Opinión Nacional

Tres caminos para un parlamento

Crear la base jurídica que le permitiera implantar el socialismo amparado en los textos legales existentes fue la misión fundamental de la Asamblea Nacional (AN), en especial durante la segunda mitad del quinquenio 2005-2010.

Con una reforma constitucional derrotada en referendo ­necesaria para modificar una Carta Magna que consagraba el pluralismo político­ la labor parlamentaria para cumplir los deseos presidenciales fue más ardua y llevó a aprobaciones aceleradas de leyes como la del Distrito Capital y la reforma a la Ley de la Descentralización.

Ante un inminente cambio de Parlamento, los diputados peseuvistas (actual mayoría en la AN) tienen tres meses para terminar de afianzar esa base jurídica.

La velocidad con la que aprueben esos otros proyectos de ley pendientes ­como la Ley de las Comunas o la Ley de la propiedad Social­ dependerá de la nueva correlación de fuerzas derivada de los resultados electorales de ayer.

Pero la aceleración de las nuevas leyes «socialistas» no será lo único que dependerá de la nueva correlación de fuerzas en el Parlamento. Otros aspectos de la vida política del país, como la carrera hacia las presidenciales e, incluso, el nuevo discurso político tanto chavista como opositor dependerá de si el no chavismo (opositor o pepetista) rompe o no los 2/3 de diputados oficialistas e, incluso, de si la oposición logra obtener la tan ansiada mayoría simple durante los venideros cinco años.

ESCENARIO 1: 2/3 PARA EL CHAVISMO El primer mensaje que dará el gobierno si logra obtener nuevamente 2/3 del Parlamento es que el llamado «socialismo del siglo XXI» quedará legitimado, esta vez no por la abstención opositora (como ocurrió en 2005), sino por la votación popular. Aparte de nuevos textos legales, la legitimación será evidente en el mismo funcionamiento interno de la Cámara. El politólogo Edgard Gutiérrez, por ejemplo, apuesta a una directiva parlamentaria que represente el ala más dura del chavismo. «El presidente de la AN probablemente sea un tipo duro, como Diosdado Cabello, en caso de que llegara a ganar», comenta.

 

Pero no sólo en lo puramente legislativo se verá el cambio. La radicalización del gobierno gracias a una legitimación popular también se vería en un mayor intento por terminar de controlar los poderes públicos e «intimidar a lo que quede como resquicio de no chavismo en las instituciones: rectores opositores en el CNE o magistrados no tan fieles al proceso en el TSJ, por ejemplo», estima Gutiérrez.

 

Una victoria de esta naturaleza podría ocasionar, incluso, que el gobierno intente modificar las bases de la República a través de una idea que en varias oportunidades se ha manejado y rechazado: una Asamblea Constituyente.

 

Con ella, podría resolver algunos problemas respecto al acoplamiento entre su ideario socialista y la naturaleza jurídica del país, como, incluso, agregarle el término «socialista» tanto al nombre de Venezuela como a la Carta Magna.

 

Aunque una Constituyente es posible en cualquiera de los tres escenarios, resulta más complicado convocarla si el gobierno no obtiene la mayoría calificada, por un lado por la eventual desmovilización del electorado chavista (al que es más difícil convencer si la victoria no es contundente), y por el otro porque es el propio Parlamento el que establece las bases comiciales para este procedimiento constitucional.

 

Por otra parte, desde el punto de vista opositor, una derrota parlamentaria que le impida a la Mesa Unitaria obtener, siquiera, 55 diputados (mínimo necesario para romper la mayoría calificada) puede ser o no adecuadamente manejado por los dirigentes opositores. Más allá de la tristeza y sensación de derrota natural ante esta circunstancia, cómo orientará la mesa el discurso postelectoral dependerá de la cantidad de votos obtenidos. «En cualquier caso, la oposición va a decir que avanzó, y seguro mantendrán el argumento de que cualquier cantidad de escaños es mejor que lo que tuvieron entre 2005 y 2010.

 

Además, si obtienen una cantidad de escaños muy baja es posible que lo justifiquen en la naturaleza del nuevo sistema electoral, que no garantiza la proporcionalidad», asevera Gutiérrez, quien recuerda que este tema ya ha estado presente en la opinión pública desde hace varias semanas, y fue una de las principales quejas contra la nueva LOPE.

 

ESCENARIO 2: 50%+1 PARA EL CHAVISMO Muchos más motivos tendrá la escasa mitad de diputados oficialistas si la oposición logra obtener más de 55 diputados para aprovechar el trimestre de plazo adicional que dio indirectamente el CNE al fijar parlamentarias para septiembre y no para diciembre.

 

Aunque sin los 2/3 la oposición no podrá aún derogar el marco jurídico oficialista, sí podrá entorpecer ciertos procedimientos que requieren de mayoría calificada, como la aprobación de leyes orgánicas o la designación de titulares de poderes públicos como los rectores del CNE, que deberán escogerse en 2013, o los integrantes del Poder Ciudadano (Fiscal General, Contralor y Defensor del Pueblo), un año más tarde.

Es para este tipo de decisiones orgánicas en las que los escaños obtenidos por Patria Para Todos (PPT) ­más allá del número que sean­ jugarán un papel importante como una bisagra que pueda, o permitirle al oficialismo obtener la mayoría calificada, o darle más votos a la oposición, lo que suena como su tentativa más factible. «Si el chavismo continúa con el radicalismo y PPT tiende a la supervivencia, terminará inclinándose hacia la oposición. No pueden seguir indefinidos», opina Gutiérrez.

Una variante se puede derivar de este segundo escenario: que el oficialismo no obtenga los 2/3, pero sí los 3/5 del Parlamento (99 diputados), algo que les daría la potestad de otorgarle nuevas leyes Habilitantes al presidente de la República para evadir, así, el inevitable debate interno con la bancada opositora.

La oposición, por su parte, siempre ha considerado como su logro más factible romper los 2/3 del oficialismo, por lo que de hacerlo lo considerarían un crecimiento evidente.

ESCENARIO 3: 50%+1 OPOSICIÓN Es el escenario más optimista para la oposición, descartando la posibilidad de que puedan obtener mayoría absoluta. Se trata, además, del escenario en que el oficialismo se vería obligado irremediablemente a negociar con la propia bancada opositora, y ya no solamente con sus antiguos aliados ya distanciados del PPT, y marcaría, para algunos «el comienzo del fin de la era Chávez» en el oficialismo, mientras que en la oposición despertaría el próximo debate: los «candidateables» para las elecciones presidenciales de 2012, que causarían un revuelo similar al ocurrido luego del triunfo opositor del referendo, cuando, según recuerda Gutiérrez «empezó un carnaval de candidatos desde principios de 2008».

EL TEMA COMÚN: 2012 Sean cuales sean los resultados obtenidos por cada bando en las parlamentarias, hay un tema que estará presente en cualquiera de los tres escenarios: las elecciones presidenciales dentro de dos años.

En el oficialismo el debate no es mayor: el propio Chávez ha admitido que desde ya está en campaña presidencial. En el caso opositor, sin embargo, este camino no empezará a transitarse sino hasta después de que la Mesa Unitaria haya asumido internamente los resultados.

Al respecto, Gutiérrez también destaca que la prontitud con la que empiece a discutirse el tema de la candidatura dependerá de lo bondadoso que sean los resultados electorales. «Si hay una derrota clara para la oposición (es decir, si obtienen menos de 50 diputados), puede que el debate se retrase un poco. Si el voto popular tiende a favorecer a la oposición, el debate se dará casi inmediatamente», pronostica el también consultor político.

Este debate, además, decantará en un segundo: la conformación de un nuevo liderazgo opositor, que pasará por lo que podría ser una reconfiguración de los partidos políticos tradicionales. No en vano, se ha mencionado la creación de bloques de partidos con ideología común, como el socialdemócrata, sugerido por el alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, durante el acto aniversario de AD hace dos semanas.

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