 4 x 4 con guadaespalda y chofer por la buseta atestada de gente popular enrumbada por estas calles por un desaliñado y sudoroso colector, y el fresco aire acondicionado de oficinas de negro y suave cuero con vista al Ávila por el calor implacable que anuncia un intransigente cambio climático rojo – rojito.

Por ahí, en esas interminables barriadas de la capital primero y en las del todo el país después, los veremos predicando, sonrientes, buenomozos, propiamente atildados para su nueva política popular: repartiendo sus belicosas estampitas, ofrendando sus encendidas plegarias, otorgando la bendición justiciera y el perdón terrenal, cada uno de los compadres a su manera.

Una, vestida toda de blanca, como fue su tradición, será conocida como la Hermana Teresa de Altamira, no por galleguiano hato alguno, sino por su labor misionera entre los desterrados de esa urbanización sita al pie de nuestro Ávila ancestral.

El otro, cual franciscano contemporáneo y tropical se cortará el lacio pelo para mostrar una impecable tonsura chacaeña, de inconfundible y perfecta redondez, para recorrer en sandalias, de arriba abajo, de abajo arriba, solo y sin escolta municipal, los precisos y preciosos límites de su embellecida diócesis, mientras no lo exilie, ingrato y oportunista, el motor rugiente del Poder Comunal.

El último, docto y togado con su banda jurídica en el pecho, andará, engominado, escolástico, sabio, digno representante de Justiniano en estas tierras rojas y orientales, de Ugus Constantinus, aclarando edictos ahora leyes, leyes ahora constituciones, constituciones ahora personales deseos de continuar disfrutando del Aerobús, de los piropos aduladores y de la parada cívico – militar.

Como venidos de los tiempos más recónditos de la Cristiandad, en saya de humilde prelado, en pudibundo hábito monjeril y revestido con su raída toga de jurista popular, los 3 alegres compadres recorrerán en mototaxi el país, la bicicleta es símbolo del Exarca de Baruta, ese oligarca gentil, del que nada tienen saber, los 3 humildes y populares compadres que ya son historia patria en materia de hermandad y solidaridad.

A su entrada en las barriadas de por aquí y de por allá, les lloverán multicoloridas flores, los brindarán con fresca y dulce tizana y una que otra piedra, sin ninguna mala intención que en el Gobierno de Todos no la hay, le recordará a los 3 alegres compadres que no todo es maquillaje para la sonriente entrevista en el muy visto canal de televisión, el que porta el número, el mismo 33, el del año cuando murió, intentando lo mismo, un tal Cristo, nuestro Redentor.

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