Opinión Nacional

Tres, .. tres, … lindas cubanas …

Algunas veces, copiar cierta dosis de la terquedad del sol, puede romper la inercia de los órdenes eternos; el tímpano de los duros de entendimiento. Ése, que escribió sobre mármol, qué, en periodismo dar buenas noticias, no es buen negocio; o, quién dijo que un cadáver, solo lo es, apariencia, si aún respira. Se supone que al ser positivas, las noticias no animan a nadie. Pero el caso es qué, con la novela, y más aún, con la venezolana, esto no parece ser cierto, pues aunque no guste, hay que decirlo: ¡en la ultima edición del Premio de Novela Rómulo Gallegos!, los escritores venezolanos, presentaron 48 obras a concurso; tantas como las que compitieron por México y, de paso, reconozcamos, que Argentina presentó 19 novelas.

Sin dejar de hacer público, que entre las finalistas algunas de las reconocidas fueron venezolanas. Todo lo cual habla del estado y vigor de este genero literario.

Uno de los finalistas reconocidos por el Jurado fue el escritor mexicano Gonzalo Celorio con la novela: Tres lindas cubanas.

Este relato, podemos decir, nos hace navegar por los últimos cien años de la historia latinoaméricana, aunque el nudo de la historia, arranque en Cuba, vaya a México para volver y desarrollarse en la Habana. Celorio, es un fino artesano cuyo ingenio nos enreda en una trama, entre intimista, e ideológica. Personalista, pues se trata de un gran cuento de su familia o colectivo pues invade las fronteras del marco de lo político y lo literario. Entre esos márgenes logra contar con pausado y elegante tono, la historia de, tres lindas hermanas, Ana María, Virginia y Rosa Blasco Milián. Ellas son los testigos de esa cadena, que va del nacimiento de sus amores, hasta la creación de sus respectivas familias. Todo bien, hasta la aparición de fuerzas que las condenan al desencuentro y consecuente desarraigo de su idílica vida. La obra retrata un siglo de vida de la familia. Grupo condenado a vivir en un clima adonde aún habitan los personajes de Alejo Carpentier, Lezama Lima, Reinaldo Arenas y Dulce María Loynaz. Ellos estarán para promover sus mejores habilidades: convulsionar y animar; bien la gula o los confines de los placeres del paladar; la angustia, o los espíritus libertarios de esos intelectos virtuosos, un tanto amodorrados, de la Isla de Cuba.

El narrador va explicando, de forma ordenada la cadena de sucesos que protege la memoria de sus abuelas y tías. Cada una de las tres tiene su manera particular de hacer recordar los grandes o notables momentos de su existencia. Ellas poseen caudal infinito de visiones, cuentos, nociones y sobre todo, anécdotas de los amores y desvaríos que con rencor o amor, guardan en su memoria. Rastros de su vida que no quiere que el brutal olvido las pulverice. ¿Es un viaje literario, para un rescate¿. Será que intenta evitar que toda su conexión con Cuba o con su familia se desvanezca. ¿Será que la familia es Cuba o que la Isla es su verdadera familia.

Debo reconocer que no me fue fácil entrarle a la obra, algunas personas con las cuales intercambio sobre el tema, nunca encontraron esa ganzúa que los engarzara con el escritor, nunca descifraron la novela. La miraban como de compleja lectura y difícil resolución. En principio me desanimó el trabajo. La dejé de lado varios días y me puse a degustar a El Ejército Iluminado de David Toscana. Magnifica prosa. Sin embargo, al final, pudo más la curiosidad y volví de nuevo a la lectura de las Tres lindas cubanas. Este segundo encuentro, me permitió congraciarme con detalles de la ciudad de la Habana que desconocía, y, entender otras visiones de los modos de sus vidas, desplazamientos, alborotos y sabores de las costumbres de gente de la ciudad. Sobre todo, el rol que en este escenario tienen los escritores. Descubrí el valor que el tiempo posee en la novela. Casi un símbolo. La manera como hace y deshace. Tensa y tuerce. Mueve y frena. Fascina y engaña. Siempre la temporalidad como principal actor. Poco a poco, fui descubriendo el papel del narrador y personaje central: el tiempo; resolver esto, me dio colocación frente a la historia. Por ende tomar la gracia y el encanto del cuento, y, así poder apreciar con más elevación el poderoso y sencillo estilo del narrador. Es una prosa circunspecta, sin graves sobresaltos, bien vigilada. Con certera puntuación y fidelidad. Al final, me capturó y fue imposible dejarla de lado.

El factor estructurante de la novela lo constituyen los viajes del personaje a la Habana. Relato vívido de largos treinta años de la biografía del personaje y narrador. Este deambular le permite encontrarse con otra porción de las hermanas Blasco Milían. Es memorable ese primer topetazo en la Habana con sus tías, Capitulo 2, “El valor de la patata” Pag. 28. Lo reciben Ana María y su lugarteniente Hilda; ambas, todo orden, que hace pensar en la imagen de las tradiciones de sus antepasados que vivían en el Vedado. Ana María, una tía militante, muy al contrario de la forma como piensa sobre la Revolución su otra tía. Ella le hace saber que prefiere esto a otra cosa, por cuanto le ha hecho ver: “el enorme valor de una patata” Pag. 41.

El distanciamiento, no solo geográfico, de la familia, sino el íntimo y sentimental enfrentan a los miembros de su casa. Una parte apoya con abundante e impráctica voluntad las acciones del gobierno revolucionario. La otra le expondrá con la misma convicción su ferviente aversión. Lamenta las divisiones, pero las admite como cosa real.

Se siguen produciendo nuevos viajes del personaje a la Habana, siempre como invitado oficial. Congresos. Foros. Lo cual le confiere ciertas ventajas. Sin embargo, Celorio, así como celebra la importancia y novedad de los encuentros con los intelectuales, no deja de hacer palpable su hostilidad por algunos temas aún no resueltos; notorio el culto sin limites a la figura de Fidel; el control a la libertad de desplazamiento, la vigilancia desmedido a la prensa; limitaciones a la libertad de reunión y otras aduanas que afectan la praxis de la verdadera democracia. Igualmente hace notar el terrible y ruinoso efecto que el bloqueo de USA ha tenido en toda la vida de la gente de la isla. Mero recurso de torsión, y chantaje, gestor de hambre y terror.

Cada viaje a la Habana, a la par, que logra encantarlo con los seductores personajes que montan el escenario de la vida literaria e intelectual de la Isla, descubre formas que lo desencantan con el proceso revolucionario. Es una dinámica contradictoria en que se diluye la magia de los personajes de su familia, que por la mala entraña del tiempo se le van haciendo dramáticamente fantasmales. Se vuelvan caricaturas de si mismos. Y, por el otro lado, Celorio, también se hace permeable a la critica qué parte interesada –bien pagada por cierto- divulga sobre Cuba. El transito va, de la magia juvenil al desencanto como efecto del peso de las políticas que pone en practica la Revolución. Profunda transformación de la familia Milian cómo telón de fondo de su drama.

Tres lindas cubanas es una novela en cual se narra la visión de un personaje que inicialmente, en aguerrida forma defiende la revolución. Para llegar al final del tiempo –otra vez, el tiempo- a no ser, ni un verdadero “gusano”, ni un connotado compañero. Es solo alguien que se debate, que vive en contradicción con su historia (¿familiar, social, cultural, política¿). Que sufre por las posiciones encontradas que el espinoso tema de Cuba, casi siempre, motiva en la gente. Tal como uno de sus personajes al cual se le pregunta sobre los logros y valores de la Revolución y él, responde: “que era cubano de adentro, y en la isla se quedaría durante toda su vida, si, pero acaso mas por gusto o por costumbre que por convicción política”. Pag 185. También cuando el narrador habla: «un día me di cuenta de que cada vez que alguien defendía la revolución de Fidel Castro yo me volvía muy crítico, mientras que cuando alguien la criticaba, yo la amparaba». Considero que uno de los principales logros de la novela es reconocer sin fanatismo pero con firmeza los distintos temas que cubren la vida de la Isla y su revolución. Contradicción que su misma contextura física delata: “Si, Comandante –le dije- mi madre era cubana, así que de los ochenta kilos que yo peso, cuarenta por lo menos son cubanos” Pag. 259.

Esta novela habla de un personaje que se desgasta. Que sufre el desengaño que se ha respirado en otro libros que tocan el miso tema: Alma Guillermo prieto en La Habana en un espejo (Mondadori, 2005) y Belén Gopegui en El lado frío de la almohada (Anagrama, 2004). No hay novedad, son sencillamente posiciones y como tal objetivamente hay que asumirlas. Celorio al igual que los antes citados terminan por comulgar con el verso de Eliseo Diego, en el poema, Olmeca: “ no poseyendo mas / entre cielo y tierra que / mi memoria, que este tiempo;/ decido hacer mi testamento. / Es / este: les dejo / el tiempo, todo el tiempo.” Pag. 311.

Celorio realiza viajes, varios condensados en uno, hacia su pasado familiar y su entrañable y contradictoria relación con Cuba, con su cultura, con su proceso revolucionario; introspección para descubrir que todo, incluido él no es sino una caricatura de sí mismo. Por etapas. Por personajes. Por situaciones: todo, no es si no un simple ajuste de cuentas. ¿Con su familia o con Cuba, o con la Revolución Cubana¿. Quien sabe…
A pesar de un arranque peleado con el autor, terminé por leer la novela, y me agrado de forma total, que me permito recomendarla.

Conclusión:
La novela, es saga familiar, crónica de viajes, testimonio político… Tres Lindas Cubanas es todo ello y acaso algo más, un grito contra el tiempo o un cuento con desengaño.

Referencias:
Celorio, Gonzalo (2006) Tres Lindas Cubanas. México, D.F.: Tusquets editores S.A.

Diego, Eliseo ( 1920-1994) Premio Nacional de Literatura en 1986. Poema Tomado de Selección, En un abrir y cerrar del siglo : Cuba, maestros y novísimos de la poesía / Selección y prólogo Carlos Marti Brenes Buenos Aires : Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 1997

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