Opinión Nacional

Tucusito, Tucusito

Ya no soy profesor aunque en verdad hube de serlo a mucha honra. Y lo fui de tan variados géneros que ahora, años luz y jubilado, espántame el arrojo. No sé que pensaran de mi, alumnos, colegas u otros contertulios con quienes tropiezo cordialmente. ¿Pero por qué venir a importunar con ese beriberi del reconocimiento? Ahora entiendo a Cernuda, “¿Quién le dio al fango un alma?”

 Por lo demás, no pertenezco a linaje alguno ni a generación victoriosa o desollada ni comparto epopeyas. No malgasto martillo en excavar paredes para exhibir taxidermias en el escurridizo asidero de mi conciencia. Cada día soy menos hincha de sombras y ello no me derrota. Lo asumo cual suerte  de un tiempo ontológico tan repulsivo como apasionante, y créase que este razonamiento no me bautiza de torero.

Dije ser y explico ahora que nunca cofrade de  banderías; aprendiz de lunas tal vez, y por eso, cómo garrapatearlo, me rebuzna el estilo de puñalada trapera de la política venezolana ejecutada como si de venganza o botín se tratara. Inhalada en una pesadilla disfrazada de ideología, la sociedad, la galaxia, Dios en suma de tantas restas, tienen con los que la practican deuda de destino moroso. Así la revolución bolivariana, otros ejemplos faltan, justifica su “odisea del resentido” atracando no importa que quincalla con la aprobación del soberano cómplice.

Y en verdad que a poeta también quise merecer y a veces sucumbo en la adicción, mas cuando oteo la comarca yerma de mis sinónimos ejerciendo el gobierno de rapsodas militarizados o al revés que desprecian nuestra existencia, entonces me dan ganas de vomitar y por no darles contentillo me distraigo en otras menudencias a fin de digerir a las putas palabras tan venidas a menos en dignidad y maraca.

Especialista nones. Académico ídem. Recogedor de goteras quizás, mas me da tanto guayabo arrebatar a la vida esa imagen que evoca la gota que cae  y provoca el tintín que arrulla a la familia, que la dejo gozar. Intenté tantas cosas y no pude que finalmente asumí el ahogo de estar despierto y dejar para otros  la arrogancia de ser. Elegí, en lugar de iluminado o invidente, lo evidente. Y estoy confeso y dedicado a ello. Mirón de lo indudable, que es en definitiva consagración a lo que no concluye pero se antoja yéndose. Así me he dado unos gustos que ni les cuento como trazar mensajes en el polvo y tener fe en que van a ser atendidos por algún transeúnte que dejará una respuesta igual de presuntuosa cual un S.O.S. graffitado en lenguaje de nubes que existen desdiciéndose.

 Más en fin la nobleza, doncella de muslos aherrojados, obliga a dar las gracias a los visitantes de esta plaza y desearles, de una vez, que en el 2010 le metamos el alma a un propósito de país distinto al que imponen los que mandan, que han tirado por la borda de la corrupción, el desmadre y el ejercicio abusivo del poder, la vida que nos debemos todos que sospecho y deseo afortunada y decente. Así pues, desde ya, sin más ni menos, Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo.

 

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